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Columnas de opinión | Carolina

¿Carolina o Valeria?

¿En qué manos dejaremos al país? ¿Qué característica debe tener quien presida la Asamblea General y el Senado?

Que Carolina Cosse fuera elegida como candidata a la Vicepresidencia de la República, integrando la fórmula con Yamandú Orsi, no fue sorpresa para nadie; fundamentalmente, porque había un acuerdo previo en el Frente Amplio para que quien lograra el segundo lugar en la interna aceptara la candidatura para tal cargo; pero, además, porque tanto por sus votos como por su trayectoria, la exintendente de Montevideo era la candidata natural e indiscutible.

Ni siquiera fue sorpresa el resultado de la interna, ya que siempre supimos que si votaban más de 300.000 personas al Frente Amplio, Orsi se iría con la fusta bajo el brazo, mientras que una cantidad de sufragios menor haría que el núcleo duro del ala izquierda, el más ideologizado, saliera fortalecido.

La sorpresa se dio en el Partido Nacional, donde nadie comprendió por qué Álvaro Delgado proclamó a la rubia y combativa panelista de “Esta Boca es Mía”, Valeria Ripoll. Laura Raffo tuvo una votación desastrosa, lo que justificaría que la dejara de lado; pero Beatriz Argimón era una opción mucho más razonable. Y, ¿por qué no? Ya que Mujica cooptaría a Blanca Rodríguez, él podría haber hecho una jugada de pizarrón proponiendo a Victoria Rodríguez. Uno puede tener diferencias, tanto con la actual vicepresidente como con la conductora periodística; pero, en cualquier caso, Delgado hubiera provocado algarabía en filas derechistas, en lugar de insultos y silencios más elocuentes que los gritos, como los que generó Ripoll.

Y ya que estamos divagando (debo confesar que escribo mientras ceno y bebo un tannat de 13,50 de graduación alcohólica), haber convencido a Lorena Ponce de León hubiera sido un golazo de media cancha, sobre todo si se quería captar al voto de ese centro poco y nada definido ideológicamente que vota en base a sentimientos, nula información y escasa capacidad de análisis. Ojo, esa gente es la que define las elecciones.

Ahora pongámonos serios, porque lo que se juega en octubre (y ojalá no haya un noviembre) no es poca cosa. La ciudadanía no solo tendrá que elegir presidente, también vice; quien, de acuerdo con el artículo 150 de la Constitución, desempeñará la Presidencia de la Asamblea General y de la Cámara de Senadores. Así que la cuestión no será sólo entre Yamandú Orsi y Álvaro Delgado; también será importantísimo decidir entre Carolina Cosse y Valeria Ripoll, y cuidado, porque la vice será quien sustituya al presidente de la República en casos de viajes al exterior, enfermedad, fallecimiento, renuncia o destitución. ¿En qué manos dejaremos al país? ¿Qué característica debe tener quien presida la Asamblea General y el Senado?

La persona electa para tal tarea debe contar con una serie de características clave que le permitan equilibrar las responsabilidades ejecutivas y legislativas. Estas son algunas de las cualidades más importantes:

  • Capacidad de liderazgo y autoridad institucional:

La vicepresidente debe ser una figura de autoridad reconocida, capaz de mantener el respeto entre los legisladores y garantizar el orden en los debates. Su liderazgo debe ser firme pero equilibrado, permitiéndole dirigir los trabajos parlamentarios de manera eficaz y objetiva, sin favoritismos.

  • Imparcialidad y neutralidad:

Aunque la vicepresidente puede tener una filiación política, en su rol como presidente de la Asamblea General y del Senado debe actuar con imparcialidad, garantizando que todos los partidos y legisladores tengan igual oportunidad para expresar sus puntos de vista. La neutralidad es esencial para evitar conflictos y para facilitar la construcción de consensos entre diferentes corrientes políticas.

  • Habilidades de negociación y mediación:

La vicepresidente debe ser una excelente negociadora, capaz de mediar entre las diferentes fuerzas políticas para lograr acuerdos y resolver conflictos de manera pacífica. La habilidad para manejar situaciones tensas, manteniendo el diálogo abierto entre sectores opuestos, es esencial para evitar bloqueos legislativos y para mantener el buen funcionamiento del Parlamento.

  • Capacidad de comunicación:

Una vicepresidente debe tener grandes habilidades comunicativas, tanto en su relación con los legisladores como con el público en general. Debe ser clara, concisa y respetuosa en su manera de hablar, transmitiendo confianza y transparencia. Además, debe ser una excelente oyente, capaz de entender las preocupaciones y propuestas de todas las partes involucradas.

