Creo que es algo inevitable y de orden preguntar: ¿de dónde viene y cómo surge el título de este, tu cuarto álbum, "Fuerza àlla"?
En realidad, ese término me venía acompañando; me había quedado de una canción cuya melodía acentuaba una parte de la palabra de forma diferente a cómo se pronuncia. A partir de esa ahí me quedó resonando, pero con el tiempo se fue transformando en algo en sí mismo.
Luego, cuando estuve mucho tiempo aislada porque me rompí una pierna en plena pandemia, sin poder salir de casa, me encontré en una situación de vida muy particular, totalmente sola en un segundo piso por escalera, con la pierna rota y en aislamiento.
Como estaba tanto tiempo sola, pensaba mucho, miraba por la ventana y filosofaba. Experimentaba una fuerza espiritual y veía con una forma muy poética la fuerza motriz. Vivía la espiritualidad a través de la fuerza motriz, porque estaba atravesada por todo lo físico, debido al momento que me tocaba pasar.
Al mismo tiempo, se transformó en un concepto filosófico para mí, como una fuerza intrínseca de antaño, dentro de una misma y, a la vez, del todo, siendo que una es parte del todo. Algo muy lejano y, al mismo tiempo, muy propio. Entonces se transformó en un concepto que trato de no explicar demasiado, justamente porque en sí mismo se presenta como algo inenarrable. La canción dice “inenarrable fuerza àlla”. Trato de volcar las sensaciones de esa... si se quiere, se le puede llamar espiritualidad o como quieras, algo claro, como un caudal emocional muy fuerte y poderoso. Traté de volcarlo en el sonido, en el cuerpo sonoro del disco, más incluso que en las letras.
Hablas de lo emocional y de esa fuerza que transmiten las canciones del álbum, reflejo de la experimentación con los sonidos. ¿Cómo surge en ti esa pasión por innovar y por crear sonoridades tan únicas?
Me han comentado que resulta cinestésico, que es muy cinematográfico... Definitivamente cada uno elige su propia palabra. El disco juega con integrar y sintetizar todos los lenguajes posibles y con evocar al máximo.
La verdad es que la época en la que fue concebido fue un momento vital y de bisagra para mí, en el que cambié la pisada y me replanteé un montón de cosas de mi vida. La elaboración posterior del disco tomó cinco años justamente por ser tan exploratoria. Esas canciones reflejan ese proceso y, al mismo tiempo, lo terminaron de concretar dentro de mí; como si el álbum hubiese reflejado un proceso vital y, a la vez, lo hubiese provocado.
Tiene que ver con habitar los espacios, defender la presencia en las habitaciones, los sentidos y la sonoridad inherente a esos lugares habitados, como una postura o statement frente al mundo digital. Además, venía de estar realmente siete meses sola, por lo que cobró un relieve enorme todo lo opuesto, las voces, los pájaros, los perros, lo inesperado y lo cambiante.
Sonidos cotidianos... También escuché ruidos estridentes, y eso hace muy particular la grabación. ¿Cómo surgió esa idea?
Esa idea estuvo todo el tiempo rondando el disco. Después, lo que pasó fue que cada vez que la concretábamos técnicamente, lo cual no era fácil, como grabar esta puerta, registrar este sonido ambiente o poner este micrófono afuera del lugar donde estábamos tocando para lograr una capa más lejana donde el oído fuera pasando de habitación en habitación, nos entusiasmábamos más.
Eso era técnicamente difícil, pero tuve un cómplice muy bueno, Juan Castiglioni, que en ningún momento me dijo: “Bueno, es demasiado engorroso”, o “che, no”. Nunca. Siempre redoblaba la apuesta. Cuando empezamos a escuchar que eso se concretaba y nos dimos cuenta de lo maravilloso que era.
Creo que el disco es muy fiel a su propio fundamento filosófico, que es esto, la presencia en la vida real. No me hacía para nada ilusión que las cosas salieran de un silencio inexplicable digital. Tenía ganas de pararme en el lugar opuesto, tomarlo como una postura. Y, fundamentalmente, porque encontraba ahí mucha más inspiración y belleza que en lo otro. Lo otro me resultaba bastante inerte.
Se fue transformando en la piedra fundacional del disco, que las cosas sucedieran en lugares y que esos lugares tuvieran en sí mismos una vida andante paralela a lo que ocurría allí dentro. Eso estuvo presente siempre y fuimos redoblando la apuesta.
Ximena, ¿y qué fue pasando al mismo tiempo durante esos cinco años en los que ibas grabando el disco? ¿Qué pasó en tu vida artística y laboral?
Me encanta tu pregunta. Yo tenía en mi cabeza un poco la novela de refundarme. Es algo muy novelero que una tiene y la vida no funciona tan así, pero un poquitito sí fue así.
