¿Por qué se remiten a la Doctrina Monroe ahora? Porque se repliegan al continente ante la derrota militar estratégica que comentamos ya hace dos o tres programas ante Irán. Y una derrota estratégica tiene consecuencias que van más allá de lo estratégico, que no son solamente tácticas, sino estructurales. Se está firmando; hace tres semanas que estaban negociando y ayer anunció el vocero de la Cancillería de Irán el acuerdo entre Omán e Irán para controlar el estrecho entre ambos países.
En principio, lo que planteó el vocero es por cuestiones de operativa, de cuidado ambiental y temas de seguridad, que son ciertas porque implican un costo. No habló de las tarifas, pero trascendió que Irán había planteado un 7 % de la carga. Habrá una tasa justamente para el cuidado ambiental y para la seguridad por un lugar por donde pasa el 20 % de la energía del mundo y que son aguas territoriales de estos dos países.
Ahora, ¿cuál es la diferencia con toda la historia del imperialismo? Diría que ahí no había sentado nadie que hablara inglés. Claro, a diferencia de Sykes-Picot, la Conferencia de Berlín y de todo lo que siempre hubo —Yalta, Potsdam, Teherán, todas las conferencias que quieras recordar—, en esta había un omaní y un iraní, y con eso saldaron el asunto.
Y bueno, esto puede tener una trascendencia muy larga porque es un antecedente muy fuerte. Si esto se maneja así, mañana Malasia e Indonesia pueden controlar el estrecho de Malaca y regirse incluso por este antecedente para fijar una tasa, porque a ellos también les provoca un daño medioambiental y un daño de seguridad. Que además debería ser no solamente para los estrechos en general: en el Río de la Plata, ¿cuál es el daño ambiental que le queda a la Argentina? Y eso de qué manera se cobra, ¿no? Eso ocurre en un mundo imperialista, pero en un mundo donde están cambiando, no solo los centros de poder, sino las relaciones de poder, pasan estas cosas. Y pasa, además, porque realmente lo de Irán fue una victoria muy bien llevada. Incluso ahora Araghchi, el canciller, plantea un entendimiento con Estados Unidos para marcar un alto el fuego que los pare a los israelíes, sobre todo. Pero, aparte, mantiene estructurado todo porque Irán no cambió nada, no hizo ninguna concesión; sigue estando el Eje de la Resistencia, sigue estando Hezbolá, sigue estando Sarallah, siguen estando las milicias chiítas en Irak. Siguen estando los misiles balísticos en las montañas frente al estrecho de Ormuz, siguen estando los barcos controlando el estrecho. Sigue siendo imposible meter un transatlántico ahí porque es un objetivo demasiado evidente.
No perdió nada, no se desgastó realmente. Es decir, perdió por supuesto la vida de Jamenei y de su familia, y cientos de miles que llevan desde hace mucho tiempo en el acoso que le hizo Occidente, pero tienen una conciencia absoluta de que con Occidente no se puede avanzar. Tienen claro que no solamente no es necesario que estén, sino que es imprescindible que no estén para llegar a un acuerdo de algo.
Entonces, esto cambia las relaciones de poder en general. Porque si ellos tienen la soberanía para hacer eso, la tienen Malasia e Indonesia, la tiene Panamá para fijar de motu proprio y pararse en este porcentaje de carga, por ejemplo, en el canal; la tiene Egipto en Suez para hacer lo mismo: fijar un porcentaje de carga y ampararse en este antecedente. Y en Chile-Argentina está el estrecho de Magallanes también.
Cuba es un país de pasaje del océano Atlántico al golfo de México, ese pasaje al golfo de México que ahora Trump quiere llamarlo el «Golfo de Estados Unidos». Parecen tonterías y hasta dan para reírse, pero en una guerra híbrida donde la batalla cognitiva es la principal, renombrar el golfo de México por el «Golfo de Estados Unidos» tiene que ver con estas cosas: con qué potestades puedan tener mañana. Porque muchos hoy pueden decir: «No, pero Cuba no tiene petróleo, no tiene riqueza...». Bueno, ahora se están haciendo otras prospecciones.
China está haciendo otras prospecciones en Cuba, pero más allá de eso, estar ahí es un valor geopolítico en sí mismo. Claro. Y cuando aparecen estos antecedentes, eso empieza a valer, o sea, se revaloriza.
