Uruguay es una isla
Mientras observamos en tiempo real cómo Argentina y Brasil se sumergen en una ciénaga de inestabilidad económica, política y social, caracterizada por economía de ajuste extremo, sobreendeudamiento, privatización de recursos, deterioro de las condiciones de vida de la gente, persecución de opositores, tormentas cambiarias, riesgo real de cesación de pagos, despidos masivos, recesión y, aun peor, destrucción de la riqueza, caída de la economía, conflictos sindicales, huelgas universitarias, aumento explosivo de la pobreza, inflación galopante, tarifazos astronómicos, militarización de la seguridad, saqueos, censura de medios críticos, congelamiento de los presupuestos y pedidos de rescate desesperados al Fondo Monetario Internacional, nuestra pequeña comarca incrustada en el medio de los dos gigantes resiste pacífica e inquebrantable como una aldea gala gracias a 13 años de políticas acertadas del Frente Amplio y, muy especialmente, a la sólida conducción económica que, más allá de matices y reproches, ha sido particularmente exitosa y en muchos componentes esenciales desacopló al país de los vaivenes del vecindario. A esta altura a Danilo Astori habría que llamarlo Astórix.