Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Política Palantir | Peter Thiel |

instrumentos de dominación

Palantir en América Latina: un modelo de vigilancia global al servicio de Trump

El modelo de negocios y de penetración geopolítica diseñado por Thiel y ejecutado por Palantir opera mediante la seducción de los aparatos de seguridad e inteligencia estatales.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

El sistema internacional contemporáneo atraviesa una fase de transición hegemónica no resuelta, marcada por el acelerado declive de la arquitectura institucional, jurídica y política consolidada tras 1945. En su lugar, emerge un orden "multiplex", profundamente fragmentado y caracterizado por la volatilidad geopolítica. En este escenario de incertidumbre estructural, la comunicación estratégica (StratCom) ha dejado de ser un mero apéndice instrumental de las relaciones públicas o de la diplomacia tradicional. Se ha transformado en el pilar doctrinario de las grandes estrategias de poder global, orientado a moldear percepciones, estructurar las narrativas sociales y fijar las conductas colectivas a largo plazo a través de la integración metódica de palabras, imágenes y acciones.

Mientras que el siglo XX estuvo determinado por la confrontación ideológica entre bloques estatales claramente delimitados, el siglo XXI se define por la convergencia de lo que teóricos contemporáneos conceptualizan como la "metacrisis": una superposición multifacética de colapsos estructurales en la gobernanza democrática, la cohesión psicosocial y la sustentabilidad ecológica del planeta. Esta crisis sistémica dificulta de manera inédita la coordinación humana frente a riesgos existenciales globales. En este entorno degradado, el control sobre los flujos de información, la ingeniería del consenso y la construcción selectiva de la memoria colectiva se han erigido en los campos de batalla dominantes donde se disputa la legitimidad última del poder soberano.

LA "DOCTRINA DONROE" Y EL REPOSICIONAMIENTO DEL HEMISFERIO OCCIDENTAL

Un pilar fundamental para comprender esta reorganización del poder global es el giro dogmático en la política exterior y de defensa de los Estados Unidos, articulado formalmente bajo el liderazgo ideológico del subsecretario de Guerra, Elbridge Colby, y la Administración de Donald Trump. Este marco estratégico, denominado informalmente como la "Doctrina Donroe" o el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, sepulta definitivamente las premisas del internacionalismo liberal y el intervencionismo global posterior a la Guerra Fría. En su reemplazo, instala un "realismo flexible" guiado de manera estricta por el principio de America First.

La Doctrina Donroe reorienta el aparato militar y de inteligencia estadounidense de vuelta hacia su área de influencia histórica: el Hemisferio Occidental. Tras décadas de lo que los teóricos de esta doctrina califican como una "negligencia maligna" —período en el cual las fuerzas de Washington se empantanaron en conflictos asimétricos en Medio Oriente y Eurasia—, los Estados Unidos vuelven a priorizar las dinámicas territoriales y de seguridad de sus fronteras inmediatas.

La premisa central de esta doctrina sostiene que la estabilidad política, económica y social de Centroamérica, el Caribe y América del Sur condiciona de manera directa e ineludible la seguridad nacional y la prosperidad de los ciudadanos estadounidenses. Bajo este diagnóstico, Washington promueve una integración agresiva de sus activos de defensa y seguridad con las fuerzas locales de la región para combatir lo que define como "narcoterrorismo", el crimen organizado transnacional y la presencia de regímenes de izquierda acusados de exportar inestabilidad y olas migratorias masivas.

El objetivo declarado es forzar a los países latinoamericanos a convertirse en socios fuertes, disciplinados y confiables. Para lograrlo, la doctrina establece exigencias explícitas, como el incremento del gasto militar hasta alcanzar al menos el 3,5 % del Producto Interno Bruto (PIB) local. Esta exigencia no solo busca alinear la capacidad represiva regional con los intereses de Washington, sino también desacoplar de manera definitiva a la región de la influencia de potencias extrahemisféricas, fundamentalmente el capital financiero, la infraestructura tecnológica y la cooperación militar provenientes de la República Popular China y de la Federación de Rusia.

