Mae Susana subrayó que no es necesario llevar ofrendas cuantiosas. “Si pueden llegar al agua es bueno, y si no pueden, igual pidan con fe. Iemanjá hace el milagro”, expresó. Según explicó, el 2 de febrero se vive como un día con una energía particular que atraviesa a toda la población, una fuerza vinculada al agua como fuente de vida, nutrición y renovación.
Un mensaje de paz
“El mensaje es de paz universal, de vida, de mucha alegría y de mucha esperanza”, señaló, remarcando que se trata de una espiritualidad ligada a la historia de las poblaciones esclavizadas y de los pueblos originarios. En ese sentido, invitó a vivir la jornada como una verdadera fiesta, una celebración de luz y de esperanza compartida, abierta a todas y todos.
Como antesala de la fecha central, el domingo 1.º de febrero se desarrolló la actividad “Iemanjá Solidaria Siempre”, organizada por la Red de Mesas Afro, el Grupo Atabaque, templos, organizaciones religiosas, artísticas, sociales y de género. La iniciativa tuvo lugar en el asentamiento Cívicos, en Capurro, en la zona de la rambla Baltazar Brum y Nasazzi, donde se recolectaron alimentos no perecederos con el objetivo de aliviar, aunque sea en parte, el día a día de las familias del lugar.
“La necesidad humana nos iguala, y el amor al prójimo se predica y se practica”, señalaron desde la organización, reforzando el carácter solidario y comunitario que también forma parte esencial de la celebración a Iemanjá.
Así, este 2 de febrero, la invitación es a acercarse al agua o a conectarse desde donde se esté, con fe y respeto, para compartir una jornada que une espiritualidad, memoria, solidaridad y esperanza.