Casi 20.000 personas de todas partes de Uruguay entonaron rezos y cantos religiosos en la tribuna Olímpica del estadio, hasta que el arzobispo de Brasilia, el cardenal Paulo Costa, realizó la beatificación.
"Con el rito de la beatificación afirmamos que monseñor Jacinto Vera está en la casa del Padre (…) En Jacinto Vera contemplamos la belleza de la vida santa", dijo el cardenal.
La beatificación es el paso previo a la canonización, es decir, cuando se le declara santo.
A Vera ya en vida lo llamaban santo por su trabajo con los menos privilegiados y por su vocación de llevar las enseñanzas de la Iglesia a los rincones más alejados del país.
"Mis bisabuelos, que también eran inmigrantes, y mi abuela, vivieron en la época de Jacinto Vera y en mi casa siempre se le dijo San Jacinto, para ellos ya era santo", comentó Gloria, de casi 80 años y de Montevideo.
En la época de Vera como jefe de la Iglesia en Uruguay, tuvo lugar el comienzo de la separación de la Iglesia con el Estado, con la secularización de los cementerios como resultado de la negativa del sacerdote de enterrar en un cementerio a un extranjero no católico.
El enfrentamiento llegó incluso a valerle el destierro por un año.
A la ceremonia también asistieron el presidente Luis Lacalle Pou; la vicepresidenta Beatriz Argimón; el exmandatario José Mujica (2010-2015); la esposa de este último, la exvicepresidenta y senadora Lucía Topolansky, así como legisladores y otras autoridades civiles y religiosas.