Fiel a su estilo, Bolsonaro expresó que respalda el proyecto de su hijo, el diputado Eduardo Bolsonaro, para hacer ilegal al comunismo en Brasil y a los partidos que usan ese nombre. “Es nuestro deseo que otras organizaciones que promueven ideologías que defienden el antisemitismo, la división de personas en razas o clases y que también diezmaron millones de inocentes en todo el mundo, como el comunismo, sea alcanzada y combatida por nuestras leyes”, dijo en un texto divulgado por sus redes sociales.
El mandatario de ultraderecha aseguró que el nazismo “debe ser repudiado de manera irrestricta y permanente, sin reservas que permitan su florecimiento, así como toda ideología totalitaria que atente contra los derechos fundamentales de los pueblos y las personas, como el derecho a la vida y a la libertad”.
Lo cierto es que el presidente tuvo funcionarios acusados de nazis como Roberto Alvim, secretario de Cultura que debió renunciar luego de hacer un video inspirado en el ministro de propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels. También es conocido el caso de Filipe Martins, quien fue acusado de hacer un gesto a favor de los supremacistas blancos estadounidenses durante una audiencia en el Senado que estaba siendo televisada.
Desde que asumió el poder el primero de enero de 2019, Bolsonaro se ha comprometido con la “lucha contra el comunismo”, a pesar de que ya ni el propio Partido Comunista de Brasil (PCdoB) se identifica con esa ideología y ha abandonado los postulados marxistas hace décadas. El tono “anticomunista” con el que el mandatario cobija a todas las formaciones de izquierda se enfatizó en los últimos días en sus mensajes, en una clara actitud electoral de cara a los comicios de octubre próximo, donde el líder ultraderechista aspira ser reelegido.