Una crisis de costo de vida más profunda. El aumento de precios, combinado con altos niveles de endeudamiento y costos de vivienda, configura una crisis de asequibilidad que impacta directamente en los hogares. En este contexto, la guerra no solo tiene efectos macroeconómicos, sino también sociales: reduce el poder adquisitivo, tensiona las finanzas familiares y agrava desigualdades ya existentes.
El fantasma de la estanflación. Stiglitz advierte además sobre un escenario particularmente preocupante: la estanflación, es decir, una combinación de inflación elevada con bajo crecimiento económico. Según su análisis, la economía estadounidense enfrenta un riesgo creciente de entrar en esta dinámica, especialmente si el conflicto se prolonga o si se profundizan las disrupciones en el comercio y la energía.
Crecimiento sostenido por la inteligencia artificial. Otro de los puntos destacados por el economista es que parte del crecimiento reciente de Estados Unidos está siendo impulsado por la inversión en centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Sin embargo, advierte que este dinamismo oculta debilidades estructurales, derivadas de políticas fiscales, comerciales y migratorias que califica como erráticas. “Estamos viendo un crecimiento que no refleja la solidez de la economía en su conjunto”, plantea.
De esta forma se consolidan consecuencias que perdurarán incluso en el caso de un conflicto breve, Stiglitz sostiene que las consecuencias económicas serán duraderas. La necesidad de reforzar la seguridad de infraestructuras energéticas, junto con la pérdida de confianza en la estabilidad internacional, podría tener efectos de largo plazo sobre la inversión y el comercio. Además, el economista cuestiona el proceso de toma de decisiones, señalando los riesgos de avanzar en conflictos de esta magnitud sin los debidos controles democráticos.
En su análisis, Stiglitz sugiere que, en el plano geopolítico, algunos actores podrían beneficiarse indirectamente como Rusia, en el contexto energético, mientras que los principales costos recaerán sobre los ciudadanos comunes en todo el mundo, a través de mayores precios y menor crecimiento.
Un patrón de decisiones erráticas. El artículo también enmarca este episodio dentro de un patrón más amplio de políticas que, según Stiglitz, han contribuido a generar un entorno económico frágil. Las decisiones en materia comercial, migratoria y fiscal son señaladas como parte de un enfoque que incrementa la volatilidad y debilita la previsibilidad.
La conclusión del Nobel es clara: la guerra con Irán no solo representa un error político, sino también un riesgo económico global significativo. En un mundo aún marcado por las secuelas de la pandemia y la guerra en Ucrania, este nuevo conflicto agrega presión a un sistema ya tensionado. Y, como advierte Stiglitz, sus efectos podrían sentirse durante años.La pregunta que queda planteada es si las decisiones actuales están teniendo en cuenta no solo el corto plazo, sino también las consecuencias estructurales para la economía global.