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Columna destacada

VAR, deporte y cultura humana

Por Rafael Bayce.

En los últimos días, observaciones del VAR han contribuido a fallos arbitrales que han influido de modo especialmente importante en resultados de partidos por la Copa Conmebol Libertadores de Fútbol. Los resultados han afectado intereses clubistas y orgullos nacionales; es esperable, entonces, que, tanto los árbitros de cancha como los de VAR hayan recibido múltiples críticas, la mayoría equivocadas en sus contenidos, más que nada provocados por el nacionalismo de los periodistas deportivos que defienden su camiseta y sus audiencias, y por su insuficiente formación que los lleva a razonar sin lógica y sin panorama histórico. Me temo que todo esto resulte en una gran confusión pública en torno a la relación entre las leyes de juego, las decisiones arbitrales, y la función auxiliar y consultiva del VAR; en especial respecto a la contribución de cada una de estos factores en los resultados deportivos. Haremos una breve enumeración comentada de los errores más comunes cometidos por los periodistas deportivos, con grave daño de la opinión pública deportiva.

 

Uno: ‘El VAR desnaturaliza el fútbol’

Antes que nada, ¿cuál es el fútbol que llaman de ‘natural’, que sería desnaturalizado por el VAR? ¿Y qué aspecto del VAR desnaturaliza a cuál rasgo supuestamente ‘natural’ del fútbol anterior al VAR?

En general, nunca lo dicen explícita y concretamente; solamente se quejan en esos términos cuando algún fallo adverso ha perjudicado su orgullo e intereses. Sin embargo, de la acumulación de gritos al cielo podemos sacar alguna observación común a ellos, que sería algo así como que ‘el VAR percibe distancias e infracciones que normalmente no se perciben’; por eso el juego que resulta de la hiper-agudeza sensorial del VAR sería ‘otro’ juego, donde pueden penalizarse, o no, posiciones adelantadas que los árbitros de campo no apreciarían; y se focalizarían infracciones en el juego y en los córners que serían ‘vivezas’ del juego de siempre, infracciones que convendría conservar en aras de una supuesta naturalidad virginal a respetar.

No podemos discrepar más radicalmente con estos conceptos y con los valores y juicios que hay detrás de ellos. Porque, en primer lugar, no hay fútbol ‘natural’. El fútbol es ‘artificial’, como todos los juegos modernos, que no eran parte de la cultura dentro de la cual se desarrollaron a través de un larguísimo proceso de ensayo y error, y sobrellevando nutridas discusiones. La ley del offside, por ejemplo, tiene su primera versión en 1863, y tiene importantes modificaciones que van conformando lo que es hoy en 1866, 1907, 1925, 1990, 2005, 2006, 2015, 2016 y 2017. ¿Cuál de esos fútbol es el ‘natural’ a conservar? O es el fútbol-rugby indiferenciados anterior a 1863 pero posteriores al ancestro común que se jugaba desde el Renacimiento, el hurling, que ya postulaba un offside primario, fuente de inspiración de las reglas de conducción y ubicación del rugby, modificadas con creatividad en el fútbol, para una mejor diferenciación con el rugby, objetivo que explica muchas leyes de juego del fútbol, tales como el hand. Tratar de conservar la imprecisión de árbitros principales y de líneas con su simple vista y las infracciones disimuladas frente a la mucho más objetiva y segura precisión del VAR es ir no solo contra la evolución del fútbol, sino la de todos los deportes, ambas parte de la evolución de la cultura humana, Homo faber potenciado por el Homo sapiens en la tecnología, que permite la superación del equipamiento ‘natural’ de los sentidos.

