Según dijo el mandatario, hasta ahora una persona “preparada no podía ir y volver de un club de tiro con el arma cargada”, a pesar de haber sido entrenada para manipularla en forma adecuada.
En relación a los cazadores, Bolsonaro aclaró que el decreto no legaliza esa práctica, prohibida en el país salvo en el único caso del jabalí salvaje, una especie considerada plaga en algunas zonas de Brasil.
“Nadie está liberando la caza en Brasil, que está reglamentada por una ley” sancionada en 2013 y se limita al jabalí, aclaró el gobernante.
Tras la firma del decreto, Bolsonaro posó para los fotógrafos junto a algunos de sus ministros y parlamentarios, que imitaron un gesto que el gobernante hizo durante su campaña electoral el año pasado, con los dedos pulgar e índice simulando un arma.
El decreto firmado este martes complementa otro dictado en enero pasado, que ablandó las exigencias para la venta de armas a civiles, lo cual había sido una de las principales promesas de campaña del líder de la ultraderecha brasileña, que se comprometió a favorecer lo que califica de “derecho a la defensa” contra la delincuencia.
La liberación de la venta de armas fue uno de los mascarones de proa de la campaña que llevó a Bolsonaro a ganar las elecciones de octubre pasado, en la que aseguró que esa medida le permitirá a la sociedad ejercer “la autodefensa” frente a una violencia que cada año causa en el país unas 60.000 muertes, según datos oficiales.