  • Control emocional y templanza:

En el Senado, el debate puede tornarse acalorado, y la vicepresidente debe ser capaz de mantener la calma en todo momento, gestionando con serenidad las situaciones de conflicto. El control emocional es fundamental para evitar que el debate se desborde o se pierda el respeto entre los legisladores.

  • Conocimiento profundo del reglamento parlamentario:

Es esencial que la vicepresidente tenga un conocimiento exhaustivo del reglamento de la Asamblea General y del Senado, así como de los procedimientos legislativos. Esto le permitirá tomar decisiones con rapidez y justicia en cuanto al uso de la palabra, votaciones y manejo de conflictos o incidentes durante las sesiones.

  • Capacidad para construir consensos:

La capacidad para unir a legisladores de diferentes partidos y generar acuerdos es fundamental. Una buena presidente del Senado debe ser capaz de promover el diálogo y el entendimiento mutuo, incluso en los temas más divisivos. Esto implica también tener habilidades diplomáticas y saber cuándo ceder para lograr avances legislativos.

  • Experiencia política y administrativa:

La vicepresidente debe tener una sólida experiencia en la gestión política, ya sea en el ámbito legislativo, ejecutivo como en otras áreas de la administración pública. Esto le permitirá comprender los procesos legislativos, así como las dinámicas políticas y sociales que afectan las decisiones de la Asamblea.

  • Visión estratégica:

Más allá de las tareas de gestión cotidiana, la vicepresidente debe tener una visión estratégica para identificar oportunidades de avance en las políticas públicas, fomentando la aprobación de leyes y resoluciones que beneficien al país. Su capacidad para ver el panorama general y guiar los esfuerzos legislativos hacia el bienestar común es crucial.

En resumen, quien dirija la Asamblea General debe ser una persona con un fuerte sentido de liderazgo, imparcialidad, habilidades de negociación y control emocional. También debe tener un profundo conocimiento de los procedimientos parlamentarios y experiencia política para poder manejar de manera eficiente y equilibrada el complejo entorno de la legislatura.

Considerando las características personales de Carolina Cosse y Valeria Ripoll, ¿cuál estaría más capacitada para dirigir la Asamblea General como vicepresidente de la República y presidente del Senado?

Características de Carolina Cosse

- Trayectoria política: Carolina tiene una larga carrera en el Frente Amplio y ha ocupado varios cargos de alta relevancia como ministra de Industria, Energía y Minería, presidente de Antel e intendente de Montevideo. Esto le ha dado experiencia en la administración pública, la gestión de recursos y la negociación política a gran escala.

- Liderazgo: Como intendente de Montevideo, ha demostrado habilidades de liderazgo en un entorno político diverso y adverso.

- Carácter y habilidades comunicativas: Ha sido descrita como una política estratégica, técnica y firme. Su estilo puede ser considerado como estructurado y basado en la eficiencia, lo que podría ser ventajoso para presidir el Senado, donde el orden y la disciplina son cruciales.

- Conocimiento técnico: Su experiencia técnica en áreas como la ingeniería y las telecomunicaciones le otorga una comprensión profunda de temas tecnológicos y económicos.

Valeria Ripoll

- Trayectoria sindical y liderazgo social: Ripoll ha destacado como líder sindical en la Intendencia de Montevideo, representando al gremio de funcionarios municipales. Lamentablemente, sus ambiciones personales y afán de protagonismo la han llevado a ser excesivamente confrontativa, lo cual le ha venido muy bien al programa del Canal 12 que la encumbró.

En varios espacios públicos, como el programa Esta boca es mía, Valeria Ripoll ha mostrado momentos de confrontación intensa, donde ha elevado el tono de voz y utilizado un estilo más agresivo en la comunicación. Esto revela falta de control emocional y una tendencia a la descalificación, lo que contrasta con la imagen de una líder que prioriza el diálogo y la negociación calmada.

Dicho esto, es claro que el estilo de Ripoll no es el más adecuado para un rol que requiere moderación y capacidad de generar consensos de manera constante, como es la presidencia del Senado.

En contraste, alguien como Carolina Cosse, quien ha mostrado un estilo más moderado y técnico en su carrera política, probablemente sería mejor recibida en un rol que exige tranquilidad y control emocional. La habilidad para dirigir debates sin caer en la confrontación personal es fundamental para presidir un órgano legislativo tan importante como el Senado.

Las diferencias cruciales en estilo y temperamento deberían ser decisivas para un cargo tan delicado como el de vicepresidente de la República y presidente del Senado.

Está claro que si hablamos de show, la mejor opción es Ripoll; si hablamos de administrar y liderar, la respuesta es Cosse; y esto lo saben hasta los mismos blancos.

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