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Arte y cultura | adela casacuberta

Adela Casacuberta, artista plástica: "Los hongos tienen todo para enseñarnos sobre cómo trabajar en conjunto"

Adela Casacuberta, referente de las artes plásticas, conversa sobre sus procesos creativos y cómo los hongos pueden resignificar la noción de autoría.

Desde una práctica que transita el color, la cerámica y la instalación, Adela Casacuberta ha construido un territorio propio donde la materia se vuelve pensamiento sensible. Nacida en México y radicada en Uruguay desde hace más de una década, su obra dialoga con ambas geografías: la intensidad sensorial y la contemplación introspectiva.

Formada en arte y diseño, su trabajo se despliega entre la docencia, la experimentación plástica y la reflexión sobre los vínculos entre cuerpo, técnica, fragilidad y potencia. En sus piezas más recientes —donde el barro y los hongos se expanden como formas de vida— la artista compone un lenguaje en el que lo orgánico y lo simbólico conviven en las artes plásticas sin jerarquías.

Dice que “gran parte del trabajo se trata de equilibrar cosas hasta formar la figura que querés, sabiendo que muchas se van a romper”. Esa afirmación, lejos de sonar como un gesto romántico, condensa una ética de la reconciliación con la fractura. En su obra, el autorretrato y la autoficción no son ejercicios de introspección narcisista sino ensayos sobre la vulnerabilidad compartida y las posibilidades de crecer colaborativamente. El cuerpo —presente en la obra incluso cuando parece ausente— es el territorio donde la materia y la emoción se reconocen: amasar, cortar, rasgar o pintar son, en ella, gestos vitales antes que recursos formales. La enfermedad, asumida como una condición existencial más que como un límite, ha reconfigurado su manera de percibir y de trabajar, abriendo un espacio de colaboración que resignifica la noción de autoría.

Conversar con ella en el Montevideo de hoy implica detenerse a pensar en la creación como un acto de interdependencia. Su obra nos devuelve preguntas urgentes sobre lo que los cuerpos recuerdan y lo que la materia enseña. En un tiempo donde la velocidad amenaza con vaciar de sentido los gestos, su trabajo reinstala la posibilidad de una lentitud creadora: un modo de mirar, sentir y hacer que, desde la belleza de la demora, imagina formas nuevas de ser y permanecer.

En el episodio #22 de Atardecer naranja conversamos con la creadora sobre sus procesos creativos y cuánto pueden enseñarnos los hongos sobre el trabajo en conjunto y lo cooperativo. Todos los jueves a las 18 hs, conversaciones con artistas y personas vinculadas a la cultura por los canales de streaming de Caras y Caretas.

Embed - Atardecer Naranja #22. Adela Casacuberta

Naciste en México y vivís en Uruguay hace tiempo. ¿Cuánto hay de esas geografías en tu obra? ¿Cómo se vinculan?

Las dos geografías se vinculan en mi obra, profundamente. Nací en México y estudié ahí, viví la mitad de mi vida ahí, donde todo es muy intenso, los estímulos, los sabores, los olores, las noticias, las montañas. Y vivo acá desde los 23 años, la otra mitad de mi vida. Y hay una sobriedad en los estímulos muy importante, me parece que da otro espacio mental como para la contemplación, o la reflexión, o la nostalgia, no sé. Otra calma en el paisaje también, sin duda. No es que piense en las geografías a la hora de crear, pero sí que me han tenido en momentos diferentes de la vida. Como que mi vida es diferente viviendo allá y viviendo acá. Somos dos personas diferentes que han aprendido cosas diferentes.

¿Qué es el color para vos? ¿Qué es la forma? ¿Siempre van juntas? ¿A veces aparece primero uno y después otra?

El color en mí está desde siempre y creo que tiene que ver con México directamente y con la intensidad de esos estímulos.

El color que más me gusta es el rosado y tiene que ver con mi infancia y con recuerdos de lo que deseas cuando eres niña, que no necesariamente es lo que tienes, pero es lo que te gustaría ser. Yo lo ato como sentimentalmente a eso. Después me parece un acto casi de rebeldía, medio punk, usar rosado cuando es tan cuestionado y tiene tantos estigmas. Me parece rebelde usarlo.

Capaz que mi primera relación con las artes visuales es la pintura y es mi forma de pensamiento. Cuando voy a componer, cuando estoy pensando, siempre es en forma pintura. No necesariamente lo que hago son cuadros, pero la pintura es como mi forma de pensamiento. No la pintura que representa algo, sino que me gusta apilar manchas de pintura que se van combinando. Y ese apilar manchas de pintura me fue llevando a apilar manchas de otras cosas, de pasto, de platos, de ojitos. Y ahí se fue construyendo de a poco un lenguaje cada vez más escultórico o instalativo.

