La religiosa desarrolló una labor social y pastoral junto a los trabajadores que iban al matadero los domingos por la mañana, tomándose el tren a las cuatro de la madrugada con ellos.
”La Iglesia te saluda, sor María Francisca de Jesús, fundadora de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano, primera beata del Uruguay”, la había destacado Juan Pablo II, en 1993, al beatificarla en la plaza vaticana.
Rubatto fue convertida en santa luego de que el Vaticano aprobara un milagro atribuido a su intercesión el 24 de marzo de 2000 en Colonia, Uruguay, cuando se produjo la recuperación inexplicable de un joven que sufría un traumatismo craneoencefálico con hemorragia subaracnoidea grave, coma severo, hipertensión endocraneal y daño axonal difuso.
En la primera canonización en tres años, que marca el regreso al Vaticano de las grandes celebraciones, suspendidas a causa de la pandemia, Francisco presidió en una plaza de San Pedro abarrotada, ante unos 60.000 fieles, esta emotiva ceremonia con el telón de fondo de la basílica, adornada con los tapices de los diez santos proclamados hoy.
Al final de su homilía, dedicada al amor como fuerza transformadora en la vida cotidiana siguiendo los pasos de Jesús, el pontífice dedicó unas breves palabras a la labor evangelizadora de los nuevos santos.
«Nuestros compañeros de viaje, hoy canonizados, vivieron la santidad de este modo: se desgastaron por el Evangelio abrazando con entusiasmo su vocación -de sacerdote, de consagrada, de laico-, descubrieron una alegría sin igual y se convirtieron en un reflejo luminoso del Señor en la historia. Intentémoslo también nosotros», dijo.
Tras la lectura de breves biografías de los nuevos santos y el canto de las letanías de los santos, el papa leyó la formula en latín para proclamar la santidad y pedir que sean inscritos en los libros de los santos de la Iglesia.