Nacional-Peñarol
Nacional, primer campeón del primer torneo del año y líder inicial del total de puntos anual, ha cedido competencias más recientes y dicho total anual quedó finalmente en manos de Peñarol. Las últimas dos fechas, con el empate de Nacional en San Carlos contra el descendido Atenas y las victorias agónicas de Peñarol frente a Progreso y Defensor le dieron un toque de emoción a la disputa de la tabla anual. A la hora de hacer pronósticos sobre el clásico a disputarse el domingo, partido semifinal entre los ganadores del Apertura (Nacional) y el Clausura (Peñarol), el momento parece psicológicamente favorable a los aurinegros; porque han campeonado más recientemente, porque han revertido la tabla anual, porque han conquistado varios galvanizantes triunfos ‘a lo Peñarol’, mientras Nacional ha perdido relativamente y ha sido eliminado de las otras grandes apuestas que en parte lo fueron debilitando en lo local: la Libertadores y la Sudamericana. Pero, y más que nada en fútbol, partidos son partidos y más aun clásicos son clásicos, tantas veces decidibles por pequeñeces que tienen ondas expansivas emocionales imparables. Deberá haber un ganador el domingo, por lo que un empate en tiempo reglamentario obligará a alargue y penales.
Boca-River
Los dos equipos grandes del fútbol argentino viven en buen momento relativo. River Plate acaba de eliminar al actual campeón de la Libertadores, Gremio de Porto Alegre, mientras Boca Juniors hizo lo propio con el líder hoy del torneo brasileño, Palmeiras de San Pablo. El River de Marcelo Gallardo es un equipo de gran consistencia y frecuente brillantez, con un plantel que puede disimular ausencias y generar variantes: puntas diferentes y complementarios (Pratto, Borré, Scocco, Mora); volantes creativos brillantes (Martínez, Quintero); volantes de balance completos (Fernández, Palacio, E. Pérez); dos buenos de marca (Ponzio, Pisculichi); laterales correctos (Montiel, Casco, Mayada), zagueros aceptables (Maidana, Pinola, Martínez Quarta) y un gran arquero (Armani). Le sobran a Gallardo alternantes de la talla futbolística de Ferreyra y De la Cruz. El Boca Juniors de los mellizos Barros Schelotto tiene un plantel más desbalanceado, con más excedente del medio hacia adelante y menos abundancia del medio para atrás; sin tanto talento en la repentización como River, pero con mucha fuerza y marca en el medio (Nández, Barrios, P. Pérez), mucha velocidad adelante (Pavón, Villa), puntas distintos (Ábila, Benedetto) y medio puntas variados que pueden tener destellos (Zárate, Tévez, Cardona); buenas variantes para alternar (Almendra, Reynoso, Espinoza). Pueden estar en nivel inferior a River los laterales (Buffarini, Jara, Mas, Olaza), los zagueros (Izquierdo, Magallán, Goltz) y el arquero (Rossi), pero quizá pueden imponer mayor altura en pelotas quietas, talón de Aquiles de River. Se juegan dos finales, ida y vuelta en Bombonera y Monumental, en dos sábados sucesivos, 10 y 17 de noviembre.
El derby de Manchester
De mejor pasado reciente el City, aunque de mayor alcurnia futbolística el United. Primero en el torneo actual el City, quinto el United, que debe, al menos, llegar al cuarto lugar para alternar en las copas europeas interclubes. Guardiola, al frente del City, se ha dado el lujo de seguir ganando y goleando, aun sustituyendo a antiguos titulares indudables como Company, Otamendi, Gabriel Jesús, Sané; esperando todavía el regreso del ‘cerebro’ De Bruyne. En cambio, Mo, al frente del United, también dotado de un rico y carísimo plantel, no ha conseguido dar en la tecla o motivar suficientemente a esa joyería, rumoreándonse supuestos conflictos con jugadores como Pogba y Sánchez, por demás probable en ese momento deportivo y entre personalidades como esas. Pero la adrenalina clásica en un derby puede emparejar de facto toda asimetría a priori.
Elecciones parciales en Estados Unidos
En la introducción de esta columna revisamos someramente los cargos que están en danza. De cualquier modo, es parte de la ignorancia de la gente para la atribución de causalidad a los hechos sociales, que a dos años de asumir Trump la administración y gestión del gobierno estadounidense, se tome la evolución de cualquier cosa como producto de su labor como presidente. La ignorancia popular, sumada a la mediática y la sentida necesidad de ambos de simplificar la realidad y sentar opinión en base a fetiches caricaturales y a chivos expiatorios convenientes, está produciendo ahora esta némesis de la política y perversión de la democracia que resultan en un voto ignorante, mal informado por falsedades, falacias y simplismos, más emocional que pensado, más reactivo que construido, más basado en bolazos, rumores, chismes de redes sociales y breves tuits, que en conocimientos, argumentos, hechos con evidencia.
En realidad, Donald Trump es una mera cúpula de una enorme máquina federal, estadual y municipal, con una administración burocrática poderosísima, con culturas y rutinas organizacionales múltiples; en definitiva una sucesión de hechos que dependen más del pasado que de los dos últimos años de golpes de timón, y con una incidencia más fuerte de hechos globales, regionales, internacionales y de organismos globales, internacionales y regionales. No hay ningún político recién asumido, de ningún país, que deba ser responsable ni responsabilizado por lo que ocurre en determinado punto del espacio-tiempo, porque lo que sucede excede largamente a su influencia en esos hechos; por eso, en general, cualquier llamado a sala de un ministro es poco más que una demagógica búsqueda de chivos expiatorios fáciles para ignorantes, prensa y políticos voraces y lactantes teóricos.
Sin embargo, todo el mundo concuerda en que los resultados de esta elección intermedia serán un test electoral condensado de la estúpida evaluación popular y mediática de la gestión de Trump. Y será efectivamente eso, aunque no debiera poder serlo si alguien supiera algo sobre lo que está evaluando. Por eso Trump se puede dar el lujo (como ya lo ha hecho, como Bolsonaro lo ha hecho) de decir que va a hacer algo que no podrá hacer y mantener así la ilusión de fidelidad a su idiota electorado. Por ejemplo, ese decreto para no permitir la nacionalización de hijos de inmigrantes ilegales es tan literalmente inconstitucional que no hay ninguna probabilidad de que no sea anulado como tal.
Es de todos modos un golpe de efecto mediático y en las redes para los cuasi oligofrénicos que ignoran todo lo que no sea eso. Y eso ya está camino a ser mayoría en el mundo: la neoignorancia de los usuarios de internet y sus redes; peor que la ignorancia se puede hablar de una seudoconvicción histérica, hecha de simplismos, falsedades, falacias, chimentos, macaquitos y traumas de psicología profunda encarnados en un cotidiano empoderado para lo peor. Ya veremos qué resulta de la vox populi del soberano. Bullshit.