Involuntariamente recordé a Luigi Pirandello y a la que tal vez haya sido la obra precursora del teatro moderno: «Seis personajes en busca de autor». En la misma, mientras se desarrolla una obra, los personajes representados surgen desde el púbico, suben al escenario y cuentan su verdadera historia, la que iba más allá de su presencia figurada, la que aportaba detalles desconocidos, la que los rescataba de su condición de desaparecidos o -mejor aún- de transfigurados.
Pero esta vez eran 196 personajes los que buscaban un autor, los que querían trascender su condición de transfigurados para aproximarse a su verdadera historia, narrada por ellos, sin mediaciones.
Hoy, por primera vez en 25 años, la marcha del silencio no fue convocada y un pueblo se llenó de congoja. Le habían cortado las alas a la esperanza. Sin embargo, desde las primeras horas del día se percibió que no sería así. El camino de tierra que llevaba a la feria estaba surcado por minúsculos cartelitos con la margarita y la consigna «Verdad y justicia. Nunca más terrorismo de Estado», plantadas allí por manos anónimas. Las mismas margaritas colgaban de los balcones y las rejas y la marcha del silencio dejó de estar concentrada en la superficie de 18 de julio para capilarizarse a todo el país, liberando inventivas personales o de grupo, trascendiendo la épica de una forma que amenazaba con transformarse en fórmula, para fragmentarse creativa y emotivamente en todos los rincones de la ciudad.
Ciertamente, detrás de este milagro, hubo cinco artistas, y hay que mencionar sus nombres: Annabella Balduvino, Ricardo Gómez, Federico Panizza, Pablo Porciúncula y Elena Boffetta. Ellos fueron los artífices gráficos de esa resurrección. Fueron rodeados de un equipo que durante 196 días y noches reconstruyó la peripecia vital de los personajes devenidos en protagonistas, aquellos que fueron el público silencioso que colmó el anfiteatro con su silencio.
Esta mañana, más que en ningún otro momento, los personajes fueron dotados de corporeidad y nos interpelaron desde las sillas del anfiteatro «Pepe» D’Elía. Algo comenzó a cambiar, tal vez sin que nos hayamos dado cuenta.
Hoy, a la hora 19, en las calles, desde las ventanas se escuchará el nombre de cada uno de esos 196 hermanos y una multitud dispersa dirá «! Presente !»desde calles y balcones. Tal vez encuentre oídos receptivos en quiénes fueron fotografiados cobijados por manos amigas en las sillas del anfiteatro.