PETER THIEL, EL TECNOFEUDALISMO Y EL "AUTHORITARIAN STACK"

En paralelo y estrecha consonancia con este giro geopolítico, se despliega una profunda reconfiguración de la economía-mundo capitalista. El modelo de acumulación dominante ha migrado sustancialmente de la producción industrial tradicional hacia un esquema de tecnofeudalismo. En esta nueva matriz económica, el centro neurálgico del capital y la extracción de renta no reside exclusivamente en la propiedad de los medios materiales de producción, sino en la infraestructura digital: los centros de cómputo masivos, las redes de fibra óptica, los servidores en la nube y los algoritmos propietarios que capturan, procesan y monetizan cada aspecto de la experiencia humana cotidiana.

Bajo este régimen de capital de nube, la figura del ciudadano tradicional se disuelve para dar paso a la del siervo digital. Este sujeto produce valor ininterrumpidamente a través de su interacción constante con plataformas monopolísticas privadas. Sin embargo, carece de toda propiedad sobre sus datos, de soberanía sobre su huella digital y de capacidad alguna de negociación frente a los dueños de los feudos algorítmicos.

En la intersección exacta entre este tecnofeudalismo económico y las necesidades de control estatal surge el concepto del Authoritarian Stack (o Pila Autoritaria). Se trata de un ensamblaje multinivel de hardware, sensores de monitoreo, redes de telecomunicaciones, software predictivo y capacidades de ciberobservación diseñado primordialmente por el sector privado de defensa para eliminar la fricción inherente a los procesos democráticos.

La figura ideológica y operativa determinante detrás de este cambio es el magnate de Silicon Valley y capitalista de riesgo Peter Thiel. Cofundador de PayPal, primer inversor externo de Facebook y fundador de la firma de análisis de datos e inteligencia militar Palantir Technologies, Thiel representa la encarnación intelectual del capitalismo libertario reaccionario o "neorreactivo". Su pensamiento político y social quedó sintetizado de manera brutal en su célebre ensayo de 2009 para el Cato Unbound, donde escribió sin ambigüedades: "Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles".

Para Thiel y su red de influencia ideológica —que abarca desde pensadores del aceleracionismo de derecha hasta figuras de la política neoconservadora y libertaria estadounidense—, la democracia representativa es un sistema ineficiente, caduco y estructuralmente propenso al gasto redistributivo, la parálisis legislativa y el desorden social. Frente a lo que consideran las imperfecciones del debate democrático y la deliberación pública, Thiel propone la sustitución sistemática de la política por la gestión algorítmica, la soberanía corporativa y la vigilancia panóptica.

La creación de Palantir Technologies —bautizada en referencia a las "piedras videntes" de la obra de J.R.R. Tolkien que permiten ver a través del espacio y el tiempo— responde directamente a esta filosofía. Financiada en sus etapas iniciales por In-Q-Tel, el brazo de capital de riesgo de la Central Intelligence Agency (CIA), Palantir fue concebida no como una simple empresa de software, sino como el motor analítico del complejo militar-industrial-tecnológico de los Estados Unidos en la era posterior al 11 de septiembre.

La plataforma clave de Palantir, denominada Gotham, fue diseñada para integrar, correlacionar y analizar volúmenes masivos de datos heterogéneos y no estructurados procedentes de fuentes dispares: intercepciones de señales de inteligencia, datos de radares, registros financieros, actividad en redes sociales, matrículas de vehículos, bases de datos biométricas y reportes de informantes en el terreno. Mediante el uso de algoritmos avanzados de reconocimiento de patrones y aprendizaje automático, Gotham permite a los analistas de inteligencia construir grafos de conocimiento detallados, mapear redes sociales complejas y realizar patrullaje predictivo.