Así como con lentes superamos incapacidades y patologías heredadas, congénitas y adquiridas, así como con microscopios podemos visualizar pequeñeces que nuestros sentidos ‘naturales’ no ven, y con telescopios lo tan alejado que no se distingue con nuestro equipamiento visual ‘natural’, así también los deportes se han ido convenciendo de que la determinación del orden de los clasificados y la seguridad de un fallo relevante no pueden dejarse librados a los sentidos puramente ‘naturales’ de jueces, aun especializados. Así aparecen las líneas y las cintas de llegada, las huellas de lanzamientos y saltos, el photo-finish en atletismo, los sensores en esgrima, las cámaras submarinas en natación, los relojes electrónicos y digitales en básquet, y las filmaciones de las líneas en tenis. Toda esta tecnología mejoró la justicia y precisión de los resultados, y -muy importante- el mejor seguimiento de las reglas de los deportes. El VAR en el fútbol aspira, y ya lo ha hecho, a superar la vista de los árbitros de cancha, mejorando la precisión de los fallos, la justicia del deporte y el cumplimiento de las reglas, en especial el fair play, cuya violación añoran tanto los que critican que el Var sancione cosas que son parte de la viveza del fútbol, en clara apología de las infracciones. No solo en los deportes, sino en toda la vida y civilización humana, la superación de la naturalidad recibida es una marca definitoria de la capacidad y habilidad humanas frente a los demás seres vivos. El hombre es ’naturalmente’ modificador de la naturalidad; ni las ciudades, ni los vehículos, ni los medicamentos, ni la ropa, ni la comida, ni mucho menos su evolución son ‘naturales’ ni respetuosos de la naturalidad recibida como ancestro, aunque puedan parecerlo a ignorantes de la historia, de la cultura y de la tecnología. El hombre es, ‘naturalmente’, irrespetuoso de la naturalidad recibida, -lo ha dicho explícitamente Marx- que cambia en aras de una mejor funcionalidad adaptativa, de una mejor autonomía de los determinismos, y de una mejor implementación de sus buscados fines; negarse a mejorar todo esto en aras del supuesto respeto a la ‘naturalidad’ actual es esencialmente anti-humano, in-humano; además, la supuesta ‘naturalidad’ a defender ya es la superación artificial de otra naturalidad anterior, tan artificial como todas las naturalidades anteriores, salvo una inidentificable ‘naturalidad’ primigenia, coetánea a la aparición de la humanidad en el cosmos.

No hay un ´fútbol natural’ que se pueda defender como tal hoy; el actual es una artificialidad que sucede a otras tantas artificialidades, para nada ‘naturales’, todas ellas incorrectamente e ideológicamente ‘naturalizadas’ (Bourdieu) como tales, no siéndolo. Es tan artificial un fútbol con Var como lo fue el que siguió a la invención de los jueces de líneas –line-men– para ayudar a los jueces principales a visualizar lo que ocurría en las líneas periféricas y en las interiores. Cuál off-side es el ‘natural’: el de 1863, el de 1866, 1907, 1925, 1990, 2005, 2006, 2015, 2016, 2017? El silbato arbitral es una artificialidad que vulnera la naturalidad virginal de arbitrajes que debían llamar la atención de los jugadores a grito pelado para no ofender la naturalidad del juego; esa tecnología inhumana del silbato, como si fuera un policía, no violó la naturalidad del fútbol como la violaría el VAR? Y los banderines de córner, y los sofisticados botines, y las camisetas aerodinámicas y anti-sudoración? Y los campos de juego, de césped artificial y mixtos, son ‘campos naturales’ como los ‘campitos’ o la playa, que se riegan para conservar y darle velocidad artificial al juego? Y la constante variación de los balones? Y las tarjetas de advertencia y expulsión? Y las planillas y anunciadores de cambios electrónicos? Y las ambulancias, desfibriladores, auxiliares en general? Todo esto sería ‘natural’ para los acusadores del Var como atentatorio a la ‘naturalidad’? Siga usted, lector, la lista de falsas naturalidades y constante superaciones de ellas; es casi infinita; como las ciudades, los submarinos nucleares, los cohetes espaciales, los automóviles, los puentes, toda la siempre cambiante cultura humana a través de las civilizaciones.

