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Columna destacada | Ucrania

Qué pasa en Ucrania y Rusia

La masividad del apoyo recogido ante amenazas fácticas y retóricas, sumada al estúpido entusiasmo de Occidente por efectos y consecuencias tan ficcionales como infundados, puede ser otro punto a favor de Putin en su poder y prestigio resultantes.

Creo que el grueso de la información internacional que se recibe en Uruguay proviene de El País, a su vez con fuente principal en la BBC de Londres, entre otras imparables fuentes de fake news. Occidente, liderado por Estados Unidos, les ha mentido a sus ciudadanos y al mundo desde fines del siglo XIX, sin parar, hasta hoy, y crecientemente desde que la decadencia y la pérdida del liderazgo global se acercan.

El reciente episodio, wishful thinking más que real, ha sido el supuesto ‘golpe de Estado’ del grupo bélico privado Wagner, ideológica y empresarialmente dirigido por Eugenio Prigozhin, aunque no militarmente por él, ni tampoco independiente por progresivamente absorbido por el Ministerio de Defensa ruso.

Veamos que: uno, ni fue golpe de Estado ni pretendió serlo; dos, que Putin no salió debilitado en esa instancia.

Uno. Movilización liderada por Prigozhin no fue golpe de Estado

  • No lo fue porque no lo pretendió operativamente y porque no se dirigió contra Putin ni contra el grueso del gobierno ruso. Pretendió ser una manifestación por la justicia, teniendo en cuenta qué antecedentes mediatos autorizaban ese operativo, y qué antecedentes inmediatos podrían haberlo precipitado.

Aunque el rodeo del Comando Sur ruso, la operación en Rostow, y el encaminamiento de Wagner en 3 columnas por los 3 accesos principales a Moscú podrían dar la impresión de una sublevación rebelde traicionera del proceso bélico emprendido, Prigozhin sabía bien que esa ‘bulla’ despertaría reacciones que terminarían con la supuesta tentativa. Prigozhin, de vendedor callejero de ‘panchos’, pasando por empresario gastronómico y chef personal de Putin, fue derivando hacia el negocio de la guerra, beneficiándose de cierta tercerización de algunos operativos bélicos rusos, apoyado en su gran intimidad con Putin.

El Grupo Wagner, con sede en San Petersburgo, con liderazgo político -no militar- de Prigozhin, acumula decenas de miles de muy bien equipados combatientes, clasificados internacionalmente como grupos terroristas, con múltiples delincuentes convictos en sus filas, algunos perseguidos por Interpol. Pues bien, estos bien equipados delincuentes, responsables principales de la caída de Bakhmut en manos rusas, pasaron, como la Cenicienta, mágicamente, a merecer elogios de héroes, cuando pudo afirmarse que con su operativo jaqueaban y debilitaban a Putin y a Rusia. Buena muestra de la acomodaticia posición de Occidente, que elogia a cualquier monstruo si está de su lado o lo beneficia, utilitarismo hipócrita tan común a 130 años de política exterior de los Estados Unidos. El punto más alto de este inmoral utilitarismo occidental lo configura uno de los grupos neonazis armados más peligrosos e inescrupulosos del mundo, clasificado como terrorista y perseguido por Interpol: el grupo Azov, auxiliar de todo el proceso ucraniano anti-ruso los últimos años, y fracasadamente defensor de Mariúpol al inicio del conflicto. Esos multicriminales se vuelven apoyados por Occidente y merecen la tapa de Time, simplemente por ser activamente anti-rusos. Da vergüenza ajena.

El mismo Prigozhin negó el golpe, llamándolo solamente de ‘marcha por la justicia’. Y, en efecto, la marcha no llegó al perímetro de defensa de Moscú y se dio vuelta, una vez que Putin los denunció por ‘traidores’ y ‘rebeldes’, lo que podría acarrearles grandes condenas penales. Además, Putin organizó lo que podría haber sido el ataque armado de defensa ruso a Prigozhin y Wagner, que no llegó a desatarse ante la detención de la marcha y el ‘salvoconducto’ de Lukashenko al sancionable Prigozhin. Debido a estos movimientos y diciendo querer evitar el derramamiento de sangre rusa, Wagner anunció su regreso al frente bélico en el este ucraniano. También las acciones de Putin y de Lukashenko contribuyen a desescalar el nuevo episodio de conflicto, evitándose así el acercamiento de las terribles fuerzas chechenas leales a Putin, que se acercaban a Wagner desde el sur.

  • ¿Y por qué esa marcha por la justicia? ¿Debido a qué designables injusticias? Veamos. En primer lugar, Prigozhin, desde el inicio del conflicto, acusó al ministro de Defensa ruso, Shugoi, y al número uno del operativo militar en Ucrania, Gerasimov, de lenta reposición de municiones e inadecuadas directivas bélicas en los territorios y conflictos del este ucraniano. Los jerarcas de defensa rusos resentían el crecimiento del prestigio del grupo Wagner y de su sentida como peligrosa autonomía bélica. En segundo lugar, Rusia decidió, desde el próximo 1º de julio de 2023, incorporar y absorber administrativamente al grupo Wagner como combatientes regulares rusos sometidos a jerarquía administrativa y bélica formal y oficial, lo que seguramente Prigozhin evaluó como pérdida de poder y prestigio, que lo movía a denunciar los obstáculos oficiales rusos, y hasta un supuesto ataque a la retaguardia de Wagner por las fuerzas regulares rusas (extremos del que no hay evidencias claras).

