No podían hacerlo de otro modo porque la historia muestra que no se puede arrebatar derechos sin conflicto y los conservadores manejan el conflicto con represión, conocedores desde siempre de que el único camino para expoliar a sociedades irredentas es la violencia exacerbada.
Uruguay es el país más democrático del continente. Todos creemos que nada como lo que estamos viendo en Argentina o en Chile podría sucedernos, pero debemos ser conscientes de que nuestra derecha es tan neoliberal y retardataria como toda derecha continental, a la que, además, nuestros partidos opositores han elogiado de forma permanente hasta que les explotó la realidad en la cara y tuvieron que salir a desmarcarse, aunque sin demasiado énfasis ni entusiasmo.
El programa que ocultan, porque es por eso que no conocemos los cientos de artículos de la mentada ley de urgencia que impulsaría Lacalle Pou, es un programa en la línea del pensamiento fondomonetarista, orientado a la retracción del gasto público, la licuación de los haberes de trabajadores y jubilados, mediante una estrategia de impacto, de shock, despojada de toda pátina de gradualismo, porque están convencidos de que si gobiernan, gobiernan por un período y necesitan ser rápidos, eficientes en la tarea de demolición del Estado social de bienestar, para reubicar el plano de equilibro en una posición nueva que beneficie a los sectores económicos que representan en perjuicio de la población general y las cuentas del Estado.
Como ese es el objetivo de la derecha, y lo tienen claro, el resto es un problema metodológico: cómo lo hacen, con qué base de sustentación, en cuánto tiempo, echando mano a cuáles instrumentos y a cuánta represión. Pero caminan hacia ahí y en eso son indistinguibles, por más que sobreactúen sus diferencias, más por un problema de egos y cargos que por hondos debates ideológicos.
Mientras tanto, el Frente Amplio propone continuar en un rumbo que le ha dado resultado a Uruguay en todos los indicadores sociales, desde los índices de pobreza hasta los de mortalidad infantil. Desde la macroeconomía hasta la microeconomía y las políticas sociales. No hay ningún motivo objetivo para abandonar esta estrategia democrática de cambio, que además ha tenido la virtud de expandir derechos y producir el período de crecimiento y redistribución más importante de la historia.
Uruguay es un ejemplo que miran hoy los pueblos de América Latina, ejemplo de paz, de civilidad, de democracia, de justicia social, de tolerancia, de derechos colectivos e individuales. Solo por el concurso de una sostenida propaganda de los operadores del poder económico, no se han alcanzado mayores consensos. Con todo, de forma cierta, casi la mitad de la población y la inmensa mayoría de los jóvenes tienen claro lo que se ha hecho y lo que se ha conquistado. A 15 años de la primera victoria, el Frente es la fuerza política más grande y más sólida de Uruguay, va a volver a ganar este domingo y la única incertidumbre es si le darán los votos para obtener mayorías parlamentarias en una o en ambas cámaras. Semejante respaldo después de tanto tiempo y tanta propaganda en contra nos dice algo sobre nuestro pueblo, pero sobre todo nos dice algo sobre lo bueno que ha hecho la izquierda en nuestro país. El domingo no será una elección más, y hay que ir a votar, serenos y serenas, con alegría, con el pensamiento en el futuro, y con el corazón repartido entre la suerte de nuestro pueblo y la desolación de nuestros vecinos.