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Columna destacada | exportación

Crónica de una exportación de telenovela

Cuando alguien miente a otra persona se dice que le hizo una cama. Si se ocultan errores a un ministerio estatal, la cama es más grande. Una cama turca no tiene respaldo y es de patas cortas, como la mentira o las exageraciones.

Casi tres mil vacas llevan más de dos meses dentro de un barco que zarpó de Montevideo. Fueron exportadas en pie tras ser compradas por una empresa turca para engorde en ese país. La venta se acordó en mayo de 2025 pero el embarque recién pudo zarpar el 19 de setiembre y todo se complicó al llegar. Las autoridades impidieron el desembarco y el buque quedó fondeado tres semanas. No hubo acuerdo, salió de aguas turcas y navega por el Mediterráneo.

Durante esas semanas de espera frente al puerto de Bandirma empezaron a circular noticias. Algunas daban cuenta de la situación real pero otras comenzaron a tejer una trama en favor de intereses comerciales en disputa. Agencias y medios de comunicación apuntaron al desprestigio de nuestro país en medio de la habitual pelea por mercados y estatus sanitario.

De carne somos

Una primera versión daba cuenta de supuestas denuncias de la importadora turca por haber sido estafada por un pool de 15 empresas exportadoras de Uruguay. La maniobra, consignaban, consistiría en que los animales exportados no fueron los que los importadores compraron en Uruguay. Claro que si uno suma la lista de estafas recientes en el negocio ganadero y sospecha que los empresarios uruguayos del rubro pueden empardar prontuario con los de Conexión Ganadera, o que la estatura ética de la clase terrateniente se equipara con el nivel de un político prepotente, de poncho decorativo e involucrado en intereses opacos de la renta agropecuaria, entonces suena lógico que la conclusión lleve a que ganaderos y exportadores le hicieron flor de cama a unos turcos poco avezados en comprar ganado.

Cuando no se hallaba una salida y la situación se agravaba por el paso del tiempo, algunos medios redoblaron la apuesta contra el prestigio de las exportaciones uruguayas, insinuando falta de controles sanitarios por parte del Estado y traficando sospechas respecto de poder mantener el mercado turco, e incluso de otros países. Abonaban que el más perjudicado podría ser el Estado uruguayo por estar en juego el prestigio de la carne, la trazabilidad ganadera y hasta la seriedad sanitaria en un rubro tan importante de la producción y exportación nacional.

Tal manejo, de medios proclives a glorificar la sagrada libertad empresarial, desviaban la atención hacia los perjuicios a la marca país. De ahí a deslizar que el gobierno no ejerce controles había un paso, insinuando que la cadena de valor recibiría efectos negativos en las ventas internacionales, con la consiguiente repercusión en la producción, el empleo y hasta en los precios. Otra que riesgo país.

La odisea

El problema se suscitó al fondear frente al puerto turco de Bandirma, ubicado en la región asiática sobre el mar de Mármara.

Al solicitar ingresar al puerto, el 22 de octubre, las autoridades impidieron el atraque y prohibieron descargar las vacas debido a un bloqueo administrativo por desajustes en la certificación veterinaria de los animales. Las sospechas de una maniobra en origen estaban servidas.

El cargamento era de 2.901 vacas de procedencia uruguaya. Las autoridades portuarias encontraron 469 sin certificación, a lo que sumaron 146 animales con microchips o etiquetas ilegibles y 5 que habían perdido sus caravanas. En ese momento, 58 ya habían muerto durante el viaje de ida y en las tres semanas de espera frente al puerto. Otros trascendidos reportaron que hubo 140 vacas que dieron a luz y afirmaban que muchos novillos fallecieron por las condiciones insalubres. Todo apuntaba a un deterioro grave de animales camino del infierno. A pesar que solo una sexta parte de los animales no contaban con la certificación correspondiente, las autoridades impidieron desembarcar todo el lote argumentando el riesgo de contagio durante el viaje y las condiciones agravadas en la espera.

Cantos de sirenas

Para quien crea que este tipo de conflicto empresarial solo puede perjudicar el comercio entre privados, basta prestar atención a cómo las agencias y los medios de comunicación vinculados a intereses empresariales de países competidores de Uruguay en el rubro carne, comenzaron a tratar el tema poniendo énfasis en función de intereses. El multimedio argentino Clarín o el muy empresarial portal Infobae fueron solo algunos. Pero lo mismo se repitió en medios sensacionalistas del oligopolio del australiano Rupert Murdoch, y hasta en la agencia EFE de España o en Swissinfo de la muy neutral Suiza.

Al abordaje

Aquel primer grito de guerra de los corsarios marítimos de antaño, que tantos dividendos dio para imperios que se disputaban los productos de sus saqueos coloniales, ahora apuntaron directo al barco transportador. Así empezó a navegar, por la red de internet más que sobre las aguas, el historial del buque revestido de prontuario. Se supo que el carguero lleva el nombre Spiridon II y ostenta la bandera de Togo, calificada por Clarín como "bandera negra". Solo faltó dibujarle tibias y una calavera.

Una de piratas

Según consignaron medios de distinta procedencia, entre 2021 y 2024 se le detectaron 84 deficiencias en el carguero y fue detenido una vez, acumulando nueve detenciones en toda su historia operativa surcando los mares. Clarín, por ejemplo, consignó que solo estaba autorizado para transportar animales en España y hasta el año 2024, agregando que, desde entonces, según registros oficiales, no habría estado autorizado para transportar animales en Europa. Como Turquía integra la Unión Europea, es acusado infraganti.