Permítaseme aquí un excursus sobre los mercenarios tercerizados en la historia político-bélica humana. La contratación de mercenarios bélicos desde el fondo de la historia la ha habido; con su contratación los contratantes sumaban combatientes en número y en calidad bélica. Sin embargo, ya Maquiavelo, en El Príncipe, resumió algunos de los bemoles de los mercenarios bélicos; los principales: a, podían ser re-contratados por otros que podían hacer variar abruptamente su lealtad; b, como eran contratados para pelear y no necesariamente la paga seguía al éxito material, antes avatares desfavorables supervinientes, podían parar en sus esfuerzos, ya que no les ‘tiraba la camiseta’, sino una paga no supeditada al triunfo ni a la heroicidad patriota. Podían cambiar de meta y reservar esfuerzo, dos temidas alternativas dentro del proceder mercenario.

Un tercer problema endémico con los mercenarios es su difícil aceptación de la meta-jefatura administrativamente superordinada sobre las jefaturas política y militar del grupo mercenario, pudiendo haber diferencias de diverso calibre entre mercenarios autónomos como Wagner y sus jefaturas rusas, del Ministerio de Defensa y del comando de la operación militar en Ucrania; Prigozhin y el grupo Wagner diferían de Shugoi y de Gerasimov en múltiples ítems; también los jerarcas superordinados resienten de los excesivos éxitos autónomos, porque podrían no atribuírseles y porque las acciones puntuales mercenarias podrían apuntar a maximizar la búsqueda puntual de éxitos en desmedro de la metaplanificación y ejecución de la operación total. Putin perdonó las ofensas de Prigozhin y de Wagner debido a su larga relación con Prigozhin, y porque el objetivo del ataque no era él, sino Shugoi y Gerasimov con sus limitaciones a la autonomía de Wagner in situ y dentro del operativo militar global. Porque en definitiva Putin no persiguió penalmente a Prigozhin ni a los suyos, ni tampoco removió a los enfrentados por ellos. En ese sentido, como veremos, Putin ganó porque impuso su voluntad aún más allá de lo que los códigos penales marcaban, mandando combatir y luego perdonar a piacere.

Dos. Cómo parece haber salido Putin del trance

Contrariamente a la opinión que BBC y El País lideraron en el Occidente y en Uruguay, no hay la menor evidencia de que Putin haya perdido algo de poder o de prestigio debido a este incidente con parte del grupo Wagner y con el liderazgo político de Prigozhin en él. Es mucho más fácil argumentar que Putin salió fortalecido del trance. Veamos.

En primer lugar, tuvo el apoyo hasta de quienes pudieron haber vislumbrado alguna esperanza de erosión de su poder en Rusia; en ese sentido, la maniobra Prigozhin sirvió para contabilizar actualizadamente quiénes estaban con Putin, y quiénes en contra; fue muy útil para él comprobar que la maniobra Prigozhin no lo había perjudicado, aunque las fétidas fuentes informativas occidentales lo celebraran sin sustento empírico alguno. Es claro que hay ‘duros’ rusos que querrían una guerra más contundente; y que también hay de aquellos que querrían menor dureza; pero nada del delicado equilibrio en que Putin se encuentra varió debido al episodio y a su resolución aparente.

En segundo lugar, a Putin no se dirigieron las demandas, y él las calificó duramente, pero no los persiguió penalmente por ellas como pudo haberlo hecho. No se le atacó directamente, los desafiantes no obtuvieron las adhesiones que él cosechó, y se dio el lujo de perdonarlos sin perseguirlos penalmente, y sin haber tenido que combatirlos militarmente tampoco. El gran objetivo de Putin, evitar el baño de sangre entre rusos que la revolución de octubre de 1917 causó, fue evitado porque los chechenos no llegaron a intervenir y porque los Wagner frenaron justo antes de llegar al perímetro dentro del cual las abigarradas defensas de Moscú los habría diezmado, muy superiores en fuerzas y organización local.

En tercer lugar, la intervención del presidente Lukashenko, de Bielorrusia, gran aliado de Putin y amigo de Prigozhin, rescató a Prigozhin de los riesgos militar y penal, ayudando así a la resolución de la situación en que se había colocado este.

Yo no sé si todo el operativo no fue más que una tardía pataleta de Prigozhin, enfrentado desde hace mucho al comando ruso, y pronto a ser absorbido el grupo Wagner por el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa, con lo que perdía su jefatura real y la autonomía operativa. Si un objetivo era provocar una remoción por Putin de Shugoi y Gerasimov como moneda de cambio por el cese de la marcha, nada obtuvo Prigozhin. Los contradictorios perdón y condena por Putin de Prigozhin y Wagner muestran elocuentemente el poder discrecional del mandatario para condenar y perdonar más allá de la estructura jurídico-administrativa rusa. La masividad del apoyo recogido ante amenazas fácticas y retóricas, sumada al estúpido entusiasmo de Occidente por efectos y consecuencias tan ficcionales como infundados, puede ser otro punto a favor de Putin en su poder y prestigio resultantes.

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