Lo que la visita de Lula nos dejó
Aunque había asumido menos de un mes antes, varios esperábamos mucho de la visita de Lula. Estuvo unas horas y al irse nos dimos cuenta de que todo lo que imaginamos era poco. El viento se llevó muchos discursos huecos de tres largos años. Y Lula nos dejó…no sé cómo decirlo. Un sabor dulce. Inconfundible…La dulzura de la esperanza, en palabras de Marcela Morelo. Yo soy buen juez porque la llegada de Lula me generó sentimientos encontrados. Por un lado, el anhelado momento: su libertad se daba la mano con el triunfo electoral y nuestra patria, la segunda que visitaba. Por otro, mi accidente de principios de diciembre me sigue teniendo en “arresto domiciliario” encerrado en casa… Sin poder apoyar la pierna derecha. Inútil cualquier intento de tratar de verlo o estar en alguna de las actividades. Cuántos años pensando en hurgar en el contenido del prolongado silencio del abrazo a Lula libre. Aquel silencio que iba a ser de segundos eternos. Ese abrazo que no fue, pero que un día será. Solo de pensarlo la dulzura se vuelve luz, la esperanza tangible y el futuro soñado, más cercano. Yo me he preguntado varias veces: cuando nos movilizábamos por la libertad de Lula, ¿pensábamos que iba a ser otra vez presidente y que su acceso al poder sería uno de los hechos más importantes de la región en el siglo XXI? Un amigo de la vida y del alma me respondió la duda en momentos en que esta me daba vuelta a la cabeza.