El material del disco en sí me acercó a gente muy inspiradora y de un perfil muy distinto; tal vez porque el disco era raro y solo se acercaban a ese material personas suficientemente abiertas y naturales. La verdad es que me rodeé de gente muy bonita.
Fue un poco gracias al disco. Ya te digo, fue como poner un piecito en el mundo y esta vez ponerlo un poquito hacia otra dirección; como en la última canción que hice, esto de girar el arco y empezar a tomar decisiones desde un lugar muy profundo.
A mí el disco me enseña todavía. A veces yo puedo hablar de él y a veces se me cierra y habla solo por sí mismo, aunque yo lo haya hecho. Es como un portal que se me cierra y se me abre por momentos. Vuelvo a ese pensamiento y me vuelve a sorprender.
Entonces, nada, estoy muy agradecida con el proceso de creación porque, fundamentalmente, es lo que te queda en la memoria, fue un proceso libre y hermoso, sin tiempo, sin afuera, sin apuro y sin actualidad; sin pensar “esto va a aparecer” o “esto lo van a escuchar”, totalmente sin afuera.
¿Podrías decir que es tu disco favorito de los cuatro que han visto la luz?
Bueno, ahora sí, obviamente. Ahora sí. ¿Sabes qué pasa? Que uno aprende también con el paso de los discos, va yendo hacia un lugar y después se va a la antítesis, va pendulando hasta encontrar su punto. Yo me fui animando a experimentar cada vez más. Creo que para mí Instantáneas fue clave; fue el momento en que realmente no me importó nada y eso resultó fundamental, más allá de que ya venía aprendiendo a arreglar mis canciones y a producir mis cosas.
Creo que Instantáneas me liberó y después en Fuerza àlla pude sintetizar todo eso. Entonces claro, sí me enorgullece sobremanera, fundamentalmente porque además pude ser muy feliz durante su elaboración, y eso lo considero un logro afectivo y humano enorme. Para mí eso es, de verdad, lo más importante.
Quisiera saber un poco más sobre el grupo humano que te ayudó a hacer realidad el disco.
Las dos primeras personas que llegaban a mi casa cuando andaba con muletas y no podía ensayar con nadie fueron los que luego tocaron el contrabajo y la guitarra, Andrés Pigatto y Juan Polgar. Ahí hicimos unos primeros tanteos sobre qué era esto que yo estaba haciendo.
Después nos juntamos con Cecilia Simón (batería); empezamos a ensayar en su casa. Se volvió un lugar muy hermoso en mi recuerdo; ahora me viene esa esquina hermosa y luminosa donde nos reíamos mucho.
Luego fue fundamental llevar todo ese material que tenía a lo de Juan Castiglioni en Solymar, un lugar que es un jardín inmenso lleno de pájaros, otro código completamente distinto. Su complicidad y ese lugar en sí mismo que es muy coherente con él hicieron que el disco encontrara el lugar perfecto para crecer. Yo estaba en total sintonía con eso y, por suerte, fui para ese lugar.
Después me ayudaron mucho Fernando Ulivi y Hernán Medina al decirme: “Che, vamos con esto, apoyamos este proyecto porque está divino”. Y terminaron apareciendo con el sello Aceituna Brava para darme los recursos para masterizarlo, porque viste que estos discos son siempre a cuestas. Entonces, con mucha fe en el proyecto, apareció ese sello que ayudó mucho logísticamente.
Y bueno, ahora estoy rodeada de gente hermosa porque armé una banda para presentarlo, lo cual, como te podrás dar cuenta, es todo un desafío. Son muchas capas de cosas así que hay que ejecutar.
Esa era una de las interrogantes, porque con la presentación del 18 de octubre en Sala Rondeau, me preguntaba: ¿cómo van a lograr toda esa experimentación en vivo?
En eso estamos. Estamos tratando de divertirnos mucho más que de estresarnos. Es un grupo del que me muero de amor. A veces los veo y me disocio un poco; estoy en el ensayo dirijo mucho, a veces soy un poco pesada porque tengo las cosas sonando en mi cabeza y me cuesta soltar la dirección, pero me alejo un poco y los veo funcionando, haciendo sus chistes y con esa musicalidad infernal que tienen todos los que están en la banda, que no son los mismos del disco. Es una banda nueva, con algunas personas del disco, pero más grande. Me muero de amor, por supuesto, y me siento muy agradecida. Las personas que van a tocar el 18 son Irene Porzio en piano y teclas; Juan Castiglioni en sintetizadores, samplers, voces y percusión; Juan Polgar en guitarras eléctricas; Lucía Gatti en chelo, Andrés Pigatto en contrabajo; Mauri Ramos en batería y yo, bueno, en varias otras cosas, voces y guitarras. Mi invitación es que vayan, porque lo estamos haciendo realmente con mucho amor, con mucha libertad y con mucha música. Es una propuesta que nos enorgullece por lo extraña y por lo emocionante, y creo que eso se va a poder transmitir; va a ser algo de lo que se van a poder impregnar si van.