La táctica de los estafadores consistía en dirigirse a personas con antecedentes de malos pagadores, ofreciéndoles préstamos de grandes sumas sin requerir garantías. Una vez que las víctimas mostraban interés, les solicitaban información personal completa, incluyendo documentos de identidad y recibos de sueldo, simulando el proceso de gestión del préstamo. Les enviaban contratos falsificados con membretes y logotipos aparentemente auténticos, respaldados por supuestos asesores legales.
La estafa se profundizaba cuando se pedía a las víctimas que realizaran giros de dinero para cubrir gastos administrativos y timbres, prometiendo que el dinero sería reembolsado una vez que se depositara el préstamo. Estos giros se dirigían a números de documentos de identidad y cuentas bancarias proporcionadas por los estafadores.
Luego de recibir el primer giro, continuaban solicitando más dinero bajo diferentes pretextos, repitiendo el proceso varias veces.
La investigación reveló que esta operación fraudulenta era llevada a cabo por una organización delictiva compuesta por individuos que mantenían estrechos vínculos de parentesco y amistad. Algunos miembros de la organización eran responsables de ejecutar las estafas, mientras que otros actuaban como cobradores, recibiendo los giros de dinero de las víctimas y enviando parte de los fondos al extranjero.
En última instancia, se determinó que los estafadores lograron apoderarse de aproximadamente tres millones de pesos a través de estas maniobras fraudulentas. La operación "Madrox" culminó con la detención de doce personas en diversos departamentos del país, quienes enfrentaron condenas por su participación en esta trama.