El análisis de las cámaras del ómnibus muestra que Antonio presentaba signos evidentes de fatiga durante una hora antes del accidente. A las 6:50, fue registrado frotándose el rostro y los ojos, e incluso durmiéndose por instantes. Más adelante, a las 7:15 y 7:25, sus brazos se desplomaron sucesivamente mientras conducía. Según el informe, veinte segundos antes del impacto contra el muro de la rambla, algunos pasajeros intentaron advertirle de la situación, pero el conductor reaccionó de forma pasiva, sin lograr recuperar la conciencia plena.
Declaraciones inconsistentes y pericias descartadas
Antonio, quien sufrió lesiones graves y estuvo varios días en CTI, ofreció diferentes versiones de lo sucedido. Inicialmente dijo a los médicos que había perdido los frenos. Luego, afirmó no recordar nada desde las 6:10 horas, cuando realizaba un recorrido anterior, hasta despertar en el sanatorio. En una tercera declaración, sostuvo que no tenía memoria de los minutos previos al siniestro ni del accidente mismo.
Las pericias también descartaron la influencia de alcohol, drogas o medicamentos en el comportamiento del conductor. Aunque Antonio toma medicación para tratar diversas enfermedades y había consultado a un neurólogo años atrás por temblores en las manos, los peritos concluyeron que nada de esto tuvo incidencia en el accidente.
El informe forense señala que el conductor no sufría ninguna patología mental que afectara su juicio crítico. El episodio fue atribuido a un simple pero devastador error humano: quedarse dormido. En su despertar parcial, Antonio no logró procesar adecuadamente los estímulos externos ni actuar de manera consciente.