La viruela del mono fue descrita por primera vez en 1958 y su denominación proviene de la similitud con una viruela en primates, registrada en ese momento.
El primer caso de esta enfermedad en humanos fue reportado en la República Democrática del Congo. Desde entonces, la mayoría de los casos registrados surgieron en zonas rurales de la selva tropical de África central y occidental, lugares en que se la considera endémica.
Se trata de una enfermedad zoonótica viral rara (se transmite entre animales y seres humanos), causada por el virus del mono, perteneciente al género Orthopoxivirus de la familia Poxviridae.
El MSP detalla que este virus propicia síntomas de “fiebre, cefalea, ganglios linfáticos inflamados, artromialgias (dolores en las articulaciones) y astenia (cansancio crónico)”. Entre los primeros tres días de la fiebre se “agregan erupción cutánea (máculas, pápulas, vesículas, pústulas y costras)”.
Estas comienzan generalmente en el rostro y luego se extienden al resto del cuerpo. Llega a afectar cara, palpa de manos y planta de los pies, y en casos más graves puede “comprometer mucosa bucal, genitales y ojo”.
El ministerio apunta que la eliminación completa de las costras puede demorar hasta tres semanas y que no existen tratamientos específicos, aunque la vacunación antivariólica se ha mostrado eficaz para la prevención esta enfermedad.
La letalidad de la viruela del mono es menor al 10% y los casos más graves se han reportado en niños pequeños.
Medidas de prevención
- Evitar contacto con animales que puedan ser reservorio del virus (roedores y
primates).
- Manejo de animales enfermos con EPP adecuado.
- Evitar el contacto estrecho con las personas infectadas.
- Aislamiento y asistencia de casos sospechosos con EPP adecuado.
- Lavado de manos.
- Vigilancia y detección rápida de nuevos casos, contactos estrechos e
identificación de brote.