Al llegar a la puerta de emergencias de la policlínica un médico de guardia habría evaluado superficialmente al niño y decidido no internarlo. Según la denuncia, alegó que “no era su paciente” y que debían derivarlo a otro centro, pese a que el menor ya estaba inconsciente y con signos de shock metabólico.
“Le rogué que lo asistiera, aunque sea para ponerle una vía o medirle la glucemia. Me dijo que llamara a una ambulancia y se dio la vuelta”, relató la madre entre lágrimas. “Mi hijo se estaba muriendo ahí mismo y él se negó a tocarlo”.
Intervención de terceros y traslado
Ante la negativa del médico, la madre y otros familiares tuvieron que solicitar ayuda a un centro hospital público, adonde finalmente el niño fue trasladado por sus propios medios en un taxi. Allí recibió atención de emergencia: se le detectó una glucemia superior a 600 mg/dl y un pH sanguíneo críticamente bajo, compatible con coma diabético avanzado.
El menor permaneció dos días en terapia intensiva y logró estabilizarse, pero la madre sostiene que su vida corrió peligro real por la demora en la atención. “Si no llegamos a tiempo al otro hospital, hoy estaría muerto. Ese médico no hizo nada, solo miró”, denunció.
La denuncia por omisión de asistencia
La mujer radicó una denuncia en la seccional policial correspondiente y pidió que se investigue al profesional por el delito de omisión de asistencia (artículo 173 del Código Penal uruguayo, que prevé penas de prisión de 6 meses a 4 años para quienes, pudiendo hacerlo sin riesgo propio, no presten auxilio a una persona en peligro grave o desamparo).
Además, presentó un reclamo ante el Ministerio de Salud Pública y el colegio de médicos, solicitando sanciones éticas. “No es solo justicia para mi hijo, es para que ningún otro padre pase por esto. Un médico no puede elegir a quién salva en una emergencia”, sentenció.
Reacciones y contexto
Desde la policlínica implicada no se han emitido comentarios públicos, aunque fuentes internas señalaron que el médico alega que no había disponibles camas críticas y que su sugerencia de derivación fue la conducta adecuada. Sin embargo, la madre rebate: “No le pedía una cama de CTI, le pedía que no dejara morir a mi hijo. La omisión comenzó cuando se negó a siquiera tomarle los signos vitales”.
El abogado de la familia, consultado por el medio, afirmó que el caso es “emblemático de una falla estructural en la formación ética y en los protocolos de guardia”. “La vida de una persona no puede depender de la interpretación subjetiva de un médico sobre a quién debe atender”, sostuvo.
Debate necesario
El caso ha generado fuerte repercusión en redes sociales y entre organizaciones de pacientes con enfermedades crónicas. La Sociedad Uruguaya de Diabetes recordó que la cetoacidosis diabética es una urgencia tiempo-dependiente ya que cada hora sin tratamiento aumenta el riesgo de muerte o daño neurológico irreversible.
Por su parte, el Sindicato Médico del Uruguay señaló en un comunicado genérico que “siempre debe priorizarse la estabilización del paciente crítico”, aunque aclaró que cada caso debe ser analizado en su contexto.