A través de esta arquitectura, la filosofía de Thiel se materializa en herramientas operativas: la disidencia política, la protesta social o la desviación conductual son tratadas como anomalías de red que deben ser identificadas, mapeadas y neutralizadas cuantitativamente antes de que logren manifestarse en el espacio público.

El modelo de negocios y de penetración geopolítica diseñado por Thiel y ejecutado por Palantir opera mediante la seducción de los aparatos de seguridad e inteligencia estatales. A cambio de resolver la ineficiencia burocrática del Estado mediante el análisis masivo de datos, Palantir se introduce en el corazón de la administración pública, capturando los flujos de información más sensibles del gobierno. Una vez instalado, el software de Palantir genera una dependencia ontológica e infraestructura irreversible: el Estado pierde la capacidad técnica de procesar sus propios datos sin la mediación del software propietario de la empresa, cediendo de facto el monopolio de la inteligencia estratégica a una corporación privada extranjera profundamente ligada a los intereses geopolíticos de Washington.

El Authoritarian Stack impulsado por Thiel trasciende la mera vigilancia policial; representa la articulación de un nuevo modelo de gobernanza posdemocrática donde las decisiones políticas, la asignación de recursos públicos y la represión del descontento no se debaten en los parlamentos, sino que son ejecutadas mediante decisiones algorítmicas opacas, automatizadas y exentas de todo control ciudadano o rendición de cuentas.

EL CASO ARGENTINO: LABORATORIO DEL ESTADO-TRADER Y EL "SUPER RIGI"

La República Argentina contemporánea se ha transformado en el laboratorio predilecto para la experimentación intensiva de este paradigma tecnofeudal e hipercapitalista. La inminente y documentada integración de la plataforma de gestión de macrodatos de Palantir en la arquitectura institucional y de seguridad del Estado argentino no representa un hecho aislado ni una mera modernización administrativa. Por el contrario, constituye la consolidación formal de un esquema de Estado-Trader: una entidad estatal que mercantiliza la privacidad, los datos personales y las bases de datos de sus propios ciudadanos, entregándolos a corporaciones tecnológicas globales a cambio de validación geopolítica y financiamiento financiero.

El marco normativo y jurídico que viabiliza esta transferencia de soberanía es el denominado "Súper RIGI" (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones). Caracterizado por periodistas de investigación y analistas económicos como un verdadero traje a medida diseñado para la infraestructura de las Big Tech, este régimen garantiza a los inversores internacionales beneficios impositivos, aduaneros y cambiarios extraordinarios e inmodificables por un período blindado de 30 años.

Este esquema de incentivos ha sido denunciado por diversos sectores de la academia y el derecho constitucional como un saqueo con traje jurídico. La industria global de la Inteligencia Artificial y del procesamiento masivo de datos ha puesto sus ojos en el territorio argentino no por un afán de desarrollo local, sino por la disponibilidad inmediata de cuatro recursos físicos estratégicos e insustituibles para sostener la infraestructura de los centros de cómputo (data centers) de nueva generación.

En primer lugar, se requiere suelo y extensión territorial para la construcción de megaestructuras de servidores blindados. En segundo lugar, se demanda agua potable de forma masiva e ininterrumpida para los sistemas de enfriamiento líquido de los procesadores, lo que genera una presión hídrica extrema sobre acuíferos y cuencas locales. En tercer lugar, se necesita una carga de energía eléctrica de alta densidad de manera continua para el funcionamiento ininterrumpido de los supercomputadores, lo que se traduce en un subsidio implícito de la matriz energética nacional a favor de privados. Por último, la Argentina ofrece condiciones de clima frío en regiones como la Patagonia, un recurso natural estratégico que permite reducir significativamente los costos operacionales de refrigeración de estos complejos tecnológicos.

En el plano de la seguridad interior y el control social, la implementación prometida de las plataformas de Palantir en organismos clave —como la proyectada "Agencia de Seguridad Migratoria" y el Ministerio de Seguridad— imita de manera directa el modelo operativo utilizado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los Estados Unidos.