Es que algo que pensaban que podían hacer era mantener a Omán en contra de Irán, porque Omán es un país muy chiquito y aparte tiene bases yankis cerca, en Bahréin y en Kuwait, es decir, a 50 km o 100 km. Sin embargo, Irán desde el primer momento apuntó a destruir y destruyó la presencia de Estados Unidos en Asia Occidental, empezando por las bases que amenazaban a Omán. Entonces, frente a las amenazas, Omán vio: «Tengo dos amenazas, pero tengo una oportunidad, que es la de empezar a cobrar por esto, porque esto es una fuente de riqueza; nos corresponde porque estamos acá y porque somos los que operamos esto».
Entonces, la operativa sería: entrada por Irán, salida por Omán, y cobran los dos una tasa. Omán hace tres semanas que está en esto y ya está, ya lo anunciaron; lo anunció la Cancillería iraní, que se llegó al acuerdo y listo.
Porque Estados Unidos no puede reponer todas sus bases, ese es el problema; ni siquiera financieramente. Aunque pusiesen el dinero, o lo inventasen y lo cargasen al famoso déficit fiscal, no tendrían posibilidad de producir, porque es mucho lo que necesitan para recuperar esas bases que ya eran muy costosas, que ya eran disparatadas para varios de los estrategas militares de Estados Unidos. Es decir, consideramos que tener 800 bases por el mundo y tener ese gasto militar —más allá de que el capitalismo te impide hacer otra cosa, porque la ley del capitalismo es que la industria armamentística militar tiene que lucrar— era un disparate y una desventaja.
Irán le respondió con guerra asimétrica y le ganó porque la manejó muy bien, y la manejó bien porque tiene mucha experiencia en esto. Quienes decían que Estados Unidos tenía alguna chance de vencer era porque no conocen la historia, porque no saben que Estados Unidos ya lo intentó y ya perdió, y en condiciones mucho más favorables para ellos que estas.
Entonces, fue realmente disparatado, un desconocimiento total de la historia. A Irán la empieza a someter Inglaterra con Churchill en el año 1914, del siglo pasado, cuando crean la British Petroleum. Los pozos más grandes del mundo, prácticamente el petróleo iraní, alimentaron a la Marina británica durante todo el siglo.
Y llegó el momento en que hicieron las cuentas: les dejaban el 16 %. Y ellos dijeron: «No, esto no da. Nacionalicemos el petróleo y hagamos algo más o menos equitativo». Entonces lo hizo un reformista, Mohammad Mosaddegh, en el año 1951, y en el año 1953 le dieron un golpe de Estado.
Ahora, ese golpe de Estado fue realmente una invasión; lo preparó la CIA y trabajó el MI6/Mossad, pero más allá de eso, no lo hubiesen podido dar sin Estados Unidos y sin la ocupación militar indirecta de Estados Unidos que duró hasta 1979 de manera muy cruenta. En 1979 viene la Revolución y después la crisis de los rehenes, donde ellos ya se dan cuenta de que no se puede negociar con Estados Unidos.
O sea, esto que dice ahora el canciller ruso Lavrov, de que esta gente no puede cumplir ningún acuerdo, se lo aprendieron los iraníes desde la Revolución del 79. Y después tuvieron ocho años de guerra por proxy con Irak, donde se quedaron solos: el mundo entero contra ellos, salvo China, que no se metía. ¿Viste que no se metía? Pero ahora sí, ahora se metió porque China forma parte de los BRICS y tiene un acuerdo con Irán; Rusia también es BRICS e Irán es miembro pleno de los BRICS. Entonces, era el peor momento que tenía Estados Unidos para intentar hacer algo que nunca pudo hacer, y bueno, no pudo tampoco ahora. Ese es el resultado, y se están pasando facturas entre ellos.
Cuando esto empezó, por el estrecho de Ormuz pasaba cualquiera, no había ningún problema y había un montón de bases. Cuando empezó, ¿se sabía dónde estaba el uranio que Irán enriquecía? Se sabía hasta qué porcentaje lo estaba enriqueciendo y entraba de manera casi diaria a inspeccionar la ONU a través de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Y ahora no saben dónde está, no saben a cuánto lo están enriqueciendo, no saben si tienen una bomba atómica, si tienen dos o si tienen diez. Y eso es un tema que los iraníes saben.
