Los días en Hanói fueron, para Russi, inolvidables, entre el montaje de la exposición y los últimos detalles, pero sobre todo en la fascinación por una cultura muy particular. “Me atrapó la historia milenaria de Vietnam, su diversidad de tradiciones, el funcionamiento social, su receptividad”, cuenta Russi mientras trabaja en su taller, ya de regreso en La Paz. “Hay diferentes culturas dentro de Vietnam», señala el ceramista y explica -entre otras cosas y un rico anecdotario- que no es lo mismo Hanói, su actual capital, con unos diez millones de habitantes, que Ho Chi Minh, la antigua Saigón, otra gran metrópolis asiática de doce millones de habitantes.
El artista uruguayo define a Hanói como una sociedad muy abigarrada y caótica, pero organizada. «En los primeros días te llama la atención la cantidad de motos y la gran confusión que se ve en el tránsito y en la ciudad. Vas caminando y por ahí te encontrás con una mujer pelando un pollo para cocinarlo en plena calle. Para nosotros ese tipo de situaciones son un choque. Pero con el correr de los días aprendés a disfrutar de la ciudad, a encontrarle la lógica, y sobre todo la belleza de una sociedad tan diferente a la nuestra. Se percibe una comunicación muy directa entre la gente. Hay una gran tolerancia, y pese a la aparente confusión y caos en el tránsito, los vietnamitas llevan una vida lenta y tranquila”.
Ceramista torresgarciano
Uruguay Russi nació en la ciudad de La Paz, Canelones, en el año 1950. Desde muy chico conecta con los universos expresivos de la cerámica y la escultura. Compartie primero un pequeño taller con el pintor Rubén Sarralde, y en el año 1971 conoce a quien reconoce como su gran maestro y amigo, Juan Cavo, quien lo acerca a las estéticas de Torres García y de Gurvich, dos líneas de creación que dejaron profundas huellas en la obra de Russi.
Tras varios años de ejercer la docencia en Secundaria, en 1977 se recibe de doctor en Medicina, campo en el que desempeña importantes cargos directivos y desarrolla un intenso trabajo con la comunidad local hasta el presente. Desde su retiro parcial de la práctica médica, Russi redobló su apuesta por la cerámica, y señala, sin dar muchos rodeos, que dedica cada rato libre que tiene al trabajo en su taller, ubicado en el fondo de su casa en La Paz.
Base de operaciones. Desde su retiro parcial de la medicina, Uruguay Russi concentra buena parte de la actividad diaria en su taller de cerámica, en la ciudad de La Paz.
Barro y expresión. “Le doy mucha importancia al barro y casi no uso esmaltes. Para la tradición vietnamita, en cambio, la cerámica está jugada al esmalte y el barro es sólo el soporte. Para mí, el barro es la expresión” Foto: A.L.
Camino personal. “Cuando conocí a un amigo y paciente, Cacho Cavo, que fue alumno directo de Gurvich, me di cuenta de que lo que estaba buscando como lenguaje estaba por ahí. Eso también significó y significa no hacer lo mismo que hacía Gurvich ni lo que hacía Cacho. Reconozco sus influencias, pero concentro mi trabajo en construir un lenguaje propio” Foto: A.L.
Del dibujo al barro. “Con Guillermo Fernández, un gran amigo y profesor de dibujo, compartíamos largas horas de espera de tren, de ómnibus, en la época en la que dábamos clases en secundaria. Él veía que yo dibujaba mucho, y un día me dijo: ‘Uruguay, nunca tires lo que estás dibujando… lo que te guste, lo recortás y lo pegás en un cuaderno. Eso algún día me lo vas a agradecer’. A partir de ahí no tiré más nada. Ese material me sirve para luego trasladar las ideas al barro» (U.R.). Foto: A.L.
La dedicación. El trabajo con la cerámica, contó Russi, demanda mucho cuidado y paciencia. Hay que controlar mucho la humedad, el reciclaje de los restos, la preparación de la masa para que luego no se rompa, el diseño de las formas, el tiempo de reposo del material, seleccionar las temperaturas justas del horno. Foto: A.L.