Vargas Llosa, arropado en su residencia madrileña, no sale de su asombro. “¿Dónde fallamos?”, le pregunta a sus amigos José María Aznar, Luis A. Lacalle y Julio M. Sanguinetti.
Hace algunas semanas, fue entrevistado por el diario madrileño El País. Confinado entre libros, Vargas Llosa habló y no se alejó un ápice de sus convicciones. Pero sus declaraciones dejan entrever una cierta incomodidad en cuanto a la fundamentación liberal y anti-Estado que tanto pregona. El escenario de pandemia parece desencajarlo.
“Con el progreso creímos dominada la naturaleza”, dijo en el inicio de su desorientación.
Claro, para Vargas Llosa lo que él llama “progreso” es la libertad, el libre mercado, la iniciativa privada por encima de la acción del Estado y el bien común. (Habría que ver qué es el “progreso” o qué significa y que alcances tiene ese vocablo).
“Nos habíamos confiado en que el progreso había traído tantos beneficios que ya no habría sorpresas desagradables. ¡Pues no! Las sorpresas desagradables están a la puerta”, agrega, sorprendido.
Un liberal es un antidogmático, por definición. El problema es que la ortodoxia liberal se crea su propio dogma y eso es una casa sin luz ni ventana.
Por aquí en Uruguay hay similares incomodidades. Varios economistas -aduladores del liberalismo ortodoxo- tienen severas dificultades para entender la situación y muerden el freno cuando se anuncia que el Estado o los Estados deben tener una actitud reactivadora fundamental en esta coyuntura.
La desconcertación se agravó cuando el presidente Lacalle -vivo él- dijo que estaba leyendo a Keynes.
Como está-están desconcertados, se les ocurrió escribir un manifiesto liberal con las firmas arriba mencionadas. Y no me van a creer: en el manifiesto mencionan a Cuba y Venezuela. ¿De no creer!
Igual ese documento no tuvo mucho eco: Angela Merkel, una de las líderes mundiales más relevantes en estos momentos, propuso que el Estado asista a Adidas.
Causa gracia cómo los economistas liberales ortodoxos uruguayos se sientan frente al televisor, con tapabocas y la biblia, para escuchar al presidente Lacalle como interviene en el mercado desde el Estado.
El pasado martes 26, Vargas Llosa tuvo un pico de presión. Sus médicos no encontraron razones para esos niveles de presión sanguínea, hasta que la esposa del escritor peruano encontró una información que estaba en la pantalla del notebook del escritor: “El Banco de España aboga por intervenir el mercado del alquiler”.