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Columnas de opinión | remates

Tres historias ocultas de los remates

Los remates de obras de arte son muy atractivos. Hay gente que va y disfruta de la exhibición y las pujas. Otros son importantes inversores. Un mundo interesante.

  • CASI 60 LUCAS DE UN SAQUE. La dama de los aros de carey negros pidió un vaso de whisky. En Remates Castells es habitual que haya un mozo distribuyendo bebidas entre los que asisten al remate de obras de arte. Esta dama depositó el vaso en el suelo, abrió el catálogo con las obras que se remataban y volvió a ver las que había marcado. Esperó. Cuando se ofreció el de Gurvich, levantó la mano, hubo puja, ella insistió y se quedó con la obra. El funcionario de sala le acercó la boleta. Después se ofreció uno de Deliotti. La dama bebió un sorbo del segundo vaso de whisky, levantó la mano y comenzó una nueva puja. Se quedó con un cuadro. Y así ocurrió con 6 obras. Al finalizar el remate, con seis boletas en su mano se acercó a la caja de Castells y emitió un cheque por 56 mil dólares.

  • LA LETRA CHICA. En los remates de obras de arte es habitual que se difundan los catálogos muy bien impresos, donde al final en una letra un poco más chica se informa que la casa no garantiza que las obras allí exhibidas sean originales. Sugiere que las obras deben ser revisadas antes de la exposición y remate para eventualmente quitarse dudas. Pero los que no son habitué de los remates, poco saben de esa letra chica. Ocurrió con una persona que compró un José Gurvich en un remate. De curioso nomás lo llevó a la Fundación Gurvich para que se lo certificaran y allí le dijeron que era falso. Había pagado 12 mil dólares. Volvió a la casa de remates y planteó el problema y allí le exhibieron la letra chica. No hubo caso; el comprador amenazó con un juicio, pero nunca se llevó a cabo porque había aceptado las condiciones del remate. Catálogo de Gomensoro (1999): “El vendedor y la firma rematadora se eximen de toda responsabilidad sobre la autenticidad de las obras, firmas, escuelas, títulos, fechas, etc”. Catálogo de Castells (2013): “El vendedor se eximen de toda responsabilidad sobre autenticidad de las obras”.

  • ESTRATEGIAS PARA INFLAR PRECIOS. Adolfo Nigro fue un artista argentino de gran renombre formado en la escuela de José Gurvich. Es uno de los artistas que más defendía el precio de sus obras. Era habitual verlo en subastas y remates en Buenos Aires observando qué pasa con los valores de sus trabajos. En más de una oportunidad compró sus propias obras para elevar el valor en el mercado. “Yo tengo que cuidar el valor de mis obras”, me dijo una vez en Montevideo. Pasa lo mismo con otros artistas, aunque ahí los que tallan son los galeristas o marchantes ligados a galerías importantes del exterior.

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