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Columnas de opinión | Donald Trump

Somos más americanos

Sin ningún lugar a dudas, las políticas migratorias de Estados Unidos están de pies por cabeza: somos más americanos que Monroe y Donald Trump.

Este Mundial ya fue, por persecuciones políticas, por discriminaciones flagrantes, por malas infraestructuras y pésima organización, por acomodos varios y sistemáticos, y hasta por la injerencia de Trump más indignante que la de Mussolini en 1934, el peor de los eventos "deportivos" de la FIFA. Y eso es muchísimo decir. Sin embargo, en cierto aspecto formal tiene algo positivo. Al participar también México y Canadá en la sede, no solemos oír a los periodistas europeos, especialmente españoles, y a sus émulos americanos, llamarles americanos únicamente, y particularmente, a los estadounidenses.

Ni siquiera norteamericanos, porque también México y Canadá son países norteamericanos. Y esta formalidad, no carente de contenido, ha reavivado la polémica que refleja en su corrido. En “Somos más americanos”, Los Tigres del Norte dicen, entre tantas verdades: «Yo no crucé la frontera / la frontera me cruzó... Ya me gritaron mil veces que me regrese a mi tierra porque aquí no quepo yo / Es un error bien marcado. Nos robaron ocho estados. ¿Quién es aquí el invasor?». Y el estribillo es categórico: «Y si no miente la historia / aquí se sentó en la gloria una poderosa nación / mujeres y hombres valientes / indios de dos continentes, y después el español /... Y si a los siglos nos vamos / somos más americanos / somos más americanos que el hijo de anglosajón».

Tengamos en cuenta que, etimológicamente, los pueblos originarios son más americanos porque la palabra "América" es de origen nicaragüense. Bien lo explica José Steinsleger: «¿Cómo nos llamamos? Con la conquista fuimos también las "Indias" y luego "Nuevo Mundo". España nos bautizó de hispanos y Francia de latinos, para diferenciarnos del norte anglosajón. El neofranquismo habló de "Iberoamérica". Cuba agrega "y del Caribe" al gentilicio "América Latina" y, con énfasis mercadotécnico, Washington se refiere a "las Américas"».

Una vez secuenciado este hilo de denominaciones, faltan aún los nombres de muchos pueblos y culturas: las originarias de América, mal llamadas indias; las de África, mal llamadas negras, y las de origen lusitano, semita, eslavo, balcánico, euskérico y asiático, que integran nuestra América y se mezclan habitando en un continente donde Estados Unidos, país que no tiene nombre, se apropió del nuestro: América.

Nombre justo, conciso y original. La voz "América" podría hallar vigorosa justificación en las investigaciones de Jean Marcou, geógrafo francés, quien sostiene que si bien el nombre se inspiró de modo confuso en el apodo Amérigo (de quien llamábase Albérico Vespucci), la voz de marras tendría origen maya-quiché: Amerrique o Amerique (en francés suavizado). (Sobre el origen del nombre América, Sociedad Geográfica de París, 1875; puntilloso y fascinante estudio que a continuación reseñamos).

Amerrique era el nombre indígena dado a las montañas existentes entre Juigalpa y La Libertad, departamento nicaragüense de Chontales. El geólogo y naturalista Thomas Belt, autor de The Naturalist in Nicaragua (1874), observó que la sierra o cordillera de Amerique forma la línea divisoria de las aguas entre el lago de Nicaragua y el río Bluefields.

De 1868 a 1871, Belt fue ingeniero de la Compañía Minera de Chontales en las minas de oro de Santo Domingo, San Benito y San Antonio. Anteriormente, las minas habían sido explotadas por los indígenas y los españoles ávidos de oro. Los tripulantes del cuarto y último viaje de Colón (1502-03) fueron los primeros en divulgar con persistencia la voz Amerique o "Amerrique". El piloto mayor Vespucci entre ellos. Unos años después, Vespucci dejó de llamarse Albérico y adoptó el de Amérigo, nombre desconocido en Europa, pero dado por sus marineros a propósito de Amerrique o Amerique. Es decir, que en lugar de tener el honor de dar su nombre al "Nuevo Mundo", de éste salió el nombre que lo hizo célebre.

La segunda parte de esta historia tuvo lugar en abril de 1507 en Saint-Dié, pequeña población de Lorena. Allí fue traducida del francés al latín la carta de relación Quattuor Navigationes de Vespucci a Francesco de Médicis, impresa con el nombre de Cosmographiae Introductio, única partida auténtica de bautismo del Nuevo Mundo. Según Alexander Humboldt, la obra de 52 páginas fue «...preparada con el mayor descuido por un librero muy oscuro, quien fue a comer pasas a Lorena e inventó el nombre América». Humboldt se refiere al dibujante de mapas Martín Waldseemüller, pero desconocía que el canónigo Jean Basin, insigne poeta, recibió la orden de la traducción latina a causa de «la elegancia como característica de su estilo», según Walterio Lud, canónico impresor.

La modestia del poeta Basin (autor del nombre latino Americus, dado por primera vez a Vespucci en traducción muy libre, y del nombre América, dado también por primera vez al Nuevo Mundo) no dice una sola palabra de su presencia. En cambio, Waldseemüller se dio audazmente por autor de la obra bajo el nombre cacofónico de Martín Ilacomilus. Cuando el canónigo tuvo en sus manos el primer ejemplar de la edición, suspendió con indignación la tirada (de la que no se conoce más de un ejemplar, que hoy cuesta más de un millón de dólares); Waldseemüller fue despedido y se fugó con las planchas.

Sin embargo, dos años después reimprimió la obra en Estrasburgo, cometiendo el primer acto de falsificación y piratería después de la invención de la imprenta. Por otro lado, Cosmographiae Introductio no hace mención alguna a Cristóbal Colón, cuya existencia ignora, en tanto Vespucci fue acusado de colocar su nombre en las cartas, pretendiendo arrebatar a Colón la gloria del «descubrimiento».

Sin embargo, no fueron los sabios quienes impusieron al vulgo el nombre de América. En todos los puertos de mar era sabido que Vespucci no era el descubridor del "Nuevo Mundo". La resistencia de los sabios a la adopción del nombre "América", adoptado por el vulgo, duró tres siglos.

En los actos oficiales en el Consejo de Indias, en las Historias de las Indias de Oviedo, de Gómara, de Las Casas, no se emplea el nombre de Vespucci. Al recibir la Cosmographiae Introductio, Vespucci debe haberse sentido por extremo lisonjeado. «Si hubiese querido —dice Marcou— pudo desconocer esa "gloria peligrosa", pues no ocurrió su muerte hasta el 22 de febrero de 1512. Pudo al menos escribir a sus amigos de Florencia declarándoles que nunca había tenido la pretensión de suplantar a Colón ni a los otros primeros descubridores y exploradores del Nuevo Mundo. No sucedió esto...».

En maya-quiché, "Amerique" significa "país del viento", país donde el viento sopla siempre.

Tal cual canta el corrido: «América nació libre, el hombre la dividió / somos de todos colores y de todos los oficios / y si a los siglos nos vamos, somos más americanos / somos más americanos que todititos los gringos».

Y sí, “¡América para los americanos!”. Sin ningún lugar a dudas, las políticas migratorias de Estados Unidos están de pies por cabeza: somos más americanos que Monroe y Donald Trump.

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