Volver millones
El 11 de abril de 2002, el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se encontraba rodeado en el Palacio de Miraflores junto a un grupo de sus más inmediatos colaboradores. Un golpe de Estado lo había desplazado del poder ese día y el cerco de los golpistas se cerraba sobre el presidente, decidido a resistir contando apenas con un puñado de hombres de la guardia presidencial. Todas las comunicaciones del Palacio habían caído o estaban intervenidas y nada permitía abrigar esperanzas ya no de mantener la presidencia, sino de conservar la vida. En esas circunstancias que a Chávez le harían recordar el martirio de Salvador Allende, el presidente venezolano recibió una llamada a un teléfono celular que mantenía la señal activa: era Fidel. En sus “Cuentos del Arañero”, Chávez recordó el diálogo que mantuvo con el comandante en jefe de la Revolución cubana: “Recuerdo las palabras de Fidel. Él no nombró a Allende en sus palabras, pero yo sabía que me estaba hablando de Allende porque Fidel vivió el drama de Chile y el golpe, y el dolor de saber y de ver muerto a Allende, y perseguido y dominado el pueblo chileno, la Revolución chilena […] Entonces esa noche del 11 de abril, cuando el golpe, me dijo: ‘No hay mucho tiempo de hablar, Chávez’. Me preguntó varias cosas: ‘¿Cuántas tropas tienes? ¿Cuántas armas tienes?’. Dónde esto, dónde está aquello, bueno, y él pensando allá con su experiencia. Y me dijo: ‘Una última cosa te voy a decir, no te inmoles, que esto no termina hoy’”.