El VAR, cuyo funcionamiento y coordinación hay que mejorar, -por fallas de los jueces de cabina y de su coordinación con los de cancha-, está en línea con los progresos de los deportes, buscando mayor precisión de posiciones y mediciones, y con ellos la justicia y deportividad. Esta semana, en Nacional-Villa Española, ni el árbitro ni el línea vieron que Bergessio estaba habilitado cuando lo sancionaron como en posición adelantada fuera de juego. El VAR los corrigió. Y en este partido el error arbitral de cancha no hubiera alterado mucho el resultado deportivo; pero en muchos otros sí que podría alterarlo. Y por eso debe mejorarse, y nunca eliminarse, en aras de ‘naturalidades’ propuestas por ignorantes de la historia humana, poco conscientes de los que están diciendo y de los antecedentes de los que nada saben ni mencionan. Es claro que el VAR se puede equivocar, no la tecnología en sí sino sus operadores humanos; pero la aplicación es mejorable; y es seguro que se van a equivocar menos y verán más detalles que los árbitros de cancha. Es parte de una evolución de la cultura y civilización humana, que los deportes han acompañado, y también el fútbol, que no tiene por qué contrariar ahora con el VAR.

Un ejemplo de criterio de registro por el VAR de los off-sides: hay que empezar determinando en qué fotogramas queda documentado el instante en el que el pasador envía la pelota al receptor cuya posición debe evaluarse; luego, recién luego, habría que ver qué registros de la posición del receptor son simultáneos con el golpeo de la pelota por el pasador; y no olvidemos que cualquier fotograma es un corte en dinámicas continuas, que abarcan varios fotogramas sucesivos; lo más importante, para preservar la letra y el espíritu de la evolución de ley del off-side -fundamental en la especificidad del fútbol respecto del rugby y del común ancestro del hurling– es determinar la ‘posición adelantada’ del receptor, básica para su calificación o no como ‘fuera de juego’, como simultánea al golpeo del balón por el pasador. Y esta simultaneidad de la posición del receptor con el golpeo del pasador es muy difícil de apreciar por los árbitros de cancha, porque la simultaneidad es muy breve, y porque la distancia visual entre el golpeador y el receptor es muchas veces inabarcable en un mismo golpe de vista por los árbitros de cancha. Solo el VAR permite, hoy, una precisa determinación de ‘posiciones adelantadas’ y de ‘off-sides’; pero como críticos e hinchas tampoco podían abarcarlos recién hoy, con los registros del VAR, pueden discutirse con objetividad documentada. Sin hablar de la agudeza de registro y medición necesarias como para determinar una ‘posición adelantada’, sea ella o no ‘offside’, en función de varios criterios que se han ido construyendo desde 1863, a través de varias ‘naturalidades’ impuestas, tan artificiales todas como la que se pretende invalidar por tal con el VAR.

 

Dos: ‘no se pueden cobrar offsides por solo unos centímetros’

Solo cabezas poco dotadas o desvergonzadamente parciales pueden argumentar esto; ya los veremos mostrando airadamente las rótulas adelantadas cuando sean las de rivales, y no de jugadores de Boca, las que pueden ser acusados de fuera de juego por adelantados. La hegemonía argentina en la programación deportiva de cable contamina lo que toda la región recibe. Afirmar que cobrar una posición adelantada, que se señala por el VAR en virtud de una parte del cuerpo indetectable al ojo arbitral humano, es desnaturalizar el fútbol es, en realidad, pretender eliminar justamente los medios de hacer justicia a las reglas del juego. La regla del off-side no dice cuántos milímetros o centímetros deben estar adelantados para constituirlo. La regla dice que cualquier parte de la cabeza, el cuerpo o las extremidades inferiores que esté adelantada, (no manos ni brazos) puede constituir off-side si reúne otras condiciones para serlo. Que los árbitros de cancha no tengan un equipamiento sensorial tan agudo como la tecnología del VAR para apreciar detalles no significa que esa tecnología deba ser eliminada; al contrario, debe ser preferida, justamente porque mejora la percepción, evaluación y justicia de los arbitrajes como aplicadores del reglamento y defensores de la deportividad. A quién se le ocurriría invalidar una observación de una bacteria porque está detectada por una tecnología microscópica que no es una observación ‘natural’; o negar el planeta descubierto por un telescopio porque ve mucho más que los que los astrónomos que los manipulan. ¿Negamos lo que nos dicen nuestros lentes de aumento, porque no son ‘naturales’? ¿Por qué negar al Var por no-natural y destructor de la naturalidad si lo que creemos natural tampoco lo es, y si la alteración de la naturalidad es esencial a la naturaleza humana? ¿Si ve más, es peor? Qué ignorancia y qué estupidez.

 

 

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