Las artes plásticas, la obra y el cuerpo

En un video sobre tu trabajo decís que gran parte se trata de equilibrar cosas hasta formar la figura que querés. Y es interesante saber que en el camino se van a caer y romper muchas, pero que hay que saber reconciliarse con la fractura. ¿Cómo sentís que trabajas esa tensión entre la armonía y la fractura?

Es una tensión vital, no solo mía, sino de todo el mundo. Las cosas se arman y también se rompen, pero hay que saber que está bien, que es parte de la cosa. A mí se me caen las cosas y se me rompen, pero es lo normal, a todo el mundo se le caen las cosas y se le rompen. No debe ser traumático, va a ser así. Tengo muy poco control de lo que puedo hacer. No es que quiero hacer este gesto y va a suceder. Va a suceder lo que va a suceder. Dibujar me gusta más ahora que antes, justamente porque no tengo ningún tipo de control de lo que va a pasar. Capaz que antes estaba más la frustración de no estar dibujando como querrías, y ahora ya es un hecho, no voy a dibujar nunca como querría. Entonces, en realidad lo divertido es encontrar qué es lo que va a hacer mi mano o el papel, o la tinta, mucho más allá de mis deseos.

¿Cuál es para vos así la relación entre la obra y el cuerpo?

Mi relación con mi cuerpo es como inevitable, por más que trato de hacer la negación todo el día, cada cosa es muy difícil de ejecutar. Entonces en vez de oponerme a esta negación con el propio cuerpo, mejor la uso para trabajar a través de ahí y evidenciarla. Es lo que hay.

Trabajas mucho con el autorretrato, con la autoficción, desde la materialidad de la plástica, del color, del barro. Hay algo de esa materia que reconfigura el trabajo y nos genera preguntas sobre el vínculo entre la vida y la obra, el cuerpo y la obra. ¿Qué sentís que el barro tiene para decir de nuestros cuerpos?

Yo no soy ceramista y me gusta el barro como medio para lograr unas cosas, pero no tengo unas reflexiones muy particulares acerca del barro. Directamente yo no puedo hacer muchas cosas. El barro, casi todo lo que he hecho en barro, es un trabajo que ha hecho otra gente bajo mi intuición o dirección.

Personalmente las únicas cosas en barro que puedo hacer son como unos puñaditos de barro que aprieto con la mano y que me gusta decir que son también autorretratos. Es un autorretrato de la fuerza que tengo en la mano en este momento y no sé por cuánto tiempo, pero retratan eso, una intensidad.

El yeso, el barro, el papel, implican una resistencia física, entonces amasar, cortar, rasgar, pintar son como gestos performáticos en el proceso creativo. ¿Qué sentido adquiere para vos ese hacer corporal en la práctica?

Mi práctica es la computadora, escribiendo, pensando, organizando, siempre tengo ideas muy grandilocuentes y atrás hay una superproducción que hay que llevar a cabo. Y hay unos momentos donde me pongo a crear, pero en realidad son más mínimos que lo que pasa con mi cerebro. Cuando es el momento de hacer, tengo que reconciliarme con lo que puedo hacer, entonces si quiero rasgar un pedazo de papel, es con los dientes, ayudada por objetos. Hay una relación de tratar de resolverlo. He encontrado esas soluciones para poder hacerlo, porque también quiero, también tengo esa necesidad, pero sucede solo por momentos. El trabajo del artista hoy en día es mucho trabajo de papeleo también, de llenar formularios, de redactar proyectos, yo digo que una de las actividades principales es actualizar el currículum, te dedicas a eso muchísimas horas al día, y bueno, por breves momentos también rasgo papel.

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Los hongos, el trabajo en red y las emociones

Cuando hablás de tu enfermedad, la esclerosis múltiple, no lo mencionás como un motivo o un tema en tu obra, sino como una condición de existencia que reconfiguró tu manera de percibir, de trabajar. ¿Qué te llevó a descubrir esto que te pasa y cómo lo cooperativo, lo colaborativo te permitieron configurar una noción distinta de autoría?

Claro, es bien diferente la autoría. Creo que el trabajo más importante en los últimos años, y más evidentemente en la obra de los hongos, es el trabajo en red. Cómo las redes son lo que han permitido la vida, la biosfera, cómo interaccionan hongos y plantas y gases. Y trato de entender los cuerpos como hay muchos autores muy importantes hablando del tema, de entender el cuerpo como algo híbrido que va más allá de tu cuerpo. Mi cuerpo también es mi silla y cómo me relaciono con ella, y los inventos técnicos o las ayudas de otras personas, todo eso es mi cuerpo.

