Además fue ampliamente compartido que cuando las mujeres van acompañadas por hombres no sufren tanto acoso que cuando caminan solas. Con respecto a los hombres, muchos aceptaron la dificultad a la que se enfrentan a la hora de reaccionar ante actitudes de acoso callejero de las que son testigos, pues implica aparentar menor virilidad, menor masculinidad.
La parte complicada de toda esta cuestión es establecer los límites de los llamados ‘piropos’. Asegura la entrevistada que el problema no es el piropo, sino salir a la calle y que todos los días alguien «piropee»: «ellos lo dicen una vez, nosotras lo escuchamos cada cuadra», afirma. Además el acoso no es una forma de acercamiento posible, sino que es la instancia adecuada para que los hombres puedan «demostrar poder».