Según explicó en ese momento el director Nacional de Rehabilitación, Luis Mendoza, dos privados de libertad salieron de una celda a través de una ventana con un barrote flojo y fueron hasta la otra celda a pedir un teléfono.
En ese lugar se encontraban ocho reclusos que negaron tener un teléfono. En represalia los que llegaron arrojaron una bombita de luz con líquido inflamable. Posteriormente rociaron líquido inflamable con una botella y al final, con un palo y una punta de lanza en el extremo, tiraron un pedazo de colchón prendido fuego.
La celda tomó fuego, por lo que los reclusos intentaron escapar. Para ello, relató Mendoza, lograron romper la pared y hacer un boquete hacia la celda contigua. Así lograron salir seis de los reclusos, cuatro de ellos con quemaduras graves.
Dos reclusos habían quedado adentro de la celda y fueron hallados uno en el baño y otro al lado de una cama. En la enfermería se constató que habían fallecido.