Para Bandeira, profesor de Infectología en la Facultad de Tecnología y Ciencias de Salvador (noreste de Brasil), aunque hay algunas regiones del país que presentan una estabilización de los casos, en muchas todavía están en aumento y la flexibilización se traducirá en un rebrote en los próximos días.
«Veo con preocupación las aperturas que se están haciendo, porque tienen un coste, la logística que exigirían para funcionar es tan compleja que no creo que nuestras ciudades la tengan, así como no la tuvieron para acoger todos los casos en la red básica de salud, sin contar con todas las personas que murieron en casa», agregó.
Bandeira puso como ejemplo el estado de Sao Paulo, que con los hospitales de campaña instalados logró aumentar la capacidad hospitalaria y con ello, reducir el impacto del virus en el sistema sanitario de la región, la más afectada por el virus en el país.
«La ampliación en el sistema de salud de Sao Paulo mostró que con el aumento de camas, una asistencia mayor y una descentralización de las pruebas se redujo el impacto del virus en la salud. La tasa de ocupación de camas de Unidad de Tratamiento Intensivo (UTI) ha bajado de más del 90 por ciento hasta el 78 por ciento en región metropolitana y 68 por ciento en todo el estado», destacó.
El experto indicó que en las ciudades se puede observar una aglomeración de personas en los comercios y si no se consigue controlar los números, «tendremos que retroceder y esto acabará afectando todavía más la economía y las personas», aseguró.
Bandeira alertó además que los casos del COVID-19 se están desplazando hacia el interior del país.
«En la región norte hay una disminución de casos, pero hemos observado en el centro-oeste una progresión del virus en áreas donde no se prepararon bien. Allá tendremos más casos graves, en zonas muy lejos de los grandes centros urbanos. Es importante que todos los poderes se organicen para evaluar la ruta de transmisión de la enfermedad y así garantizar una asistencia digna, ética y humana a esta población afectada», indicó.
«Si estos pacientes (del interior) evolucionan con una gravedad mayor, estarán muy lejos de los centros médicos, y esto requerirá una logística de transporte de pacientes en avión, como hizo Francia, algo que Brasil no puede hacer. La cuestión de la interiorización de los casos es muy grave», concluyó.
Según el último balance del gobierno brasileño, el COVID-19 ha dejado al menos 51.271 muertos y 1.106.470 casos confirmados en el país.