Este despliegue permite la interconexión automática y en tiempo real de registros públicos de identidad, bases de datos de salud, transacciones bancarias, patrones de movilidad, cámaras de videovigilancia con reconocimiento facial y actividad en redes sociales. El resultado operativo es la capacidad de realizar perfilamientos poblacionales masivos, persecuciones focalizadas y la sistematización de la vigilancia sobre movimientos sociales y voces disidentes.

Analistas críticos como el economista y politólogo Pablo Tigani han advertido de manera enfática que este proceso configura una forma inédita de recolonización algorítmica. En este esquema, el Estado nacional renuncia a sus competencias constitucionales más elementales y delega sus funciones de inteligencia y defensa en una plataforma privada extranjera cuya arquitectura interna es un secreto comercial inaccesible y cuyos vínculos con los servicios de inteligencia de Washington son estructurales. Se borra así de un plumazo la distinción fundamental entre el decisor político democrático y el proveedor tecnológico corporativo, subordinando la seguridad nacional a la agenda estratégica de los monopolios tecnológicos norteamericanos impulsados por figuras como Peter Thiel.

RIVALIDADES GLOBALES Y EL DECLIVE DEL EXCEPCIONALISMO ESTADOUNIDENSE

Mientras estas dinámicas de control tecnológico se consolidan en el espacio regional, el sistema global muestra fracturas tectónicas irreversibles. De acuerdo con datos empíricos de opinión pública internacional relevados por el Pew Research Center, la percepción global respecto del liderazgo de los Estados Unidos y la efectividad de su modelo político registra un deterioro histórico, al tiempo que la imagen de la República Popular China y de su presidente, Xi Jinping, experimenta una mejora sostenida, particularmente en las economías emergentes del Sur Global (América Latina, África y el Sudeste Asiático).

Por primera vez desde la caída de la Unión Soviética, la evaluación pública sobre el papel internacional de China es más positiva que la de Estados Unidos en 25 países clave, y la confianza depositada en la gestión de Xi Jinping supera a la de Donald Trump en 22 naciones. Esta transformación en la arquitectura de la opinión pública global refleja un agotamiento estructural del excepcionalismo estadounidense y de su capacidad de articulación hegemónica.

Este desplazamiento en las preferencias globales no obedece a una adhesión ideológica masiva al modelo político chino, sino a la efectividad de su estrategia exterior. Mientras Estados Unidos ha incrementado el uso de coerciones unilaterales, sanciones económicas y despliegues militares bajo una postura de soberanía sobre esteroides, China ha cimentado su influencia a través de la interdependencia infraestructural, corporizada en la Megainiciativa de la Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative). Pekín ofrece a los países en desarrollo inversiones tangibles en puertos, redes ferroviarias, centrales hidroeléctricas y telecomunicaciones sin exigir condiciones de reestructuración política interna.

LA MILITARIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

En este turbulento contexto internacional, la carrera armamentista contemporánea ha sufrido un salto cualitativo: ya no se mide únicamente en función del número de ojivas nucleares, el tonelaje de las flotas navales o el número de efectivos militares. El nuevo vector de la supremacía militar global radica en las capacidades algorítmicas, el procesamiento de datos a velocidad supersónica y el desarrollo de la Inteligencia Artificial Aplicada a la Guerra (Defense AI).

La magnitud de la inversión pública y privada en este ámbito refleja la urgencia de las grandes potencias. Durante el último año, los Estados Unidos destinarán más de 8.300 millones de dólares exclusivamente al desarrollo de investigación y despliegue operacional de IA militar, mientras que la República Popular China invertirá una cifra estimada en 5.500 millones de dólares en la misma área.

