Hay dos temas centrales en sus expectativas y en que su falta de apoyo parlamentario no cuenta: medioambiente e inserción internacional. El primero de estos temas tiene un impacto social inmediato (poblaciones originarias desplazadas, etc.) y margen de maniobra económico. Recordemos que la UE se negaba a negociar un tratado con el Mercosur por la presencia de Bolsonaro, que había deforestado la Amazonia. Esa política era culpable de 1/3 del efecto invernadero del mundo entero.
O sea, el medioambiente es también un área en que puede asegurarse recursos para financiar políticas sociales. Y también va de la mano de la reinserción internacional. Y esa es la apuesta más grande: sacar a Brasil del aislamiento al que lo sometió Bolsonaro. Valor en sí mismo y generador de ingresos que también ayuden a financiar la inversión social (nunca llamarle gasto, como acá).
En la diplomacia, las señales son tan importantes como el contenido. El primer viaje fue a Argentina; el día antes de la reunión del Mercosur, en la que no asume la presidencia, pero sí un claro liderazgo regional. Luego a Uruguay, donde la trasparencia fue su señal más fuerte.
No insistió -es tan obvio que argumentar es tratar al otro de tonto- en que nos conviene negociar con China en bloque. Solo ofreció su mano para golpear juntos las puertas que Uruguay desee. Pidió que el TLC Bustillo-China espere a que culminen las negociaciones con la UE. Se aceptó, pero no se cumplió.
Al terminar la conferencia de prensa conjunta, dijo: “Ahora tengo que ir a casa de mi hermano de la vida, Pepe Mujica”. No pude ir porque, como ahora, me sigo recuperando de un accidente en diciembre. Pero mirando mi foto con Lula de 35 años, allí me sentí, junto a mis propios hermanos de la vida, como muchos dirigentes del MPP, del FA, y Mario Carrero, con quien junto a otros compatriotas acampamos con los Sin Tierra frente a donde Lula estaba preso. Mario me whatsappeó: “Valió la pena la vigilia”.
Su viaje a China se hizo desear, pero poco. Una infección respiratoria le hizo posponerlo. Pero pocos días después fue, con Dilma, decenas de titulares de segundo y tercer nivel de gobierno (gobernadores, intendentes y alcaldes con proyectos concretos) y 250 empresarios. Renació el Brics -el acuerdo comercial más grande y complementario (Brasil, China, Rusia, India y Sudáfrica)-, congelado por Bolsonaro. Dilma Rousseff asumió la presidencia del Banco Central de dicha región.
El tema de la moneda de las transacciones para ser menos dólar-dependientes, ya que el Banco Central brasileño no es su mejor aliado, hace del nuevo cargo de Dilma un triunfo estratégico. Como lo es también el acuerdo con China de comerciar en la moneda propia de cada uno.
Al otro día llegó Bustillo a China. No tienen idea ni de las formas. Xi Jinping se había reunido con Putin, Macron iniciaba maniobras en Taiwán y en 48 horas recibió a Lula y llegaba Bustillo.
Lula regresó a su tierra. Mientras volaba, la Justicia electoral imputaba a Bolsonaro pudiendo impedirle ser candidato por delitos graves. ¡Felices 100 días, hermano y compañero Lula!