¿Qué te interesa de ese universo orgánico de los hongos en el que el micelio piensa en red? ¿Qué tienen los hongos para enseñarnos en términos éticos y estéticos?

No soy una especialista, soy una admiradora del tema, pero creo que en este momento tan urgente tienen un montón para decirnos.

Los hongos tienen todo para enseñarnos. Todo para enseñar cómo se puede funcionar en equipo, en conjunto, y poniendo todos una partecita de lo que se puede lograr.

Estaba leyendo un libro de hongos de un divulgador muy de moda en este momento, que se llama Merlin Sheldrake, y me iban cayendo una cantidad de fichas y llegó a mi cabeza en ese segundo cómo quería hacer la obra de los hongos rosados. Escribí una carilla, y ese fue el texto que bajó a mí. Fue como muy clara la reflexión y las posibilidades. En una obra anterior, ya había intentado sembrar hongos en mis obras. Yo trabajo con un equipo maravilloso que da cuerpo y posibilidades y talento y aportan una cantidad de cosas nutritivas a mi obra. Y Cecilia Morales tiene una obra personal con esculturas que siembra con hongos también. Dije, “esta es la persona ideal que tengo que invitar para saber cómo sembrar hongos en mis esculturas”. Entonces, le planté la idea, le gustó, sembró hongos en mis esculturas y se tuvo que ir de viaje, me dejó las instrucciones de cómo hacer que crecieran los hongos. Y lo hicimos con mi familia, pero somos medio inútiles para estas cosas. Cero constancia, pedirle a los niños que rieguen, no funcionó tanto. Igualmente los hongos crecieron, crecieron unos días antes de la EXPO. Y hablando con Cecilia, me dijo que capaz que le tendríamos que haber dado menos luz o más oxígeno. Y ahí me di cuenta que también era un proceso hasta cierto punto manipulable. Y se me ocurrió plantear el tema de la fructificación sincrónica, o sea que muchas personas al mismo tiempo, teniendo una escultura en las mismas condiciones, tratemos al mismo tiempo hacer crecer los hongos y funcionó. Así que para la expo en el Museo Nacional de los Hongos Rosados, hubo hongos crecidos sincrónicamente por mucha gente.

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Hay algo interesante también ahí en el pensamiento post antropocéntrico, al correr la figura humana del lugar central.

A mí me encanta el post antropocentrismo y me gusta que esté tan en boga y que haya tantos pensadores planteándolo.

Para mí hay que apoyar la idea de correr al humano del centro, no tendría por qué ser centro de nada, si hay millones de cosas sucediendo al mismo tiempo. Lo veo muy difícil, pero porque somos bien vanidosos. Pero si pusiéramos un poquito más atención a lo que está pasando alrededor, quizás no estaríamos en el desastre en el que estamos metidos.

No tengo una teoría ni una línea clara que deberíamos seguir, pero sin duda que no lo estamos haciendo demasiado bien. Pensar que no somos tan importantes, me parece que sería un punto de partida, por lo menos. Al planeta le da igual, o sea, no es que el planeta sufre. Al planeta le lleva dos segundos a sacarse a los humanos de arriba y ya está, y la vida va a seguir y se va a volver a inventar, y si no son los hongos, van a ser otros. Capaz que deberíamos pensar con más humildad, somos sólo una cosita sucediendo al planeta, no somos el centro de lo que está sucediendo, ni de lo que va a suceder.

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¿Cómo operan las emociones para vos en los procesos creativos? ¿Cuánto tiene tu trabajo de escucharlas, pero también cuánto de contenerlas, de poder trabajar más allá de ellas?

Creo que no podemos escapar de lo que nos está pasando. Personalmente, yo por lo menos he decidido hacer de eso una materia prima. Hace unos años ya, bastantes, 12, 15, me estaban haciendo una nota, y el periodista me dijo, “Genial, hablemos de tu enfermedad”. Como por primera vez en la historia de mi vida, y dije, de ninguna manera, eso pertenece a mi vida privada y no lo voy a hablar contigo”. Me dijo, “¿pero a ti te parece que no nos damos cuenta que estás en silla de ruedas?”. Y hasta ese momento, yo pensaba que todos los demás hacían la negación junto conmigo. No me quedó más remedio que reconciliarme con la idea y empezar a hablar desde el tema. Desde lo que realmente estaba sucediendo. No era que mi emoción al respecto la podía dejar guardada en la caja. La emoción al respecto es el centro de lo que está pasando. Mejor evidenciarlo. Pero tampoco es todo el tiempo. No todo se hace desde la emoción. A veces estoy escribiendo un texto cerebral que tiene que ver con unas ideas y que no es tan importante como me sienta en ese momento. Las ideas se componen de muchas partes.

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