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A seis meses del acuerdo con la Unión Europea, las ventas a Europa crecen pero las preferencias casi no se usan

Uruguay exportó US$ 860 millones al bloque europeo entre mayo y setiembre, 12% más que un año antes. Solo US$ 38 millones ingresaron con los beneficios del tratado.

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea cumplió seis meses de vigencia provisoria, que comenzó el 1 de mayo. El Ministerio de Economía y Finanzas difundió un balance preliminar del período, con resultados que van en dos direcciones.

Por un lado, las exportaciones uruguayas a la Unión Europea crecieron. Entre mayo y setiembre sumaron US$ 860 millones, un 12% por encima del mismo período del año anterior. El dato se destaca porque, en esos mismos meses, las exportaciones totales del país cayeron 1,5%. Europa ganó peso como destino en un año en que el resto de los mercados no acompañó.

Por otro lado, el uso de las ventajas del acuerdo fue mínimo. De esos US$ 860 millones, apenas US$ 38 millones, alrededor de 4%, se exportaron aprovechando las preferencias arancelarias. El resto entró a Europa en las mismas condiciones que antes de que el tratado empezara a regir. Por ahora, entonces, la mayor parte del aumento de las ventas no puede atribuirse a las rebajas de aranceles.

Acceder a esos beneficios tiene requisitos. Las empresas deben tramitar certificados de origen que prueben que el producto cumple las reglas del acuerdo, y en varios rubros las preferencias están sujetas a cuotas que hay que gestionar. Para las grandes exportadoras, con equipos dedicados al comercio exterior, ese aprendizaje es más rápido. Para las pequeñas y medianas empresas, que son las que más podrían ganar con nuevos mercados, el trámite puede ser una barrera concreta.

Ahí aparece un espacio para la política pública. Seis meses es poco tiempo y es esperable que el uso aumente, pero el ritmo dependerá en buena medida de que el Estado acompañe con información, capacitación y asistencia técnica, a través de organismos como Uruguay XXI y en coordinación con las cámaras empresariales. Sin ese apoyo, el riesgo es que los beneficios del acuerdo queden concentrados en pocas empresas y en los productos que ya se vendían a Europa.

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