«La iglesia ha sido partera de la patria», afirmó Sturla durante la ceremonia, organizada por el párroco Pablo Coimbra. Luego de afirmar que la separación del Estado y la Iglesia fue positiva, el cardenal hizo un repaso histórico del rol de la institución en la política uruguaya. «Cinco de los seis diputados de Artigas eran sacerdotes», dijo y continuó: «Artigas era devoto de la virgen del Carmen».
Sturla expresó su deseo de que los legisladores, durante los años venideros, llamen al párroco para pedirle «una misa en el Parlamento, una bendición». Y luego pidió a Dios «asiste con bondad a nuestros legisladores». Antes de su discurso los presentes cantaron «Rechazamos toda idolatría» y «Rebenque bueno del señor».
Un párroco anunció la lectura de la parábola de los talentos de San Mateo y todos los legisladores presentes respondieron de forma automática «Gloria al señor» y se persignaron. Manini Ríos, que no cantó durante la ceremonia (como sí lo hizo Irene Moreira), participó solo de este momento y del verso «Cristo ten piedad».
Sturla, un rato después, dijo que «los más desvalidos deben empoderarse de su misma vida para salir por sí mismos con una sociedad que pone su corazón en ellos». Que los legisladores no son los dueños del país, sino que deben dar frutos abundantes en los años que se vienen sabiendo que «el poder que da Dios es para servir».
El cardenal llamó a tener el corazón con los más carenciados. Mientras la banda tocaba y la gente cantaba «Ofreceremos al señor el futuro de su pueblo», cuatro mujeres pasaron entre los presentes con bolsas granate que luego colocaron al costado del altar, llenas de billetes y monedas.
Asiaín se apuró para ser la primera en comulgar. Se acercó al cardenal, dijo «amén» y él le dio la hostia. Manini Ríos, Domenech y Moreira le siguieron en la fila. Cuando finalizó el momento de la comunión todos volvieron a sus asientos a orar y cantar de nuevo.