El deterioro de la condiciones de vida es alarmante y con la normalización sanitaria emerge de forma cada vez más notable. Al aumento de precios y la caída indisimulable del poder de compra de los salarios, se añade un crecimiento significativo de la pobreza y la pobreza extrema, de las personas en situación de calle, de las ollas populares. Mientras tanto, el gobierno sigue achicando el gasto, suprimiendo programas sociales y continúa orientando su política a favorecer a los sectores más ricos, los malla oro, como los llama, acompañado por una coalición variopinta, pero que salvo excepciones se ha encolumnado en la defensa de un camino de neoliberalismo rancio que está haciendo estragos en el país, pero que además los va a hundir a ellos, uno por uno, si no se desmarcan prontamente.
Cada vez es más difícil entender la psicología del presidente, que gobierna como si tuviese un respaldo social abrumador que no tiene y, prácticamente, se está armando su tormenta perfecta, poniéndose de gorro a toda la sociedad asalariada. Pero más difícil de desentrañar es la estrategia política de sus aliados no liberales, que son perfectamente conscientes de que un programa neoherrerista solo puede terminar mal, pero igual lo secundan como si no hubiese mañana, como si dentro de poco tiempo no tuvieran que salir a marcar su propio perfil para juntar votos en la ciudadanía. Ahora mismo, se van a concertar para defender la Ley de Urgente Consideración, cuya derrota en las urnas no solo es posible, sino que es lo más probable.
Lo único que justifica la solidez en lo sustancial – hasta el momento- de la coalición detrás de un proyecto históricamente minoritario, es que han ubicado antes que cualquier consideración programática una obsesión colectiva: que la izquierda no vuelva a gobernar en las próximas elecciones. De algún modo, Lacalle Pou hace con sus aliados un manejo políticamente extorsivo: si no me siguen la corriente, le hacen el juego al Frente Amplio. Pero las fisuras graves, algunas de las cuales ya se vislumbran, sobre todo con Cabildo Abierto, que es muy derecha en muchos temas, pero le hace ruido la línea económica tan neoliberal, no pueden tardar en aparecer.
Es probable que Lacalle Pou esté gobernando con los últimos meses de coalición parlamentaria real. No es previsible que se rompa antes del referéndum, pero después del referéndum, si se produce su derrota, todos sus proyectos más ambiciosos quedarán en el freezer. Lo que vendrá después no es un tiempo de inestabilidad política institucional, sino un tiempo de transparencia, en que sus aliados van a mostrar sus verdaderas caras y sus verdaderas caras no son algo que quiera ver el presidente: porque a algunos de sus aliados más importantes ni los conduce realmente ni les tiene simpatía.
Lacalle Pou no va a ser recordado por hacer grandes obras; esperemos que tampoco sea recordado por destruirlas.