Todes somos Daniel Martínez
Desde la noche del domingo, las muy diversas expectativas, énfasis y matices que conforman el Frente Amplio (FA) quedan sintéticamente unificadas en la figura de Daniel Martínez. Todos nuestros esfuerzos militantes se orientarán a acompañarlo en la dura tarea de eludir la proximidad de un dramático abismo social como el que pudre la vida de los vecinos linderos al norte y suroeste. Y todas las pulsiones y fortalezas con las que contemos, las razones y los afectos, deberán ponerse a su servicio. No hubo sorpresas respecto a las previsiones de la totalidad de las encuestadoras, salvo menudencias en las distancias relativas con el resto de los precandidatos o en la cifra final. Daniel Martínez es quien mejor logró interpretar la partitura frenteamplista en un escenario de acústica crecientemente deteriorada y desafinación de algunas cuerdas. Es la conclusión inapelable de la totalidad de la militancia y de una proporción inestimable del electorado mucho menos comprometido con la construcción de la fuerza política. El sucesivo desarrollo quinquenal de las internas abiertas reedita cierta incomodidad en una fuerza como el FA, que no agota electoralmente su arsenal de transformación social aunque se ve sumida en este tipo de experiencia cuyo mecanismo tiene mucho más de maniobra manipulatoria que de ejercicio decisional ciudadano. Sin ánimo de reeditar las múltiples objeciones cualitativas a la injerencia promiscua de ciudadanías en las vidas partidarias sobre las que escribí en otras ocasiones, es evidente la erosión de la credibilidad en el sistema que se pronuncia como indiferencia ciudadana y ausentismo electoral.