Sobre todo, ahora ya ha cambiado porque evidentemente Irán pudo disuadir todo esto solo con los misiles hipersónicos, no necesitó una bomba atómica. Pero la realidad de 1953 a ellos les enseña que eso no les hubiese pasado si hubiesen tenido —igual que Kim Jong-un, o en aquel momento Kim Il-sung, su abuelo— un arma atómica con qué disuadir. Así que yo supongo que esa es la línea roja de Irán.
Eso es algo que va a arreglar Irán con Omán. Y con respecto a Palestina, Hamás le está haciendo un planteo a Israel de un alto el fuego real, aunque sabe que Israel no lo puede cumplir, que está en la misma situación que Estados Unidos. Pero ofrece incluso el tema del desarme sobre la mesa.
Lo cual es en este momento algo ante lo cual Israel —que está perdiendo en el mundo toda posibilidad de reputación— se ve acorralado, igual que en los Altos del Golán que Siria quiere recuperar. Y ahora que Turquía está en contra, ¿cuál es el problema del análisis? Que vos no solamente tenés que ver con quién está alineado un gobierno, tenés que ver cuál es su oposición, es decir, qué presiones tiene ese gobierno, cuál puede ser la alternativa y la correlación de fuerzas que determine el devenir en ese país.
Porque, si no, si hubiese sido simplemente por el gobierno de Shehbaz Sharif en Pakistán... El problema con el gobierno es que sería imposible que Shehbaz Sharif hiciese toda esta jugada solo. El gobierno está obligado a hacerlo porque no solo la población, por supuesto, está muy sensibilizada con el tema de Gaza y Palestina y ven que es algo dinámico y que es un vecino, sino que además la oposición en realidad es muchísimo más radical que el propio régimen pakistaní, e incluso muy prorrusa y muy a favor de Putin en muchas cosas. El líder opositor está preso; o sea, tienen un clima de conflictividad política que viene avanzando desde hace unos años, y con esto consiguen una unidad nacional.
En Turquía está pasando algo parecido. ¿En qué sentido? La oposición es globalista unipolar. Por eso a Erdogan también se lo contempla bastante en cuanto a ese juego ambiguo que hace. Pero el tema de Palestina caló muy profundo, y las encuestas —al igual que vimos en Argentina— están en un 90 y pico por ciento en contra de Israel. Entonces él tiene que hacer este tipo de acuerdos y movimientos porque tiene que conservar también el gobierno.
En Erdogan es al revés de lo que pasa, por ejemplo, en India —o Bharat, como se llama ahora oficialmente, igual que Turquía se llama Türkiye—. En Bharat es al revés: tenés un gobierno conservador, que tuvo toda esta crisis de las «cucharadas» o protestas que hablábamos en el programa anterior con Modi, pero la oposición es el Partido del Congreso, cuyo líder es un Gandhi de apellido (que no tiene nada que ver con Mahatma, pero sí con Indira). Estuvo en las manifestaciones y lo apartaron o lo apresaron, no logró llevarlas para su lado. En estos momentos el devenir en Bharat está en un interregno. Pero con Modi tenés que tener en cuenta, cuando pasan todas estas cosas, que la presión de él no es para el lado de los BRICS; él está en los BRICS por un nacionalismo de derecha, porque tiene un proyecto nacionalista.
Y bueno, así tenemos que verlo en todos los países, y los que realmente estudian y analizan esto en el Pentágono lo saben y lo hacen bien. Cuando analizan Argentina, no se quedan solo con Milei. Incluso escuchás a Kristalina Georgieva cuando fue a Argentina —que ejerció casi de jefa de gabinete, lo cual fue una vergüenza—, y ella misma les preguntaba a los ministros: «Bueno, ¿pero ustedes realmente están seguros de que van a seguir y de que están firmes?». Les preguntaba como si fuera la general Richardson, siendo la presidenta del Fondo Monetario Internacional, ¿viste? Se lo preguntaba de verdad, por la correlación de fuerzas, y ellos le contestaban: «Sí, sí, sí, claro». Pero ella se estaba preguntando: «¿No les va a pasar esto que les pasó el jueves?». «¿De qué manera me lo aseguran? Porque Argentina no es solamente Milei. Si no, mirá lo de la Selección: si Argentina fuera solo Milei, los jugadores no hubiesen sacado el trapo de La Matanza, Argentina, que es lo más antimileísta que puede existir en el mundo».