Mintieron al Senado
Yo me formé, crecí y di mis primeros pasos en estas lides en un hogar muy politizado. En el mismo vi cómo nacía el liderazgo político de mi padre. Ni aún en los años de ministro, cuando con aquel equipo de asesores (Danilo Astori, Enrique Iglesias, el chileno Jesús González, entre otros) presentó los proyectos de Reforma Agraria y Promoción Agropecuaria, tenía viabilidad nacional de liderazgo. Fue después, con su programa de radio y sus interpelaciones contra la corrupción durante el pachecato, que pasó de ser senador a líder de su partido.
Yo cursaba mi primera juventud, pero hay largos episodios de aquellos cuestionamientos éticos que hicieron caer varios ministros y aun gabinetes enteros. Recuerdo uno, en el cual el ministro decía “es verdad, es grave, pero yo no sabía”. Wilson, interpelante, respondía una y otra vez. Si el ministro sabía, se tiene que ir por saber, y si lo desconocía, se tiene que ir por no saber. El propio Gobierno cuestionado pidió la renuncia del ministro.
No era un juicio; esta competencia es exclusiva del Poder Judicial. Era un llamado por responsabilidad política, competencia exclusiva del Parlamento y rol esencial de la oposición en un régimen democrático.
Parece que ahora todo hay que denunciarlo a la Justicia. Las investigadoras, los legisladores. Cuando alguien hace una denuncia, salta otro y otra; el Gobierno va a decir: “¿Por qué no van a la Justicia?”. Porque son competencias distintas, ¡por favor!
Este es un buen ejemplo de la judicialización de la política. Si dar el pasaporte Marset “no es delito”, darlo y en silencio está bien. Y lo que es peor, mentir en una interpelación está bien. También destruir coordinadamente las pruebas de la mentira queda absuelto.
Una cosa es no ir preso, otra es irse de embajador uruguayo a Portugal, destino que el presidente tiene reservado y acéfalo a la espera de este fallo.
Festejan ellos, Heber y el presidente, que pasó a saludar. ¿Qué festejan? ¿Transparencia?, ¿falta de responsabilidad en el episodio? No. Festejan que el otorgamiento del pasaporte no sea considerado delito por el fiscal de estupefacientes. No se les hace mueca la sonrisa porque el fiscal diga con todas las letras que conspiraron para mentir. Para mentirle al Senado, para mentirle a la opinión pública.
Festejan que destruyeron pruebas para que, en caso de ser delito, las mismas no llegaran a manos de la Justicia. Y en caso, como resulta de autos, que no lo sea, no se le llame a responsabilidad política. ¿Puede ocupar un cargo oficial quien ha mentido a la hora de llamársele a responsabilidad? Vergüenza. Es el único término que puede describir tal conducta.
Daño económico no sufrió ninguno. Que un contrato acá, una asesoría por allá. Y ahora parece un premio. Si el presidente pasa a saludar de vuelta y firma documentos de premio a los involucrados con honores de Estado, ya no podrá eludir su responsabilidad compartida. Creyó a Penadés. Creyó a Astesiano. Creyó en Caram, en Valentina dos Santos. Creyó en Carlos Albisu, en ministros a quienes pidió luego la renuncia.
¿Creerá al fiscal cuando en sus vistas reconoce las faltas graves de los involucrados? La más grave falta es a la transparencia y a la verdad, tan importantes en una gestión de gobierno. ¿O será que yéndose le importe menos la imagen que deje?
Qué pena todo esto. No gana un partido sobre otro, pierde la democracia.