Dentro de este conjunto de relatos destaca especialmente "La secuoya del Pepe", un cuento dedicado a Pepe Mujica y Lucía Topolansky en el marco del Congreso del Frente Amplio que lleva el nombre del expresidente. El texto narra la historia de la secuoya bajo cuya sombra Mujica pidió que descansen sus cenizas, junto a las de su entrañable perra Manuela.
El recorrido narrativo de La mala muerte abarca asimismo estampas del exilio y del retorno al país. "Son cuentos del exilio, del desexilio, de una amiga que se desexililó en ferrocarril desde Bolivia con un perro y tres niños, un viaje que hicimos a comer un asado con los Orimareños y Guayasamín a un volcán que tenía una hacienda", detalló Grille.
"Son cuentos que los nietos quieren esuchar"
El impulso para plasmar estas vivencias en el papel surgió, en primera instancia, del diálogo generacional con sus propios nietos, quienes le consultaban con curiosidad: "abuelo, es cierto que habías estado una vez con Fidel o que viste un diá a [Mijaíl] Gorbachov y te diste cuenta 30 años después que era Gorbachov?". Para Grille, este tipo de relatos encierran una dimensión afectiva fundamental: "Son cuentos que los nietos quieren escuchar y que los abuelos deberían estar dispuestos a contar".
El disparador definitivo para comenzar a volcar las historias al papel, contó el autor, ocurrió hace apenas unos meses, cuando recibió la visita de la nieta de una compañera de militancia, quien le pidió conocer historias acerca de su abuela porque no le habían contando nada. A ese encuentro le siguió la consulta del hijo de otra figura histórica del movimiento estudiantil y médico Rafael Díaz quién también le comentó que sabía poco sobre su padre. Esas ausencias de información en las nuevas generaciones convencieron a Grille de que debía escribir algunas de las historias que guardaba: "De repente estas historias ayudan a algunos".