¿Cuál es su opinión sobre el proceder de la izquierda a la hora de conformar una fórmula presidencial?El Frente Amplio tiene que incorporar como algo natural que en este cambio de liderazgos también va a haber lideresas, es decir que va a haber también mujeres. Tiene que incorporar que el tema de género no es secundario, sino que es un tema transversal a todo el desarrollo que nosotros tenemos para defender una democracia igualitaria, participativa y distributiva en forma justa.
El Frente Amplio tiene que aprender que el 52% de la población de Uruguay son mujeres. Tiene que aprender que esta pandemia ha castigado a toda la población, pero con especial énfasis a las mujeres jefas de hogar. Debe aprender que no solo estamos para juntar las firmas, sino que estamos también para subir a las tribunas, para dar discursos, para entender la realidad y poder agarrarnos de las manos hombres y mujeres, para transformar esta sociedad en algo más igualitario y justo.
Las mujeres no somos un adorno de torta en la fórmula, somos una parte activa del pensamiento crítico de las fuerzas sociales de este país.
Siempre reconozco que Rodrigo Arocena plantea que la revolución del siglo XXI va a ser feminista y ambientalista. Ya estamos a 21 años del siglo XXI y es hora de que pongamos las barbas en remojo y aprendamos que la paridad no es una dádiva, sino que es una acción política proactiva para mejorar la sociedad en la que queremos vivir.
Ha estado presente siempre históricamente. Parto de la base de que el patriarcado atraviesa las sociedades occidentales. Es un logro de los movimientos feministas que en esta última elección en Uruguay hubiera fórmulas paritarias para disputar la presidencia.
La decisión del FA incidió en la propia oposición, que también terminó presentando una fórmula paritaria. Pero eso no alcanza.
Por otra parte, la paridad debe ser reconocida en todos los ámbitos, en lo público y en lo privado. En lo político, y en los ámbitos no políticos. Tanto en los académicos como en los laborales.
A esta altura seguimos hablando de que las mujeres tenemos diferencias salariales, y pese a tener mayor formación, pocas veces llegan a cargos de dirección o conducción. Son muy pocas las que cruzan el famoso techo de cristal.
La sociedad toda tiene que dar este debate, pero en especial la izquierda, que debe asumirlo como propio. Si creemos en la igualdad, si pensamos que todos los ciudadanos y ciudadanas tienen los mismos derechos, tenemos que reflejarlo en nuestras acciones y en nuestras estructuras.
En este proceso electoral que definirá la nueva elección del Frente Amplio, debe concretar la paridad en forma real y no de un modo meramente discursiva.