El reflejo de Isabel o el instinto de supervivencia aceleró ipso facto el vehículo, desestabilizando a los agresores, cuyo disparo de 9 mm no dio afortunadamente en el blanco»
Ese mismo lunes, la periodista Isabel Prieto había denunciado haber sido maltratada por el Suboficial Mayor Hugo Coito, responsable de la Seccional 19, quien de muy mal modo, irrespetuoso y extralimitado se había negado en la madrugada del mismo lunes a confirmarle a la periodista en la misma sede policial el quinto femicidio del año, esta vez de una mujer de 42 años por su pareja de 44, quién la había ultimado a macetazos.
Fue tal el maltrato que Isabel decidió denunciarlo en sitio web de Caras y Caretas, llamando la atención del departamento de Comunicaciones del Ministerio del Interior, que a la mañana se comunicó con las autoridades de la revista y con la periodista para ponerse a disposición. Horas más tarde lo mismo haría el departamento de Asuntos Internos, demostrando la preocupación de los propios jerarcas para aclarar un tratamiento completamente fuera de protocolo hacia una trabajadora acreditada de un medio de comunicación, por parte de un Sub Oficial a cargo de la Seccional, ante un requerimiento de información de absoluto interés público sobre un hecho gravísimo: nada menos que un femicidio en un país sacudido por episodios de esta naturaleza, uno de ellos a manos de un funcionario policial que portaba un arma pese a recaer sobre él una denuncia de violencia de género que lo inhabilitaba para la portación de armas.
No queremos que en nuestro país el periodismo se convierta en una labor donde los trabajadores se jueguen la vida»
El hecho que en este momento alarma a la comunidad de trabajadores de la prensa, a las autoridades y al sistema político está siendo investigado con celo. Somos conscientes de eso que, además, es lo que corresponde. La policía técnica debe determinar el origen de la bala, si es que el mismo es identificable y la inspección exhaustiva de las cámaras de seguridad viales tendría que aportar mucha información sobre un hecho que, por sus característica, huele a atentado y no a rapiña.
Isabel Prieto es una periodista, comprometida con su profesión, pero es algo mayor al compromiso lo que la hizo recorrer kilómetros en la madrugada para confirmar el quinto femicidio. También es una mujer que lucha para que no se continúe asesinando mujeres por su condición de género. Y lucha desde la palabra, escribiendo, informando, investigando para que estos hechos no pasen desapercibidos ni queden silenciados. Uruguay es un país reconocido mundialmente por sus estándares democráticos y su amplísima libertad de prensa. No queremos que en nuestro país el periodismo se convierta en una labor donde los trabajadores se jueguen la vida.