La familia relató que las menores mismas narran como pasan hambre, sufren el consumo de drogas de la madre y la desatención.
Por otra parte, relatan que incluso desde la escuela han llamado a la familia paterna para advertir que las menores llegaban a la institución sin bañarse o comer.
El tío contó que la abuela de las menores vive lejos de la actual residencia de las niñas, pero se levanta a las 5:30 de la mañana para poder ir desde Shangrilá a atenderlas.
La familia consternada expresó su incertidumbre ante los hechos, contaron que la quema de llantas fue su último recurso para llamar la atención a autoridades y pretenden que la jueza del caso considere el relato de las niñas.