Lo que ninguno de estos medios internacionales, como tampoco los autóctonos El País y El Observador publicaron, es que la empresa exportadora uruguaya no contrató al buque, lo que fue responsabilidad del importador con su agencia marítima. Esas crónicas no se molestaron en verificar que el vendedor exportó a precio FOB y no CIF.

Cualquier cadete de exportaciones e importaciones, aunque se haya recibido en la Pitman o en la Escuela MAPA, sabe que la exportación FOB (Free on Board) significa libre de entrega en el barco. Todo lo que sucede después es responsabilidad del importador. Si la venta hubiera sido CIF (Cost, Insurance and Freight) que refiere al costo, seguro y flete de la logística marítima, era otra cosa porque con el valor CIF, el vendedor se encarga del transporte y el seguro hasta el destino.

Animalada

Al no haber acuerdo para destrabar la situación del barco, Clarín insistía con fuentes de organizaciones animalistas afirmando que "puede que las vacas no lleguen con vida" a lo que agregaba protestas de una Fundación para el Bienestar de los Animales que denunciaba que "es más probable que los arrojen por la borda en alta mar", según una tal María Boada Saña, con cierta dosis de su segundo apellido.

El Gobierno uruguayo expresó su preocupación por la salud de los animales y corroboró que siempre hubo dos veterinarios en el buque enviados por las empresas involucradas, quienes desmintieron la falta de alimento para las vacas. A pesar también de que el MGAP aclaró que el conflicto era entre privados y que el Estado, mediante la intervención de la Embajada de Uruguay en Turquía, colaboró en discernir la cuestión con las autoridades, Infobae afirmó que la situación "puso bajo escrutinio la reputación de la exportación ganadera entre Uruguay y Turquía", a la par de alentar sospechas mayores.

Por su parte, el portal Swissinfo alertaba que "los recién nacidos vivos se encuentran en condiciones difíciles, en un lugar sobrepoblado" por lo que precisó que es "muy probable que la mayoría de los terneros estén muertos". La agencia suiza también reportaba mal olor afirmando que "los medios turcos, entre ellos el sitio Haber Denizde, registran un olor pestilente alrededor del barco". Ese dulce olor a muerte, o a bosta, que algunos medios conocen como nadie a la hora de buscar clickbits que le aporten facturación en la web. Clink caja.

Carne de cañón

Fernando Fernández, integrante de Ganosan Sociedad Anónima de Servicios, empresa que organizó la exportación, explicó que la venta fue por 3.000 animales de raza Holando, Hereford y Angus. Como en todo negocio con Turquía, la empresa vendedora realiza la elección del ganado de los productores en Uruguay acompañada por compradores turcos y por funcionarios seleccionadores del Ministerio de Agricultura y Silvicultura de Turquía.

Ganosan compró 4.000 animales a efectos de embarcar 3.000 porque siempre se debe contar con un stock mayor ante posibles bajas previo al embarque. Pero en un apuro por viajar, los seleccionadores turcos solo imprimieron documentos para 3.000 animales y no para los 4.000 comprados y aptos para exportar. Esa situación no fue avisada a la empresa uruguaya cuando seleccionó los 3.000 animales para la cuarentena requerida. Si bien todas las vacas embarcadas cumplían los requisitos, tres días antes de que el barco llegara al puerto turco, saltó el problema de que los seleccionadores turcos habían impreso documentos de certificación autorizada para menos animales de los que se habían seleccionado para la exportación.

El problema no fue sanitario, ya que los animales llegaron en buen estado, tampoco comercial, sino que fue un problema técnico administrativo que el importador no pudo resolver con las autoridades turcas. El Ministerio de Agricultura de Turquía estaba proclive a permitir la entrada de los animales pero fue la Aduana del puerto de Bandirma la que lo impidió.

Fernández desmintió que se embarcaran animales sin cumplir los requisitos sanitarios, y mucho menos enfermos, los que suelen denominarse "refugo". Si eso se hiciera el riesgo es grande porque esos animales son los que dan positivos a una enfermedad. "No se cargó ningún animal enfermo y se dejaron animales que dieron positivo a leucosis o que parieron en cuarentena. Todos los que salieron estaban bien". Y recordó que la empresa uruguaya cargó animales seleccionados entre los 4.000 comprados pensando que los funcionarios turcos habían emitido los certificados para todos.

El sistema sanitario turco exige que en la selección en el país exportador participen funcionarios veterinarios y zootecnistas de su ministerio y que se elabore y apruebe el documento de permiso de preimportación. También que el importador verifique y garantice que la salud de los animales y que su nacimiento y cría sea en el mismo país exportador.

Final

Se sabe que las telenovelas turcas coparon muchos mercados y que suelen rendir pingües ganancias a sus propagadores. El martes 18 de noviembre se confirmó que el barco atracará la semana próxima en un puerto europeo y descargará las vacas allí. Contra todos los pronósticos de Clarín, Infobae y tantos más, el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, informó que autoridades del organismo se reunieron con sus pares turcos y que "la relación de Uruguay con Turquía sigue como estaba" y afirmó que las exportaciones previstas para ese destino no tienen problemas ya que el Estado turco confía en los controles y protocolos de sanidad del Uruguay. Fin de la telenovela.

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