Lo mismo pasa con la tapa del disco, ya que puede ser tanto un amanecer como un atardecer, y ese juego también apela al principio y al fin.
Era algo en lo que tenía que ahondar e indagar y ahí surge esta entrevista
Carlos Casacuberta 8443 Foto Matilde Campodonico
Carlos Casacuberta 8443 Foto Matilde Campodonico
Al consultarle, el propio Casacuberta se quedó pensando en esa lectura porque los artistas no siempre son plenamente conscientes de lo que están creando. A veces la obra sabe algo antes que su autor.
A veces aparecen conexiones, símbolos y sentidos que sólo se revelan cuando alguien más observa el mapa completo.
Bajo esa mirada, Interbalnearia puede escucharse como la travesía de una existencia: la infancia, los descubrimientos, los vínculos, los desplazamientos afectivos, los desamores, las despedidas y finalmente ese jazmín que puede ser muchas cosas a la vez.
El aroma que activa un recuerdo olvidado. Una presencia que vuelve cuando parecía perdida. Una despedida y un regreso al mismo tiempo. La reflexión condujo inevitablemente al título del disco. Porque Interbalnearia no es solamente una ruta. Y por eso funciona tan bien como metáfora del disco.
Su nuevo trabajo es editado por Little Butterfly Records y llega trece años después de Naturaleza (2013) y completa una trilogía iniciada con :Carlos (2004 - 2005). Pero más que cerrar un ciclo, el disco parece abrir una nueva puerta. Una carretera que conecta la memoria con el presente, la infancia con la vejez, la pérdida con la felicidad fugaz.
Nacido en Montevideo en 1964, Casacuberta vivió parte de su adolescencia en México, donde integró la banda de José Carbajal y participó en diversos proyectos de rock. Desde 1994 forma parte de Peyote Asesino, una de las experiencias más disruptivas de la música uruguaya contemporánea. Paralelamente desarrolló una extensa trayectoria como productor, trabajando junto a Jorge Drexler, Ana Prada y La Hermana Menor, además de componer para cine y artes visuales.
Sin embargo, existe un territorio donde Casacuberta parece hablar en voz baja. Un espacio distinto al vértigo eléctrico y urbano de Peyote Asesino. Ese territorio es el de sus discos solistas.
Musicalmente conviven la tecno-lírica, el electrofolklore, una suerte de bossa nova invernal, el bolero eléctrico y las baladas rockeras. Pero el verdadero hilo conductor no está en los géneros sino en la experiencia humana.
La banda base reúne a Pepe Canedo en batería y Gabriel Casacuberta en bajo. Participan además Martín Rivero, Nicolás Pérez, Nicolás Grieco y Martín García Reinoso. La mezcla y masterización estuvieron a cargo de Nicolás Demczylo. La portada fue diseñada por Adela Casacuberta y las fotografías son de Matilde Campodónico.
La imagen de tapa resume buena parte de la filosofía del álbum: principio y final conviviendo en un mismo gesto
Interbalnearia Tapa Adela Casacuberta
Interbalnearia Tapa Adela Casacuberta
Porque Interbalnearia puede escucharse como una colección de canciones. Pero también como una sola historia.
“Las canciones aparecieron como estaciones de una misma ruta”
—Después de trece años sin publicar un disco solista, ¿qué encontraste al volver a este territorio?
Carlos Casacuberta: —"Más que volver, sentí que nunca me había ido. Las canciones estaban ahí. Algunas aparecieron hace años. Otras llegaron después. Lo que pasó fue que necesitaban convivir entre ellas para revelar algo que yo todavía no veía.
Con el tiempo entendí que no eran canciones aisladas. Había una narrativa".
—¿Una especie de disco conceptual?
Carlos Casacuberta: —"Si pero no en el sentido rígido. En el sentido de escuchar de principio a fin y volver al principio.
Hace poco, trabajando con Jorge Drexler en Taracá, volví a pensar en Interbalneria aunque ya era un disco que yo ya tenía armado y terminado. Pensé en la infancia, los descubrimientos, los amores, las pérdidas.
Y en el poder del recuerdo a través del perfume de las flores".
—¿Jazmín como final?
Carlos Casacuberta: —"Como principio. Puede ser lo que veas y sientas al salir a caminar en primavera o verano. Aunque no había pensado en tu visión, es algo que no descarto.
El jazmín tiene algo muy especial: el aroma. Y los aromas tienen la capacidad de detener el tiempo. Uno siente un perfume y vuelve instantáneamente a un lugar que creía perdido.
Entonces el final también es un regreso".
—La portada parece dialogar con esa idea del comienzo y el final como una misma cosa.
