El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el martes (según el senador citado, no está al frente del tema en Estados Unidos -¿?- ): “Yo no voy a poner la salud de gente por encima de la economía de Estados Unidos por el coronavirus porque la gente vive de la economía”. ¿No nos suena? ¿No es lo mismo que dijo Lacalle Pou explicado con mayor franqueza y brutalidad? Es una concepción política. Por eso en Estados Unidos avanza exponencialmente el número de contagiados y en China, donde nació la pandemia, esta ya murió.
El Salvador es un país mucho más pobre que el nuestro. El presidente salvadoreño habló por cadena de radio y TV. Anunció que se suspendía el pago de todas las tarifas, sin generar deuda, hasta que pase la pandemia. Primero, la vida de la gente.
Días antes, aun con la oposición del sector al que pertenece el ministro de Salud Pública y del propio ministro, que, según trascendió, llegó a ofrecer su renuncia, el presidente Lacalle anuncia que seguirá adelante con el aumento de tarifas. Atención, habla de empresas superavitarias que aportan a rentas generales para abatir el déficit fiscal.
El mito del déficit fiscal (que tampoco es el que dicen) es política. Franklin D. Roosevelt, cuando la depresión del año 33, dijo que sacaría al país de la misma en 100 días. Lo logró. ¿Cómo redujo el déficit? No lo redujo, pero ese es otro tema.
¿Qué nos pide la Organización Mundial de la Salud? Cuarentena. La mejor de las economías, que no creemos sea la neoliberal, no sirve de nada si no protegemos la vida de la gente, a la que se le aplicarán las políticas. El gobierno tiene miedo a la catástrofe. La catástrofe ya vino. O corremos detrás de ella o nos paramos adelante para frenarla. Luego, una vez que sepamos cómo quedó el mundo en el que en nos va a tocar vivir, diseñaremos la política que requiera esa nueva realidad.
El desafío, diría Wilson, es entre quienes viven en clave de historia y los que lo hacen en clave de historieta.