La historia del TLC con China empezó durante la pandemia, cuando los chinos tenían otras prioridades. Apenas asumió Lula al frente de la primera economía de América Latina, el tema de no excluir al Mercosur se reforzó en China. Para Uruguay era negociar junto a un amigo de China y con un mercado consumidor y productor mayor, con cien veces más habitantes que Uruguay.
Brasil es, además, fundador del BRICS (Brasil, Rusia, India -el país más poblado del mundo-, China y Sudáfrica). Veremos qué pasa con el triunfo de Milei, pero el 1º de enero Argentina pasa a integrarlo. Es decir, Uruguay, un mercado pequeño, no puede exhibir ninguna ventaja para China de negociar por fuera del Mercosur con nuestro pequeño gran país. Hemos escrito ríos de tinta sobre el tema los últimos cuatro años.
Pero la garra charrúa y los teros no aflojan. Se dijo que antes de fines del 21 se firmaba. No ocurrió. Luego, Bustillo, que entonces era canciller, dijo que lo haría antes del 31 de diciembre del 23. Estalló la última cañita voladora… y nada.
En febrero de este año, tras una tensa cumbre del Mercosur en la que Cuquito perdió un poco las formas, Lula vino a Uruguay. Ahí, en su breve reunión con el presidente (pasó el resto del día en lo de Pepe), apenas le sacó un compromiso: no negociar con China bilateralmente hasta que no culminara la negociación con la Unión Europea. Igual, Lula tenía clarito que no iba a ocurrir.
Asumió el compromiso que no cumplió. Dos meses después, Bustillo viajaba a China. Como vimos con los recientes audios, las comunicaciones internas no funcionaban bien en el Ministerio de Relaciones Exteriores. No le consultaron a nuestra propia Embajada en Brasilia y el ahora excanciller llegó a Beijing el mismo día que Lula iniciaba allí su visita de Estado.
Igual sirvió. Los chinos se lo dijeron en todas las lenguas, mandarín y español. En todas las escrituras, idiográficas y nomotéticas: NO NOS INTERESA.
Previendo que TLC no iba a haber, llevó una delegación de empresarios a “hacer negocios”. Recuerdo cuando Enrique Iglesias, un gran canciller, separaba los tantos. “Los negocios los tienen que hacer los empresarios. Los gobiernos deben acordar las pistas de aterrizaje, el marco jurídico de los mismos… Son roles distintos que no hay que confundir…”.
Por suerte fueron, porque la reunión con Jinping se hizo esperar. Luego cenaron arrollados primavera de gala. Mientras tanto, mucha foto en la Muralla china, la Ciudad Prohibida… colgadas en Twitter. Muy lindas, hasta con la bandera uruguaya, como los viajes estudiantiles.
Estando allí, ganó Milei. A pesar de que la presidenta en ejercicio ya le había felicitado, lo llamó, lo que protocolariamente no corresponde. Pero bueno… Menos corresponden los temas que tocó: “La flexibilización del Mercosur”. Desde China, que la ve con malos ojos.
Milei ha anunciado romper relaciones diplomáticas con China y Brasil, a quienes llamó “izquierdistas de mierda”. Y Cuquito lo llama desde China antes de ver al presidente Xi.
Uruguay podría jugar un rol: acercar a Argentina, que necesita de la ayuda del Banco del BRICS, para cumplir sus compromisos de deuda. Pero no, optó por conspirar contra ambos países desde China.
Me tocó presidir la primera delegación uruguaya a China meses antes de las relaciones diplomáticas del 88. De regreso pensaba en el sketch donde Espalter hacía de ruso, D’Angelo de yanqui y Frade de chino. Terminaba en una gran pelea entre rusos y gringos. El chinito decía: “Amelicano pelea, luso pelea, chinito clece”.