El encuentro presidencial -celebrado en el marco de la cumbre de los países del G20- tuvo lugar semanas después de un viaje a la isla de la presidenta de la Cámara baja de EEUU, la demócrata Nancy Pelosi, a lo que Beijing respondió con los mayores ejercicios militares en torno a la isla en décadas, además de sanciones comerciales sobre Taipéi. Estados Unidos está dispuesto a redoblar su apuesta, y la semana pasada medios de prensa norteamericanos divulgaron que el Pentágono se encuentra en las “primeras fases” de coordinación de la próxima visita que haría a Taiwán Kevin McCarthy, el legislador ultraconservador republicano, connotado antichino, recientemente electo como sucesor de Pelosi al frente del Congreso. Para China, lo que dijo Minihan en su memorando no es simplemente una “intuición”, sino que representa la actitud real de los altos mandos del ejército estadounidense. Detrás de los frecuentes despliegues militares de Washington en la región de Asia y el Pacífico bajo el lema de la “paz”, se están gestando fuerzas beligerantes de este tipo, afirmó el principal vocero de su Ministerio de Relaciones Exteriores.
OTAN y el “desafío sistémico chino”
La misma preocupación y rechazo suscitó esta semana la visita a Corea del Sur y Japón realizada por el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. El objetivo principal de la misión del jefe de la alianza militar atlántica era convencer a ambos países, que hasta ahora han enviado asistencia humanitaria a Ucrania y equipamiento militar no letal, a cambiar su propia legislación que lo prohíbe, y así incrementar la ayuda militar a Ucrania. “Si no queremos que ganen la autocracia y la tiranía, entonces ellos (los ucranianos) necesitan armas, esa es la realidad”, dijo Stoltenberg, ex primer ministro noruego. Para el número 1 de la OTAN es “extremadamente importante” que Rusia no gane esta guerra, no solo por los ucranianos, sino también para evitar enviar un mensaje equivocado a los líderes autoritarios, específicamente Beijing, de que pueden conseguir lo que quieren por la fuerza. “Esto es peligroso. China está observando atentamente y aprendiendo lecciones que pueden influir en sus decisiones futuras”, declaró Stoltenberg en conferencia de prensa con el primer ministro japonés Fumio Kishida, en clara referencia -pero sin nombrar- a Taiwán.
“Creemos que debemos comprometernos con China en cuestiones como el control de armamentos, el cambio climático y otros asuntos. Pero al mismo tiempo, tenemos muy claro que China supone un desafío a nuestros valores, a nuestros intereses y a nuestra seguridad”, había afirmado dos días antes en una conferencia en Seúl. China es un socio de los países, no un desafío, y que no amenaza los intereses ni la seguridad de ninguna nación, fue la primera respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores.
“También esperamos que la OTAN abandone su mentalidad de Guerra Fría y el concepto de confrontación de bloques, y haga más por la seguridad y la estabilidad de Europa y del mundo”, declaró a la prensa el vocero de la Cancillería. El año pasado, los líderes de Tokio y Seúl asistieron a la cumbre de la OTAN en Madrid, y confirmaron su posición contra Rusia que atacó a Ucrania, y China, que expande cada día más su influencia. Dicha cumbre aprobó su nuevo concepto estratégico en el que se identifica a China, por primera vez, como un "desafío sistémico para la seguridad euroatlántica, sus intereses y valores” y se le endilga su “ansia de subvertir el orden mundial”. Según los países miembros de la Alianza, China estaba “aumentando sustancialmente sus fuerzas, incluso en armas nucleares, intimidando a sus vecinos, incluido Taiwán”. Para el gobierno y el PCCh una orientación hacia la región de Asia-Pacífico “solo exacerbará la confrontación” y alertaron sobre los peligros para la seguridad de la región de una participación activa de Japón y Corea del Sur.
“Las cinco expansiones de la OTAN hacia el este tras la Guerra Fría no solo no han conseguido que Europa sea más segura, sino que han sembrado la semilla del conflicto (en Ucrania)”, declaró en su momento Zhang Jun, enviado chino ante la ONU, antes de la cumbre de la OTAN de 2022. Hoy más que nunca la semilla está plantada en Taiwán, el mundo espera que los tambores de guerra que volvieron a sonar esta semana los altos mandos militares estadounidenses no anuncien la cosecha de una nueva guerra.