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Columnas de opinión | ceguera

"La ceguera es un modo drástico de borrar los espejos"*

El “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago es una súbita y dolorosa descripción de un mundo de ciegos que tratan de sobrevivir. No ven, pero ven. No tienen un espejo en donde verse. Su oscuridad los rodea.

En una hora y 17 minutos –atravesando viñedos– se llega desde Lisboa a Azinhaga. Es un pueblo pequeño y chato. Posee una interesante peculiaridad: todos los jardines tienen árboles de mandarinas y las ramas cuelgan hacia la vereda. En época de frutos naranjas, los transeúntes se sirven a piacere mientras recorren las pocas cuadras del centro de Azinhaga. Tiene otra singularidad: aquí nació José Saramago, autor de “Ensayo sobre la ceguera”.

Los ciegos como opción

El ensayo de Saramago es una súbita y dolorosa descripción de un mundo de ciegos que tratan de sobrevivir. No ven, pero ven. No tienen un espejo en donde verse. Su oscuridad los rodea. El espejo les devuelve una imagen que no ven. Saramago parece reclamar responsabilidad a los que ven, defender los ojos de la nada, ver por los demás.

El problema planteado por Saramago es que premia al que ve, al que zafó de la epidemia. Le otorga un poder inmenso por sobre los que sobreviven ciegos. Entonces –con ese poder–, describen imágenes con altísima subjetividad y el ciego, que solamente oye –y a veces tantea–, podrá creer o no lo que escucha. La vida del ciego es la confianza. Tiene que creer para sobrevivir. “Artigas es un paraíso”, dirán los videntes. Y los ciegos, acompañados de los Caram, asentirán. Entre estos hay quienes entendieron que estaba bueno decir que habían sido alcanzados por la epidemia, pero en realidad sus ojos muertos son fingidos. Ven todo. Engañan a los que ven y a los ciegos. Fingen que no ven, con el único objetivo –vital, sin dudas– de sobrevivir entre tanta falsedad. “Artigas es un paraíso”.

Lunes 22 de julio. La Junta Departamental de Artigas es un hervidero (de videntes y no videntes, sobrevivientes todos del escándalo de las horas extras). A los que fingían ser ciegos –y recibían el gustoso guiso fronterizo de los Caram–, súbitamente la realidad les corrió el velo y se dieron cuenta que había una realidad inventada pero que la recibían por lo bajo, como muestra de “compromiso con el departamento”. “¡Los ciegos ven!”, pareció exclamar alguien. Días antes, otros ciegos por opción fueron hasta la fiscalía y recibieron a la exdiputada Valentina Dos Santos con alegres y festivos cantos de “ladrona y chorra”.

Hubo mucho tiempo –entre denuncias y juicios– en donde los ciegos, por opción, preferían confiar en la imagen que les brindaban los videntes amigos. “Tranquilo, es toda la maniobra contra el departamento”, declaró uno de los Caram –no sé quién, ¡es que son tantos!– en cada oportunidad que tuvo. Incluso un día el ahora exintendente le dijo al Directorio del Partido Nacional que era inocente y que les iba a mandar toda la documentación que certificaba su buen proceder. Nunca mandó nada.

Maquiavelo, en su obra “El príncipe”, escribió: “Pero hay que saber disfrazarse y ser hábil en fingir y en disimular bien. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar”. Ya Maquiavelo, en el año 1513, hablaba de los ciegos por opción.

El presidente Lacalle y varios dirigentes del Partido Nacional leyeron a Maquiavelo. Y lo aplican amorosamente. Cuando estalló el escándalo, con la condena, Lacalle fue preguntado. “No voy a hacer declaraciones”, dijo. Ya en otras oportunidades, frente a situaciones críticas, responde de la misma manera. Se aleja o se despega del problema, no metiéndose públicamente en él. En otras oportunidades, ha dicho como recurso: “No me acuerdo”.

La cosa pública y quien paga

Artigas es muy importante para el Partido Nacional. En las últimas elecciones aportó 20 mil votos al lema (recordar que en la segunda vuelta de noviembre de 2019 la coalición multicolor ganó por apenas 30 mil votos). Los 11 millones de dólares pagados irregularmente por concepto de horas extras es altamente probable que se hayan utilizado para la estructura de captación de voto en Artigas. (Se llega a 11 millones si se suma todo lo ocurrido en el 2023). Clubes, comidas, chapas. Los blancos en Artigas llegan a cada mínimo poblado y siempre habrá un ciego que quiera sobrevivir. No mirará; recibirá.

Es un misterio qué pasará con los ciegos que –pese a Caram y Dos Santos– deberán seguir sobreviviendo. En la plaza pública se juntan los videntes, los no videntes hijos de la epidemia y los no videntes por opción.

El gran espejo de la plaza –que se pagó con horas extras– les devolverá una imagen.

En la radio suena una voz, la del senador Sergio Botana: "Estoy muy dolido porque sé que Caram no cometió ningún delito. No sé cómo lo convencieron de decir lo contrario".

En la cercana frontera, en el puente sobre el río Cuareim, algunos ciegos siguen contrabandeando. Unos le llevan nafta a un tal Caram –no recuerdo el nombre, ¡son tantos!– y otros trasladan fideos, azúcar y yerba a los que sobreviven a la vera del camino. La máquina sigue. La bolsa de nylon ahora tiene un papel con un número: 2525, la lista de Caram (Lacalle y Delgado).

(*) El título de esta columna pertenece a Jorge Luis Borges, ciego.

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