Esta militarización del conocimiento informático está reconfigurando radicalmente la arquitectura operativa de los conflictos bélicos modernos. La integración de la Inteligencia Artificial abarca desde el despliegue de enjambres de drones autónomos de ataque en teatros de operaciones asimétricos —como los documentados en Libia y Ucrania— hasta la implementación de sistemas de gestión de combate e identificación automatizada de blancos impulsados por aprendizaje profundo en conflictos urbanos de alta intensidad, como los desarrollados en la Franja de Gaza.

El traspaso progresivo de la toma de decisiones letales a sistemas automatizados plantea dilemas éticos, jurídicos y filosóficos de una gravedad inédita. La erosión del principio de supervisión humana en el ciclo de decisión (human-in-the-loop) diluye la responsabilidad penal internacional sobre los crímenes de guerra y abre la puerta a una escalada bélica fuera de control impulsada por la velocidad inalcanzable de las decisiones computacionales.

Para los Estados pertenecientes al Sur Global, esta aceleración en la militarización tecnológica exacerba de manera dramática las asimetrías de poder preexistentes. Carentes de la capacidad financiera, industrial y científica para desarrollar infraestructuras de IA soberanas, estas naciones quedan atrapadas en una relación de extrema dependencia respecto de los proveedores tecnológicos del Norte global. Esta vulnerabilidad expone sus sistemas de defensa nacional, sus redes de energía y sus comunicaciones a ciberataques paralizantes y convierte a sus propios territorios en campos de prueba para el ensayo de nuevas tecnologías de guerra algorítmica sin el filtro de ningún marco regulatorio local ni consentimiento democrático.

HACIA UNA AGENDA CRÍTICA Y SOBERANA

Frente al avance del tecnofeudalismo, la consolidación del Authoritarian Stack y la corrosión acelerada de las instituciones democráticas por el poder algorítmico, la construcción de una verdadera soberanía digital no puede ser abordada como una mera opción técnica o una consigna abstracta. Constituye la condición sine qua non para cualquier proyecto de desarrollo autónomo, justicia social y supervivencia política en el siglo XXI.

El Sur Global en general, y América Latina en particular, deben abandonar definitivamente la posición de receptores pasivos de tecnologías extractivas, laboratorios de prueba para software represivo y proveedores primarios de recursos naturales para el enfriamiento de supercomputadoras ajenas. Es imperativo consolidar una agenda estratégica compartida que asuma la tecnología como un bien público y un espacio decisivo de disputa geopolítica.

Iniciativas internacionales como la plataforma modular India Stack en Asia, o los antecedentes de legislación de software libre, soberanía de datos y desarrollo de infraestructura pública digital presentes en países como Bolivia y Uruguay, demuestran que es posible construir alternativas viables frente al monopolio ejercido por los gigantes de Silicon Valley y los arquitectos de la vigilancia global. Estos proyectos señalan un camino basado en la democratización del código, la propiedad pública de los datos agregados y la salvaguarda innegociable de los derechos fundamentales de la población.

El desafío urgente para los países de la región reside en desmantelar la cerradura tecnológica que pretende fusionar los aparatos de seguridad e inteligencia locales con los monopolios privados de defensa extranjeros. Es indispensable reconstruir un Estado dotado de capacidades técnicas e institucionales propias; un Estado que no comercie con la intimidad de sus ciudadanos y que garantice la privacidad, la protección de los datos personales y la libertad de pensamiento como bienes comunes estratégicos y no extraíbles.

En última instancia, el futuro político y social de nuestras naciones no está predeterminado por el determinismo tecnológico ni por los imperativos de los algoritmos predictivos. El futuro será el resultado directo de las batallas culturales, jurídicas y políticas que se libren en el presente por la memoria, la identidad y la autodeterminación. Como enseña la comunicación estratégica, en la arena internacional "todo comunica": la capitulación acrítica frente al poder algorítmico y al extractivismo digital es el mensaje más peligroso y destructivo que una sociedad puede enviar sobre su propia voluntad de existir como comunidad libre y soberana.