Paliza
En la elección de Montevideo el fa obtuvo 452.309 votos y el partido independiente, que aunó a toda la coalición multicolor, obtuvo 347.407. En porcentajes, el FA sacó el 51,6% y la coalición el 39,6%.
Sin embargo, en la elección municipal, el FA sacó menos votos que la coalición. El Frente logró mantener los gobiernos en cinco municipios y la coalición obtuvo tres.
En total, fueron 175.275 votos los que sacó el FA entre los ocho municipios, mientras que 176.804 votos sacó la coalición que gobierna a nivel nacional. El porcentaje de participación en las municipales fue de 40,5% de los votos no observados, es decir, los que se contabilizaron.
En el resto del país, el Partido Nacional se quedó con casi 90 de los 125 municipios y solo 32 fueron para el FA.
El FA ganó por séptima vez consecutiva el gobierno de Montevideo. Desde el punto de vista electoral el resultado global es similar al de 2015. Sin embargo, detrás de los números hay nuevas realidades que emergen, escribió Gustavo Leal en la diaria.
A nivel departamental el FA logró un amplio triunfo territorial. En efecto, de los 47 barrios de Montevideo, la izquierda ganó las elecciones en 40.
No entendieron
El lunes 29 de setiembre, el director de Factum, Eduardo Bottinelli, dijo que el tercer nivel de gobierno “es creación del Frente Amplio», pero actualmente «la propia creación del Frente no la logró entender en su funcionamiento”.
Bottinelli agregó que no era demasiado viable que el FA ganara un municipio como el Ch, donde pierde habitualmente, pero lo que sí es llamativo es que “hay una participación baja en los municipios” y en esta elección “aumentó más fuertemente la participación de la coalición que la del FA”. “Eso en parte explica el resultado del Municipio F”, señaló sobre el municipio que por primera vez perdió el Frente y abarca barrios como Maroñas, Villa García, Manga y Piedras Blancas.
En el Municipio Ch, Ivonne Passada, obtuvo casi el doble de votos en la elección municipal (41.496 a 22.786) y perdió. Si bien el FA tuvo en el Ch una votación municipal cercana a un 30 % mayor que en 2015, acusan que la resolución de la Corte Electoral que permitió que dirigentes que participaron en las elecciones internas por un partido pudieran ser candidatos a alcalde o concejal por otro partido favoreció a la coalición. Efectivamente, eso permitió a dirigentes de otros partidos participar como candidatos por el Partido Independiente.
El estudio de 2018
El trabajo mencionado, Descentralización y desarrollo territorial 2018, de Daniel Buquet, Antonio Cardarello y Nicolás Schmidt, fue realizado en 2018 impulsado desde el Programa Uruguay Integra de la Dirección de Descentralización e Inversión Pública de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP).
La pregunta era: “¿Quiénes les dan importancia a las elecciones municipales?”. “En realidad no lo sabemos a nivel individual. Pero si sabemos que los niveles de abstención varían según el tamaño del municipio (1/n)”, era la respuesta.
Es decir, cuanto más chico es el municipio, es más probable que el votante no se abstenga, dice el documento.
Más aún, hay municipios en donde la abstención fue mayor en el nivel departamental. Esto sugiere que hay votantes que encuentran mayor utilidad en su voto en el nivel municipal que en el departamental al punto de no votar en el nivel departamental; votantes de municipios chicos que se abstuvieron de votar por intendente.
Descentralización política y participación ciudadana
La Ley de Descentralización Política y Participación Ciudadana (N° 18.567) mediante la cual fue creado el tercer nivel de gobierno, implicó un cambio en el modelo de descentralización del Estado, fruto de un conjunto de visiones en las cuales la descentralización y, en particular, la profundización del tercer nivel de gobierno tienen el potencial para avanzar en la reducción de las disparidades territoriales, estimular y fortalecer las capacidades locales, la identidad, la creatividad y la innovación como elementos fundamentales del desarrollo.
El estudio de Buquet, Cardarello y Schmidt buscó determinar los efectos que generan en el ámbito local las reglas que se utilizan para la elección de los concejos municipales y, a su vez, vincular dichos efectos con las características de los sistemas políticos en el nivel departamental.
En Uruguay, todos los concejos municipales se componen de cinco miembros, independientemente de la población o del número de electores del municipio. Esta norma es excepcional en el contexto regional, ya que todos los países de América Latina prevén un número variable de concejales en los órganos de gobierno local.
El primer problema con esta magnitud es que la relación entre el número de representantes y el número de electores resulta entonces muy variable, ya que va de aproximadamente 1.000 a más de 100.000, por lo que el nivel de representatividad y la capacidad de rendición de cuentas no se desarrollan de la misma forma. En este sentido, se puede concluir que el objetivo de acercar al ciudadano y al gobierno se logra cumplir de forma muy heterogénea.
Por otra parte, la adjudicación de cargos en los concejos municipales es proporcional, pero la proporcionalidad resulta severamente restringida por tratarse de una magnitud relativamente pequeña y por utilizar un método de adjudicación que favorece a los partidos mayores.
Existe una fuerte restricción a la participación activa en el proceso electoral en la medida en que la posibilidad de presentar una candidatura depende de la voluntad de un partido político nacional. No es posible formar una agrupación o movimiento electoral en el ámbito municipal, ni siquiera departamental, que pueda presentar candidatos en las elecciones municipales por fuera de los partidos políticos nacionales. En términos prácticos, quienes deseen participar en el gobierno municipal deberán hacerlo a través de un partido político de escala nacional, ya que los costos de crear un partido para un municipio son inaccesibles y para un solo departamento son significativamente altos, dice el documento.
Si nos ceñimos a una definición formal, un municipio es un territorio en donde dada una cantidad mínima de personas que viven en ese territorio pueden elegir alcalde y concejales para gobernar sobre asuntos locales, es decir que hace a la gestión de ese territorio.
Una de las preguntas relevantes sobre el proceso de descentralización política iniciado en 2010 refiere a cuán relevantes son las elecciones municipales para los ciudadanos.
Una de las maneras de aproximarse a la cuestión es comparando de alguna manera la participación en las elecciones municipales y departamentales de los votantes.
Asimismo, también es relevante poder observar cómo se comporta esta “distancia” según el tamaño del municipio, ya que los distintos niveles de cercanías con los posibles alcaldes o concejales puede operar como un incentivo a participar en la elección municipal.
Una primera conclusión es que en municipios “chicos” la competencia local parece generar mayor interés que la competencia departamental.
En segundo lugar, y el dato más evidente, es que a mayor tamaño del municipio, la abstención crece positivamente.
Municipios de tamaño chico tienen poca abstención o, en su defecto, tienen una abstención negativa.