En estos últimos 5 años los blancos se caracterizaron por salir a defender a la multitud de correligionarios procesados y posteriormente condenados, sin medir consecuencias, ante el prudente silencio de los colorados, con la excepción de la comadreja Ojeda, infiltrada en su gallinero. Solo les faltó exigir la derogación de esos siete artículos, pidiendo la retroactividad del in dubio pro reo. Esa conducta, repetida tantas veces e incluso practicada por el propio expresidente de la República, Luis Lacalle Pou, quien dio el mal ejemplo en varias oportunidades, fue una de las causas de su derrota.
Memorable lección de ética que no aprendieron les dio el Frente Amplio, cuando la Justicia encausó, solo por ayudar irregularmente a un herido de bala, al senador Charles Carrera, renunciando éste, incluso, a su ya asegurada candidatura senatorial. ¡Qué diferencia de valores!
No tuvieron en cuenta que la defensa de la democracia burguesa exige también la defensa de la división de poderes. En todos los casos prefirieron atacar a las instituciones demoliberales, léase el Poder Judicial, en lugar de anteponer la paciencia y la mesura evitando el elogio al procesado antes de verificar las pruebas. Y así les fue.
La historia uruguaya está perpleja.