Carlos Casacuberta: —"Sí. Me interesa mucho esa noción de circularidad. La vida suele contarse como una línea recta pero la experiencia humana no funciona así. Estamos constantemente regresando a una memoria, a una sensación, a una pregunta".
El provenir de la nada
En un momento de la conversación aparece una idea recurrente en la obra de Casacuberta: la nada. No como vacío. No como ausencia. Sino como origen.
—En varias canciones aparece una reflexión sobre lo que surge de la nada.
Carlos Casacuberta: —"Porque en realidad todos venimos de ahí. Las canciones también. Uno cree que controla el proceso creativo pero muchas veces las ideas aparecen desde un lugar misterioso. No sabemos exactamente de dónde vienen y quizás tampoco importe. La creación es descubrimiento. No es fabricación".
Peyote Asesino y su rol solista
Resulta inevitable preguntarse por la distancia entre el universo de Peyote Asesino y su obra solista.
La respuesta no aparece en forma de oposición sino de complemento.
—¿Qué diferencia existe entre el Carlos de Peyote Asesino y el Carlos de Interbalnearia?
Carlos Casacuberta: —"No estoy seguro de que exista una diferencia tan grande aunque sé que mis canciones no son para El Peyote ni las del Peyote para mi pero son facetas de una misma persona.
Todos tenemos varias voces. El Peyote trabaja con una energía más frontal.
En los discos solistas aparece otra velocidad.
Pero las preguntas son parecidas pero desde otro enfoque".
El "uruguayez" como pregunta
A lo largo de los años, Casacuberta ha buscado sonidos vinculados a la tradición uruguaya sin caer en definiciones cerradas. Ni folclore. Ni rock. Ni canción popular. Ni electrónica. O tal vez todo eso junto.
—Se habla mucho de la búsqueda del “uruguayez”. ¿Existe realmente?
Carlos Casacuberta:—"Tal vez existe justamente porque no podemos definirlo. Cuando encontramos una etiqueta demasiado precisa, algo se pierde. Me interesa más pensar la identidad como una pregunta abierta.
Como algo que está sucediendo, no como algo que ya quedó resuelto".
Shakespeare, Byron y la persistencia de lo humano
Dos presencias inesperadas recorren Interbalnearia: William Shakespeare y Gordon Byron. No aparecen como homenajes académicos. Aparecen como compañeros de ruta.
—¿Por qué traer a Shakespeare al presente?
Carlos Casacuberta:—"Porque sigue hablando de nosotros. Muchas veces pensamos que los clásicos pertenecen al pasado pero cuando uno vuelve a leerlos descubre algo muy actual.
La felicidad, la pérdida, el amor, el desamor; todo eso sigue siendo exactamente igual".
Trabajaste y trabajás con muchísimos artistas. ¿Qué te sigue sorprendiendo del trabajo compartido?
Carlos Casacuberta001 Foto Matilde Campodonico
Carlos Casacuberta001 Foto Matilde Campodonico
Carlos Casacuberta:—"Que siempre te transforma. Uno cree que va a aportar algo y termina aprendiendo. Por eso admiro tanto a personas como Diego Presa. Hay una generosidad muy particular en quienes entienden la música como un espacio de encuentro. No como una competencia".
Esa misma filosofía aparece en los invitados de Interbalnearia.
Cada participación suma una perspectiva distinta sin alterar la identidad profunda del disco.
Como si todas las voces formaran parte de una conversación mayor.
Escuchar discos completos, sí, es necesario
Quizás uno de los gestos más radicales de Interbalnearia sea su invitación a ser escuchado entero.
De principio a fin. Como una película. Como una novela. Como un viaje.
—¿Seguís creyendo en el formato álbum?
Carlos Casacuberta:—"Sí porque hay cosas que sólo aparecen cuando las canciones conviven. Un disco puede proponer un tiempo distinto. Un tiempo para quedarse. Para perderse un poco".
La próxima presentación del disco no será en una sala tradicional
El proyecto apunta a un espacio especial, aún pendiente de confirmación. La decisión parece coherente con el espíritu de la obra: salir de los caminos previsibles para encontrar otras formas de encuentro.
Después de todo, las mejores rutas no son necesariamente las más rápidas, son las que nos permiten mirar por la ventana y recordar o imaginar.
En Interbalnearia, Carlos Casacuberta vuelve a recordarnos algo esencial: la vida quizá no sea más que eso. Una sucesión de estaciones donde el principio y el final se observan mutuamente, como dos espejos enfrentados y donde cada canción, antes que una respuesta, sigue siendo una incógnita.