El punto más álgido de su alocución estuvo centrado en la infancia. El pontífice expresó su profunda preocupación por las carencias nutricionales de los menores en el país, lanzando una frase categórica que resonó con fuerza: "Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer". Asimismo, visibilizó el impacto colateral de la delincuencia en la educación, lamentando la realidad de los niños que se ven obligados a faltar a clase por el temor que generan los enfrentamientos en sus barrios.
Tierra, techo y bendición
Apenas pisó el suelo de Casavalle, el papa caminó entre los vecinos y se dirigió al proyecto habitacional en construcción denominado Familias de Guadalupe. Esta iniciativa, financiada por la Iglesia Católica junto a diversas fundaciones, busca dignificar la vida de decenas de familias en situación de extrema vulnerabilidad. El líder de la Iglesia universal bendijo las obras y conversó con los trabajadores y futuros residentes.
Durante el encuentro central, León XIV también se tomó un momento para rendir un ferviente homenaje al Padre Cacho (Rubén Isidro Alonso). Destacó su legado como un símbolo imperecedero de compromiso social, recordando su vida dedicada al trabajo codo a codo con los clasificadores y los más necesitados de la periferia.
Cercanía popular y un estricto operativo de seguridad
La jornada se desarrolló bajo un riguroso e imponente operativo de seguridad supervisado directamente en el lugar por el ministro del Interior, Carlos Negro. Pese a las estrictas restricciones y los vallados, la calidez de la barriada desbordó el protocolo.
Fiel a su estilo, el pontífice rompió las distancias en reiteradas oportunidades para estrechar manos, bendecir niños y acercarse especialmente a un grupo de personas con discapacidad asistidas por las Hermanas de la Caridad. Visiblemente conmovido por las muestras de afecto y los cánticos de los fieles, el papa resumió su sentir ante la multitud: "Me siento como en casa".