Deseos de año nuevo para la democracia
Se acercan las fiestas navideñas y el año 2022 toca a su fin. No se trata de un cambio de siglo, pero cada año que termina es un momento de clausuras y de comienzos, y como tal, entraña una singular crisis, marcada por la vaga angustia de los balances y las incertidumbres. Más allá del malestar intrínseco a las fiestas, que en lo familiar y en lo individual nos somete a renovados dilemas -con quién celebraremos, en qué casa, y mediante cuáles pactos, concesiones y renuncias, en soledad o en colectivo, con mayores o con menores recursos-, se levanta frente a nosotros una incertidumbre mayor, que es la del país entero, sumido en una creciente debilidad económica y en los vaivenes de un escándalo de corrupción pocas veces visto, cuya profundidad e implicancias aún no conocemos en toda su extensión. La dura verdad es que la democracia se ha enfermado. La corrupción de un lado, y la desmesura en el ejercicio del poder político, por el otro, la han herido gravemente. En teoría, en una democracia el poder pertenece al pueblo, y esto parece claro en relación al voto. Pero en todo lo demás, el principio teórico cae por su base. Está claro que la democracia no fue ni será nunca la promesa del paraíso en la tierra. Todo sistema social surgido de la voluntad humana es imperfecto. Sin embargo, no es ni una dictadura ni una monarquía. No supone el gobierno de los más brutales ni de los más ricos, ni de una élite caracterizada por sus blasones familiares o su parentesco. En la dictadura y en la monarquía, el pueblo no existe como sujeto histórico. Pero en una democracia es impensable la actitud fatalista de resignación. Su fortaleza y su mérito sobre otros regímenes consiste, precisamente, en la idea de que es posible mejorar y perfeccionar el orden social, hora a hora, día a día, gracias a la acción de la voluntad colectiva, que ha elegido la democracia para eliminar males como la desigualdad, la pobreza, la expoliación y el abuso, y para ello ha creado una serie de normas que deben ser respetadas.